Sospechas sobre Puerto Quequén: Jan de Nul entra en el escándalo de los cuadernos de Centeno

Sospechas sobre Puerto Quequén: Jan de Nul entra en el escándalo de los cuadernos de Centeno

La empresa que hace menos de dos meses ganó la licitación para lo que fue anunciado como "la obra más grande de la historia de Puerto Quequén" acaba de entrar en el escándalo de corrupción más grande que se reveló sobre el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.

Jan de Nul, la empresa belga que a través de su gerente general para la Argentina, Bob Michta, firmó un contrato de profundización a 15 pies de Puerto Quequén con el presidente del consorcio portuario Arturo Rojas a principios de junio, está en la mira de la justicia por pago de coimas para obtener un contrato de mantenimiento de un canal de 1.100 kilómetros a lo largo del río Paraná.

La revelación se conoció por Gabriel Romero, quien a través de su empresa Emepa S.A era socio de la belga Jan de Nul en la conformación de Hidrovía S.A. (de la cual era el titular). Romero acaba de acogerse al régimen del arrepentido en el marco de las investigaciones judiciales que desencadenó la revelación de los llamado "cuadernos de Centeno".

La confesión de Romero, es clave no solo para el caso de los cuadernos de las coimas sino para la causa en que se investigaba irregularidades en la polémica concesión, que prorrogó hasta el 2021 un contrato para mantenimiento del canal del río Paraná desde el Río de la Plata hasta la capital de Paraguay (Asunción).

Romero confesó este jueves en su indagatoria, al acogerse al régimen del arrepentido, que "pagó sobornos por el decreto 113/2010", según un reporte de Daniel Santoro para Clarín . Ese decreto fue firmado por Cristina Kirchner en el 2010 y prorrogó sin licitación la concesión para esa empresa por 11 años, lo que complica más la situación judicial de la ex presidenta.

Con ese decreto se definió el negocio del drenaje y el cobro de peajes a todos a todos los buques que entran por el canal Mitre a Rosario y luego siguen hasta Asunción y es multimillonario.

En 2001 la empresa había sido denunciada frente al juez federal Rodolfo Canicoba Corral por un sobreprecio de 70 millones de dólares en la licitación inicial del dragado del río Paraná y del canal Emilio Mitre, en el Río de la Plata, adjudicada en 1996 durante el gobierno de Carlos Menem.

Como una papa

A pesar de que Jan de Nul trabaja hace tres años en Puerto Quequén, el mayor contrato que obtuvo en la terminal portuaria local lo consiguió durante la gestión de Arturo Rojas al frente del consorcio, en junio de este año. Aunque se anunció como "la obra más importante de la historia de Puerto Quequén", no se dió a conocer el monto del contrato pero se especificó que sería financiado con aportes de dos bancos privados (Macro y Santander) con una tasa del 7%.

Al momento no hay acusaciones de prácticas como las de los "cuadernos de Centeno"  en Puerto Quequén por el dragado, aunque los esfuerzos por brindar transparencia al proceso por parte del presidente del Consorcio no han sido los más esmerados: en la página oficial del Consorcio de Gestión de Puerto Quequén constan algunas licitaciones de este año y de años anteriores, pero no se informa acerca del celebrado contrato con Jan de Nul, cubriendo con un manto de sospechas el proceso, sobre todo teniendo en cuenta los antecedentes de la compañía de dragado belga.

Aparentemente el pago de coimas es una práctica que no sería ajena a Jan de Nul, que ya fue investigada en Bélgica por corromper a un funcionario y hay serias sospechas sobre sus prácticas en algunos países de la región.

Jan de Nul operó en Puerto Quequén desde marzo de 2015 a marzo de este año en seis campañas de dragado y mantenimiento del canal. El nuevo contrato prevé realizar doce campañas en 7 años.

En 2007, Jan de Nul llegó a Nicaragua contratada por Alejandro Navarro, entonces presidente de la Nacional Portuaria de ese país, durante la presidencia de Enrique Bolaños Abaunza.

La empresa belga fue contratada sin licitación de por medio para realizar dragados en el Puerto de Corinto y la Bahía de Bluefields, con una inversión conjunta de más de 350 millones de dólares, financiados a través del banco alemán KFW.

En 2014 se descubrió que los costos de la obra fueron inflados en 10 veces y que además recibió la cantidad completa (los 350 millones de dólares) de Alejandro Navarro, permitiendo al entonces presidente Bolaños recibir el dinero del préstamo alemán, que continúa siendo pagado por los nicaragüenses, quienes en total perdieron 700 millones de dólares en estas ‘maniobras’.

En 2016, Jan de Nul propuso un costo de 154 millones de dólares para dragar cuatro millones de toneladas de material en la entrada del Pacífico del Canal de Panamá, casi 80 millones de dólares más que su más cercano competidor, la estadounidense International Underground Corporation.

Curiosamente, y a pesar de ofrecer las peores condiciones de contrato, Jan de Nul ganó la licitación.

Y el modus operandi fue el mismo que en otros países: además de inflar los costos de operación, la empresa recibía su pago ‘en una sola exhibición’ y con recursos públicos, en tanto que la autoridad en turno solicitaba créditos para financiar los trabajos, dinero que luego simplemente desaparecía.

Jan de Nul tiene a su cargo además el dragado de la terminal de contenedores Tecplata y el puerto de YPF en Escobar. Es la tercera empresa en importancia de Bélgica, y en la Argentina está presente con 4 empresas: Jan De Nul Sucursal Argentina, Compañía Sudamericana de Dragados, Arenas Argentinas del Paraná e Hidrovía SA.

Anualmente factura más de 2000 millones de euros, y América Latina representa el 26% del total.

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