Sorpresas e incógnitas

El precio del petróleo llegó a cotizarse en la rueda del viernes a 35 dólares, y terminó cerca de los 40. Algunos pronósticos lo ubican para fin de año en niveles todavía inferiores, alrededor de los 30. Es decir casi la quinta parte de lo que llegó a costar hace 6 meses. Es que la recesión derrumba la demanda y no hay definiciones para disminuir la oferta por parte de los grandes productores. En el término de 14 días se redujo en un 30 por ciento. Este es un dato que expresa con toda claridad la volatibilidad de los mercados
Similar fenómeno se dan en el resto de los commodities, trigo, maíz, soja y metales cómo el cobre y el oro. Todos los precios no terminan de bajar, y ya es una verdadera incógnita la tendencia de los mercados de estas materias primas en el futuro.

Los bancos centrales resolvieron reducir todavía más las tasas, así lo hizo la Banca Europea que redujo los tipos de referencia en 0,75, desafiando el riesgo de la inflación y con la intención de reducir las tensiones en los mercados de crédito. Se cree que a mediados de diciembre la Reserva Federal bajará un punto más su tasa de interés. Aproximándose de esta forma al pronóstico de reducir a cero el rendimiento de los fondos. Ya las tres grandes corporaciones automotrices de USA, General Motors, Ford y Crysler han solicitado 34.000 mil millones de dólares para encontrar un grado de liquidez que le permitan desenvolverse sin sobresaltos. Existen dos grandes inconvenientes. El parlamento americano les exige cada vez planes más minuciosos que garanticen la devolución de los fondos. Es que el gobierno americano pretende que no sean los contribuyentes americanos quienes salven a las empresas.

El otro tema importante es que el grupo de los 7 y Rusia se oponen al salvataje, ya que la consideran una medida de subsidio que perjudicará a las fábricas europeas y japonesas sacándolas de competencia. Parten del concepto que las ayudas deben ser para salvar las entidades financieras y no las empresas que produzcan bienes y/o servicios. Ya que esto significaría romper con todo el andamiaje del sistema competitivo sobre la que se asienta el capitalismo libre y sin trabas.

Los resultados no se conocen, sin embargo existen indicios que los sindicatos y otras entidades no gubernamentales de seguros y obras sociales estarían dispuestas a colaborar con sus depósitos a las automotrices. El otro dato de interés es que el presidente Obama está de acuerdo con algún tipo de medida para proteger a las automotrices ya que la caída de alguna de ellas constituiría un elemento sumamente irritante que podría aletargar aún más la recuperación económica.

En el mundo, los dos hechos que conmueven son la grave recesión de Alemania, primer exportador mundial y el alto nivel de desempleo y subempleo de los Estados Unidos, marcan ambos la profundidad de una crisis de la que nadie puede dar pronósticos de los tiempos y las formas para la recuperación y mucho menos aún de cómo será el capitalismo postcrisis.

En la Argentina, la situación económica mantiene un estado de incertidumbre que reduce las expectativas de inversión y consumo y resiente, como no podía ser de otra manera el nivel de actividad económica. El Gobierno acusó el impacto y luego de anunciar el blanqueo de capitales, inversiones en infraestructura, la moratoria y la creación del ministerio de la Producción anunció un paquete de apoyo al consumo, la inversión y las exportaciones. Se volcarán más de 13.000 millones de pesos al mercado para financiar vehículos, artículos de línea blanca, se prefinanciarán exportaciones y préstamos de capital de trabajo para las pymes. Además se redujeron las retenciones en un 5% para el trigo y el maíz.

Todas estas políticas públicas muestran la preocupación del Gobierno ante la ya innegable declinación de la actividad económica. 27% de producción de autos en noviembre e incremento de la recaudación del mismo mes del 17%. Es un dato positivo, sin embargo insuficiente para tomar el toro por las astas. Actuar sobre la oferta en recesión resulta casi inoportuno, una devaluación que defina el valor de nuestra moneda respecto al dólar competitiva y una política salarial para fortalecer la demanda de bienes y servicios podrían ser algunas de las medidas, hasta ahora ausentes. Es que el Gobierno no da señales claras de tener proyectos económicos con reglas que permitan al sector privado tomar decisiones de mediano y largo plazo y por otra parte existen estudios que ya muestran indicios claros sobre la situación social que se ha deteriorado en los últimos meses.

La oposición no aporta demasiado, y el Gobierno mantiene un actitud autista nunca vista. La confusión domina los ámbitos económicos y políticos y el proceso electoral del 2009 pasó a ser para muchos lo más importante. El diálogo, el debate, la ausencia de consensos definen este fin de año, que no será para festejar, por lo menos para muchos argentinos. Deberían ser tiempos de reflexión y apertura, y el Gobierno debería dar el primer paso. Esta es una de las claves para generar confianza y para que los reproches, los agravios y las luchas intestinas entre los sectores políticos y sociales se transformen en el diálogo fecundo que todos los argentinos se merecen.

(*) Licenciado en Economía

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