Súbito plan con olor electoral

Por: Ricardo Roa

Más vale tarde que nunca, así sea bien tarde. Después de haber ninguneado un problema que está al tope de las preocupaciones de la gente, el Gobierno anunció un plan nacional de seguridad. Pero por donde eligió arrancar, cuesta no verlo también como una movida política (ver: Inversión y más policías para mejorar la seguridad).

Empezará por dos provincias muy golpeadas por la delincuencia pero claves en el tablero electoral del oficialismo. En Buenos Aires se juega el resultado mismo de los comicios de junio y hasta el destino del kircherismo. Y en Mendoza se define buena parte del destino de Cobos, convertido por el Gobierno en su sombra negra.

El Gobierno se ayuda a sí mismo ayudando a Scioli, zarandeado en varios frentes. El de la inseguridad es uno. También le pegan duro el interminable conflicto con el campo y los paros docentes. Y encima con una caja provincial exhausta, que exprime al mango para poder seguir funcionando: se calcula que tiene un agujero financiero de unos cinco mil millones de pesos.

Además de tardío, es extraño el modo en que el Gobierno entró en el drama de la inseguridad. Se coló en una pelea con la Corte por la demora en las causas a represores. Nunca estuvo en su agenda, como si el reclamo de seguridad fuese una consigna de derecha y la defensa de los derechos humanos de izquierda. Y como si las dos cosas no pudieran ir juntas: protección y justicia para las víctimas de la delincuencia y políticas de inclusión y tratamiento justo para los delincuentes. Todo dentro de la ley.

¿Qué tiene que ver esto con la difusión de los crímenes que la Presidenta le reprochó a los medios? Si no existiera inseguridad, no habría nada que publicar. Otra vez es poner el problema en otro lado. Y pretender sacárselo de encima

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