Suiza en contra de los minaretes

El resultado de la consulta sobrevino luego de una inédita serie de ataques con piedras contra varios templos musulmanes. Temor en la comunidad islámica de Suiza.
El espectro de la intolerancia religiosa se alzó ayer sobre Suiza luego de que una clara mayoría de votantes respaldara un referéndum para prohibir la construcción de minaretes en las mezquitas, atemorizando a la comunidad musulmana y asombrando al gobierno.

El resultado de la consulta, que sobrevino luego de una inédita serie de ataques con piedras contra varios templos musulmanes, dejó estupefactas tanto a las autoridades y a los analistas locales: según todos los sondeos previos, la iniciativa, promovida por el ultraderechista Partido del Pueblo Suizo (SVP), estaba destinada a fracasar.

Los números de las encuestas, al unísono, afirmaban que el proyecto era respaldado tan sólo por el 35 por ciento de la población. Ayer, sin embargo, los votos afirmativos alcanzaron un aplastante 57 por ciento. "Es una gran sorpresa", señaló la estación de televisión en lengua francesa del país alpino.

Según diversos analistas locales, el "No" a los minaretes fue el resultado de una intensa campaña de movilización del electorado por parte del SVP y del más pequeño pero igualmente xenófobo Unión Democrática Suiza (SDU). Los afiches desplegados a través del país a favor de la prohibición mostraron la figura de una mujer islámica cubierta con una burka negra posando, desafiante, junto a varios minaretes con forma de misil que superan en altura a la bandera suiza.

Ulrich Schluer, diputado del SVP, no sólo celebró los resultados sino que afirmó que el referéndum había ayudado a mejorar la integración de los inmigrantes al abrir las puertas del debate. "Todos los musulmanes en Suiza tienen permitido reunirse y practicar su religión. Pero un minarete es un símbolo político, un símbolo que prefigura las intenciones de introducir en Suiza la sharia (ley islámica), y, a partir de ahí, casamientos forzados y divisiones en los cementerios entre los puros y los impuros. En este país no tenemos esa clase de cosas y tampoco las queremos", afirmó el diputado Schluer.

Por su parte, los miembros de la comunidad musulmana suiza, estimada en unas 400 mil personas y que ya representa el 5 por ciento de una población de 7,5 millones de habitantes, se encontraban ayer claramente sorprendidos e intimidados. Tamir Hadjipolu, presidente de la Asociación de Organizaciones Musulmanas de Zurich, señaló que a partir de ahora la comunidad islámica local vivirá con miedo.

"En 40 años que llevamos viviendo en Suiza, nunca se vivió bajo este clima. En las semanas que precedieron a la consulta, varias mezquitas fueron el blanco de ataques. Estos resultados sólo empeorarán la situación. Con toda esta campaña, la islamofobia creció", explicó. "Los promotores de este referéndum lograron algo que todo el mundo quería evitar: influenciar y cambiar las relaciones y percepciones sociales para con los musulmanes en un sentido negativo", precisó el dirigente islámico local.

A pesar de haber estado en contra del referéndum, el gobierno suizo señaló que está obligado a cumplir con la propuesta. "El Gobierno respeta estos resultados. En consecuencia, a partir de ahora la construcción de nuevos minaretes está prohibida", anunció un comunicado oficial. Según Eveline Widmer-Schlumpf, ministra de Justicia, los resultados "no significan un rechazo ni a la comunidad musulmana, ni a su religión ni a su cultura".

La comunidad musulmana en Suiza está compuesta, en su mayoría, por turcos, bosnios y albaneses, es decir, muchos refugiados de las guerras de la ex Yugoslavia de la década del ’90. De acuerdo con estadísticas oficiales, menos del 13 por ciento de sus miembros practican el islam. Ninguna de las mezquitas del país, incluyendo las cuatro que tienen minaretes, transmite por altoparlantes las llamadas al rezo.

El gobierno suizo había instado a sus ciudadanos a rechazar la propuesta temiendo, en primer lugar, un clima de agitación al interior de la comunidad musulmana; luego, un daño a la imagen del país en el exterior y, por último, la posibilidad de un boicot por parte de los banqueros árabes, quienes no sólo van al país andino de vacaciones sino que también le confían sus fortunas.

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