Subí que te llevo (puesto)

Por S. Santamarina.

El Gobierno no quiere perder el verano mirando cómo se enfría la economía y se enrarece el clima social mientras la oposición calienta motores.

Decían que iba a ser un verano tranquilo, que hasta marzo no arrancaría la agenda conflictiva del año. Pero subió la temperatura, y el Gobierno pisó el acelerador para salir a atropellar.

No se puede saber todavía –entre otras cosas, por su desprolija implementación– si la batería de anuncios navideños de Cristina ayudará a frenar la recesión. Lo que sí ya saben en Olivos es que a la clase media no podrán enamorarla con un par de heladeras y autos sin aire acondicionado. También reconocen en el entorno presidencial que la ley de blanqueo de capitales negros tampoco está dando los resultados soñados. Los empresarios y los sindicalistas no parecen moderar sus apetitos ni arrugar ante el panorama de desaceleración local y el derrumbe financiero global. Para no perder la costumbre, el oficialismo le echa la culpa a la prensa, porque supuestamente no está reflejando la crisis internacional en toda su crudeza, y si lo hiciera, resaltaría por contraste la fortaleza relativa del modelo K. Esta reacción de matar al mensajero podría ser interpretada como un síntoma de impotencia del Gobierno, aunque conociendo su paranoia mediática, se puede tomar como más de lo mismo. Lo que sí es una señal de impotencia es el llamado de la Presidenta a los empresarios para que la ayuden a sostener la actividad y el empleo, en una apelación al altruismo que evoca aquella frase del ministro de Economía alfonsinista que se quejó de que les hablaba a los empresarios “con el corazón y contestaron con el bolsillo”. Para colmo, la oposición comenzó a encontrar maneras para superar sus divisiones coyunturales, y empezó a meter miedo y sembrar dudas en el oficialismo no pingüino.

Fiel a su manual de autoayuda, Néstor Kirchner pegó otro volantazo, esta vez hacia la derecha. Fogoneó la alternativa electoral de Carlos Reutemann (un conservador moderado, según parámetros kirchneristas) para empiojar el mapa del peronismo disidente, incluso en el inasible distrito porteño: acaba de resucitar una minicorriente “lolista” en la interna del PJ Capital, que saldrá a hacer campaña y a armar listas para las elecciones legislativas de este año bajo el lema “la tercera es la vencida”, en referencia a los amagues presidenciales del ex piloto de Fórmula Uno.

El volantazo antiprogre también apuntó a Gualeguaychú, donde los ambientalistas no logran salir del asombro de ver al Gobierno defender a Botnia y ponerse del lado de los turistas que quieren cruzar a Uruguay. El brusco cambio de opinión presidencial sobre la protesta anticontaminante reavivó el espíritu de lucha de la desinflada asamblea entrerriana, y a nivel nacional significó que el oficialismo siga derrochando credibilidad: el leit motiv de los oyentes que llaman a las radios es, por estas horas, el “panquecazo” kirchnerista en el conflicto de las papeleras.

Los ambientalistas no son los únicos que están cortando rutas provocados por las medidas oficiales. El sector rural rompió su tregua de vacaciones y adelantó la guerra gaucha 2009, en respuesta a los anuncios de Cristina para aliviar los efectos económicos de la sequía que ahoga a los campos. De todos modos, ya hay alarma en las áreas de ayuda social del Gobierno porque no es improbable que, luego de una temporada seca, se produzcan inundaciones, que siempre ponen en evidencia la pobreza de un país, como bien lo aprendió George Bush durante la emergencia por el Katrina.

También hay alerta electoral en los encargados de aliviar el impacto social de la desaceleración económica. En un año de elecciones, los funcionarios kirchneristas saben que la oposición y los medios críticos pondrán la lupa en las escenas de clientelismo explícito, especialmente en el conurbano bonaerense. Los K juran estar advertidos y curados en salud por los escándalos de otros turnos electorales. Esta vez, dicen que la intervención no se hará regalando colchones, lavarropas y DVD, sino que se enfocará en el zurcido de emergencia del tejido productivo dañado, con el objeto de no perder tantos empleos. El plan consiste en involucrar a sindicatos, municipios (especialmente de intendentes aliados) y a cooperativas para reflotar empresas que cierran o para reubicar a trabajadores despedidos. El inversor es, bien a la moda, el Estado. Avisan que en febrero habrá otra tanda de anuncios del Ejecutivo, pero que será más claro el beneficio para los estratos más pobres de la pirámide social.

Según la evaluación oficialista, las rutas cortadas por opositores en plena temporada le dan aire al Gobierno. Lo mismo pasa con la confusa proliferación de caras con aspiraciones electorales. El camino es duro, pero el kirchnerismo cree que, a fuerza de baches y vuelcos, el horizonte poselectoral será de confusión, la suficiente como para reivindicar un “ajustado triunfo” kirchnerista, mientras los opositores se pelean entre ellos por ver quién fue bendecido por las urnas para correr hasta 2011. La polvareda que nuble convenientemente la ruta estará a cargo de los medios oficialistas, que ya comenzaron a obedecer –más papistas que el Papa– a órdenes de censura aún no impartidas. Así pasó en Radio del Plata contra Nelson Castro, y en Canal 7, donde incluso llegaron llamados de funcionarios K quejándose por el celo oscurantista del director del canal, Tristán Bauer, quien por miedo a meter la pata en la cobertura de eventos públicos, ordena no enfocar no sólo a Cobos sino a cualquier funcionario que no tenga el OK explícito de Presidencia. El operativo “Arena en los ojos” ya está en marcha.

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