Suiza se juega su secreto bancario en un tribunal de Estados Unidos

La banca UBS se niega a revelar la identidad de clientes en un caso de evasión.
Hoy lunes debería empezar en Miami un juicio que podría significar el principio del fin del secreto bancario suizo. El fisco estadounidense exige al banco UBS que identifique a 52.000 ciudadanos estadounidenses que tendrían cuentas corrientes secretas y las habrían utilizado para evadir impuestos.

UBS, por ahora, se niega. Y cuenta con el apoyo del Gobierno helvético, por lo que la solución -a falta de acuerdo- la dirimirían los tribunales. Si UBS no cede, podría incluso perder el permiso para operar en Estados Unidos, ver sus bienes confiscados y a sus principales ejecutivos estadounidenses entrar en prisión.

Ayer tarde UBS y Washington negociaban un acuerdo para aplazar el comienzo del juicio hasta mediados de agosto y darse así tiempo para lograr un pacto extrajudicial que implique al banco y a las autoridades de ambos países.

Después de meses de demoras, Washington decidió finalmente ir al grano y exigió al banco que le diga quiénes son los propietarios de esas 52.000 cuentas. El Gobierno suizo teme que no sea más que la primera petición y que el prestigio de su banca y su sacrosanto secreto bancario caiga como un castillo de naipes. ¿Quién querría esconder sus millones en un banco que entrega su identidad al fisco estadounidense? Sería el derrumbe de un modelo de negocio que ha convertido a Suiza en uno de los países más ricos del mundo y que, a la vez, la ha puesto en la picota, sobre todo tras las acusaciones de favorecer el fraude fiscal que se acumulan desde el estallido de la crisis financiera.

El presidente de UBS, Kaspar Villiger, dijo que iba a "respetar muy claramente el derecho suizo", es decir, el secreto bancario. Villiger, que fue ministro de Finanzas y presidente de Suiza, advirtió que el banco "no va a hacer concesiones porque no se trata de un simple conflicto entre las autoridades fiscales estadounidenses y UBS, sino de la relación entre dos Estados". La actual ministra de Economía, Doris Leuthard, alegó lo mismo: "El derecho helvético debe ser igual de respetado que el estadounidense". Llegó incluso a decir que confiscaría a UBS los datos personales que le exige Washington para evitar que el banco los entregara.

UBS alega que, para revelar la identidad de una cuenta corriente, debe recibir una demanda individualizada y con sospechas creíbles de fraude fiscal, por lo que niega una identificación en masa como le pide Washington.

El juez Alan Gold, responsable del asunto en un tribunal de Miami, pidió al Gobierno estadounidense que aclarara hasta dónde estaría dispuesto a llegar para contrarrestar las medidas suizas. También que le respondiera si estaba dispuesto a confiscar los bienes de UBS en Estados Unidos, donde el banco emplea a casi 27.000 personas -más que en Suiza- y cuyo departamento de gestión de grandes fortunas tiene en cartera unos US$ 618.000 millones, el tercio del total de sus activos.

Esas 52.000 cuentas corrientes cuyas identidades exige Washington guardarían en UBS -a buen recaudo del fisco- casi 15.000 millones de dólares. UBS vio cómo al calor de la crisis financiera se le evaporaban US$ 19.000 millones de sus inversiones en productos financieros de alto riesgo. Si perdiera un juicio contra la Hacienda estadounidense, podría ver sus activos confiscados y su situación financiera estaría cercana a la debacle. Pero la opción de ceder y entregar la identidad de los supuestos defraudadores le haría perder -y al resto de la banca suiza con él- la confianza de sus clientes que la convirtió en un gigante mundial de las finanzas.

Comentá la nota