Las sospechas de los gobernadores se hacen realidad

Por Joaquín Morales Solá

Las economías de las provincias se están derrumbando. Néstor Kirchner no les tiene mucha simpatía a los gobernadores peronistas que se resistieron a ser candidatos testimoniales, incluido Daniel Peralta, de Santa Cruz. La única excepción, el bonaerense Daniel Scioli, es ahora un traidor según la permanente relectura que el ex presidente hace de su derrota personal. Scioli exhibió, en rigor, una lealtad a Kirchner cercana al suicidio político.

Los gobernadores comenzaron a desfilar ante Cristina Kirchner con la vaga esperanza de encontrar una solución o el atisbo de un cambio en la cima. Desconfían, también. "La información que recibimos es muy contradictoria", dijo ayer uno de ellos. Temen encontrarse con una presidenta abroquelada en sus verdades y ratificando el análisis electoral que hizo el día después de la derrota. Será así, no más. De todos modos, el mayor conflicto de los gobernadores es el dinero contante y sonante. Y una cosa es la voluntad de no ayudarlos, que podría cambiar, y otra cosa es si el Gobierno se ha quedado sin plata. Sospechan que esto último también sucede. Sucede, en verdad.

El propio Mauricio Macri le llevó ayer planteos que significan recursos, desde el transporte público metropolitano hasta la infraestructura que deben hacer los dos gobiernos. Ningún gobernador consulta con Guillermo Moreno para saber cómo están las cosas en el país. Los economistas privados, aun los más cercanos al oficialismo, están dando cifras de catástrofe: prevén una caída de la actividad económica de este año de más de 5 puntos. La diferencia de crecimiento entre 2009 y 2008 será de entre 8 y 10 puntos menos. La sensación social será (o ya es) de una monumental retracción de la economía.

Ningún gobernador se deslumbró con la designación de Amado Boudou como ministro de Economía, pero todos se escandalizaron por los estrechos márgenes que tiene el nuevo jefe de la cartera económica. El Palacio de Hacienda ha sido virtualmente cooptado por el poderoso ministro de Planificación, Julio De Vido. El viceministro designado de Economía, Roberto Felletti, es un hombre de De Vido, fanático del sistema de fideicomisos. Felletti, que inició su carrera política como funcionario de Aníbal Ibarra en la Capital, no cuenta con prestigio en el mundo de la economía ni en el de la política.

Un Boudou evasivo y reiterativo apareció ayer para anunciar modificaciones cosméticas en el Indec. Las promesas de cambios más profundos de Cristina Kirchner, que también las hizo en el último fin de semana ante algunos interlocutores, estarán siempre condicionadas a la presencia de Moreno en la conducción económica. Moreno parece que se ha ido del Indec, pero se ha quedado; el organismo estatal de estadísticas sufre una epidemia de innumerables y disciplinados morenistas. Boudou empezó con el pie izquierdo cuando no pudo designar a casi ningún funcionario propio (varios postulantes le rechazaron sus ofrecimientos, es cierto) y cuando, encima, se topó con Moreno, imperturbable y todopoderoso, como siempre.

Desesperado por la poca oferta que hacía, Boudou se fue de boca: dijo que Mario Blejer es asesor suyo. Blejer es un conocido de Boudou que nunca se negará a una conversación con un ministro, como lo ha hecho siempre. Pero no es un asesor rentado ni oficioso de Economía. Para que no quedaran dudas, ex presidente del Banco Central se manifestó públicamente en favor de restituir la confianza en el país y de acuerdo, en sus trazos esenciales al menos, con el último y duro documento de AEA, la más importante entidad empresarial. Boudou podrá llamar a Blejer en adelante para tener una conversación, pero ya sabe con quién se encontrará.

El conflicto

¿Puede conducirse la economía con un ministro debilitado o, en todo caso, controlado por Néstor Kirchner a través de un control remoto? Moreno es el control remoto de Kirchner. La cuestión de fondo en el conflicto político argentino radica en saber si Néstor Kirchner seguirá siendo el hombre fuerte del país o si, en cambio, Cristina Kirchner se hará cargo de su responsabilidad política e institucional, aun cuando ella también se equivoque. Es evidente que lo que ha fracasado en los últimos 19 meses es el modelo de conducción bifronte de la nación política. Nadie está seguro de que ese modelo haya llegado a su fin.

Por eso, el camino del diálogo se hace sobre baches constantes. El ministro de Justicia, Julio Alak, fue desautorizado luego de que aceptó que era necesario hacerle cambios importantes al Consejo de la Magistratura. En este tema, cabe subrayar, no hay disidencias entre la Presidenta y su marido. Para Cristina Kirchner, cualquier modificación significativa de la integración del Consejo será sólo el triunfo de las corporaciones sobre la política.

El jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, zanjó la disputa cuando descartó cualquier cambio sustancial en el organismo encargado de nombrar, ascender o expulsar a los jueces. Kirchner había dado una sola instrucción: jamás deberían abandonar el Consejo de la Magistratura los diputados Carlos Kunkel y Diana Conti, que corporizan el terror hiperkirchnerista de los jueces. El margen para los cambios ahí es casi inexistente.

¿Cómo ceder ante opositores frontales cuando hasta Scioli, un amigo fiel, se convirtió en un imprevisto adversario? ¿Cómo, cuando Boudou pasó de ser el joven prodigio del kirchnerismo a vivir como un funcionario sospechoso y vigilado?

Los duros intendentes bonaerenses hacen menos remilgos que todos ellos: sólo esperan que Kirchner insista en su posición de no cumplir con los subsidios para los más pobres, para los perseguidos por el hambre, en represalia por supuestas traiciones. En algún momento, aquellos barones del suburbio sólo dejarán hacer y darán por terminada su función de moderadores del conflicto social. Kirchner es un jugador compulsivo, pero ya está apostando más que lo que tiene.

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