Sugestivo "apagón" de comunicaciones

El régimen iraní suspendió las llamadas al exterior por celular e Internet y cerró YouTube y Facebook
TEHERAN.? El lobby del hotel estaba lleno de periodistas en quienes dos sentimientos distintos competían por salir: indignación y frustración.

El primero, por haber sido testigos en los últimos días de la represión lanzada contra los ciudadanos que protestaban por lo que denunciaban como un fraude en las elecciones presidenciales del viernes. El segundo, porque al anochecer del sábado el régimen iraní tomó otra medida extrema en su esfuerzo por tener pleno control de la situación: una interrupción de comunicaciones casi total. Sólo era posible hacer llamadas telefónicas locales por línea fija.

El bloqueo fue un proceso gradual. Había comenzado el jueves por la noche, víspera de las elecciones, cuando fue imposible enviar mensajes de texto por celular, y luego cobró mayor intensidad.

El candidato opositor Mir Hossein Moussavi criticó la interrupción de mensajes de texto, pues este tipo de contacto era parte de su estrategia para transmitir velozmente los resultados desde cada centro de votación e impedir que se manipularan los datos. Después, anteanoche, cerraron el acceso al sitio de Internet YouTube, destino natural de los videos de persecuciones callejeras y golpizas contra personas indefensas que tomaron muchos jóvenes con sus teléfonos móviles, y la red social Facebook.

A las 21.30, las autoridades suspendieron los servicios de telefonía móvil, Internet y larga distancia internacional, además de la recepción de los canales de televisión BBC y CNN. En el hotel, algunos periodistas habían podido enviar su material informativo, pero otros, como este cronista, que habían preferido esperar hasta la noche, no consiguieron dar a conocer lo sucedido.

Había razones para esta demora. En Irán, la política callejera se hace al atardecer y por la noche. Grupos de manifestantes se habían adelantado y sus choques y penas habían llenado las cámaras y las crónicas de los periodistas a lo largo del día. Sin embargo, se esperaba que la gran mayoría saliera antes del ocaso y que las actividades policíacas de intimidación, golpeo y arresto se vieran favorecidas por la oscuridad.

Y las cosas pintaban mal. Teherán se convirtió en la ciudad de los cien enfrentamientos. Desde el mediodía, muchas personas, sobre todo jóvenes, se habían congregado frente al importante periódico Ettelaat. No parecía un encuentro organizado, sino gente que vagaba buscando más gente, en esa desesperación por compartir el descontento, rechazar la resignación y hacer algo, quién sabe qué, pero algo. No tardó en llegar la policía, armada con bastones. Estos, ante cada carga, corrían un poco, se reagrupaban y respondían a coro con un gutural "uuuuuh, uuuuuh", en tono muy bajo.

Más adelante, en la plaza Vanak, jóvenes informaron de más choques. "¿Quién puede hacer algo por nosotros?", preguntó Fátima, una estudiante de derecho, entre lágrimas. "¿Quién nos puede liberar de estos fanáticos religiosos? ¿La ONU? ¡Por favor, díganle al mundo que nos salve!" Otro joven que le pedía a ella que no llorara, pues era tiempo de defender la causa, advirtió que la reelección del presidente Mahmoud Ahmadinejad "pone en peligro al país, va a provocar un bombardeo israelí y una guerra fatal".

Frente al Ministerio del Interior, una multitud pedía a conductores de autos que pasaban que reaccionaran ante el fraude. Fue en ese momento que apareció un cuerpo policíaco más temible, compuesto por uniformados con armadura de cuero negro, que se lanzaban sobre la gente en motocicletas, como una versión moderna de la caballería mongola.

Su intervención más dañina, no obstante, contó con el factor sorpresa. Sobre la avenida Laleh, un grupo de unos 200 manifestantes se topó de frente con otro más grande, organizado para defender la victoria de Ahmadinejad y que parecía dispuesto a atacar. Pero no lo hicieron ellos: ante una señal, se abrieron para dejar pasar a los policías en motocicleta, que rompieron las filas mousavistas en un poderoso rugido. Las personas corrieron, atropellándose unas a otras, muchas cayeron en las zanjas de alcantarillado (que en Irán están a cielo abierto) y otras arrollaron a los observadores.

Marchas prohibidas

Por la mañana, el jefe de la policía había explicado que la ley prohíbe toda manifestación o marcha poselectoral. Había algunas menos prohibidas que otras, porque el espacio que sus agentes limpiaban de opositores era ocupado inmediatamente por los simpatizantes del presidente, que cantaban y se reían de los rivales caídos que eran puestos bajo arresto.

Por la noche, las previsiones de que habría un incremento en la violencia fallaron. Teherán estaba tomado por la policía y por un poderoso grupo místico-paramilitar, la milicia Basij. Había pelotones desplegados en cada esquina o punto relevante.

Algunos anónimos clandestinos prendían fuego algunos contenedores de basura para mostrar que seguían allí. Pero sólo estar presente en las calles era peligroso, porque los Basij sospechaban de todo lo que se movía, y no faltaban las persecuciones y las golpizas contra transeúntes.

Ayer, temprano por la mañana, restablecieron el servicio de celular (sin SMS). En el hotel Laleh, el más lujoso de Teherán, había servicio de Internet, pero muy lento, lo que hacía imposible subir fotos o videos.

Todos los canales de televisión transmiten propaganda gubernamental, en sus noticieros sólo hay felicitaciones al presidente, autosatisfacción por el ejercicio democrático "ejemplar" e imágenes de los destrozos cometidos por los manifestantes.

Se hizo peligroso para la prensa circular por la calle. Ya desde el sábado, se corrió el rumor de que dos periodistas habían sido arrestados. Otros, incluido este cronista, estuvieron a punto de serlo. Ese día, a uno lo detenían por estar donde se registraban los choques. Ayer, los extranjeros, sobre todo si llevaban cámara, eran el objetivo directo de las detenciones. Dos periodistas holandeses fueron perseguidos, golpeados y trasladados por los policías en motocicleta, con la suerte de que no llevaban cámaras que los incriminaran. Convencieron a sus captores de que sólo eran turistas y fueron liberados.

Ahogar movimientos sociales era más fácil en el pasado. Ahora, servicios web como Twitter se han convertido en una poderosa herramienta popular. "El ayatollah Khamenei cree que puede defraudar y golpear y después contar la historia a su gusto", dijo Fátima, la estudiante, mientras se limpiaba el rostro y mostraba un video de una golpiza que grabó con su celular. "Tenemos las pruebas, ¡miles de ellas! ¡Ya estamos en otros tiempos y se van a enterar!

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