Sorpresa en Cuba por la ira de Fidel

El clima de incertidumbre se instaló en la isla tras la remoción de dos de las figuras de mayor perfil político del país, el ex secretario del Consejo de Ministros (jefe de gabinete) Carlos Lage y el ex canciller Felipe Roque Pérez, ambos considerados muy cercanos a Fidel.
Las palabras de Fidel Castro sobre el cambio de gabinete no hicieron más que multiplicar los rumores y las dudas en la isla. “Faltan muchos elementos para cerrar la historia, cuestiones importantes por aclarar. Espero una explicación”, se quejó Mario Pol, un albañil de 42, tras leer la última reflexión del ex mandatario cubano en la tapa del diario oficial Granma. En las calles de La Habana, todos los que tenían un diario en la mano hablaban de lo mismo, intercambiaban opiniones y hasta se animaban a lanzar interpretaciones. “Es sorprendente porque siempre se ha tenido a (Carlos) Lage y a (Felipe) Pérez Roque como ‘ahijados’ de Fidel. No creo que él deje de influir, pero parece que el alcance de su influencia disminuye”, se animaba a aventurar el dirigente disidente Oscar Espinosa.

El diario mexicano La Jornada describió ayer el clima de incertidumbre que se instaló en la isla después de la remoción de dos de las figuras de mayor perfil político del país, el ex secretario del Consejo de Ministros (cargo similar al jefe de gabinete) Carlos Lage y el ex canciller Felipe Roque Pérez. “Ni las alusiones elípticas del texto oficial ni las acusaciones que hizo Fidel Castro pueden identificar con claridad lo que puede estar ocurriendo en la cúpula”, escribió el corresponsal en La Habana. Al igual que los diarios, la radio y la televisión cubana evitan religiosamente el tema. Sólo difundieron el comunicado del Consejo de Estado el lunes pasado y el martes le dedicaron un pequeño espacio a difundir la cara y una versión muy abreviada de los currículum de los nueve nuevos ministros y los seis vicepresidentes.

“No quedó títere con cabeza, se trata de dirigentes que gozaban de prestigio y, en el caso de Lage, de gran popularidad, y de pronto se esfumó de la televisión y de los periódicos, corrían rumores, pero no pensé que sería tan grave la cosa”, intentó explicar Roberto Madero, mientras leía el diario Granma en el parque de la concurrida avenida Prado. Hace seis años, Fidel Castro había sorprendido al mundo cuando le pidió al Congreso Nacional que lo ayudara a formar a la nueva camada de dirigentes, entre ellos Pérez Roque y Lage, para reemplazarlos cuando ya no estuvieran.

Como Madero, la mayoría de los cubanos buscaban ayer una respuesta al nuevo cambio anunciado esta semana por el gobierno de Raúl Castro. “Cuesta creer que Lage y Felipe hayan caído en esto”, señaló Mercedes Serrano, empleada de un museo del casco histórico de La Habana. En su reflexión, Castro había dejado entrever que sus dos antiguos hombres de confianza habían sido corrompidos por “la miel del poder”.

Es un misterio a qué se estaba refiriendo, pero no es la primera vez que el veterano dirigente cubano pasa del amor al odio de un plumazo. Hace diez años, cuando nombró ministro de Relaciones Exteriores a su joven secretario personal Pérez Roque, hacía a un lado a Roberto Robaina, por entonces una de las figuras más jóvenes y populares del gobierno cubano. Nunca hubo un juicio ni una acusación formal pero Robertico, como lo conocían los cubanos, fue expulsado del Partido Comunista Cubano por razones de lealtad, según las palabras del propio Castro. Hoy Robertico se dedica tiempo completo a la pintura.

Como Robaina, ni Pérez Roque ni Lage cuestionaron la decisión de Castro y del Consejo de Estado. Según relató La Jornada, el día después del cambio de gabinete algunos periodistas extranjeros vieron cómo Lage caminaba por uno de los pasillos del Palacio de la Revolución hablando amigablemente con su sucesor al frente del Consejo de Ministros, el general de brigada José Amado Ricardo Guerra.

Curiosamente, uno de los dirigentes que eligió Raúl Castro en esta reforma ministerial había sido vetado por su hermano mayor. El veterano comandante de la revolución que peleó bajo las órdenes del Che Guevara vuelve a la primera plana del gobierno a los 77 años y después de una década de distanciamiento con Fidel Castro. Había pasado por puestos clave del gobierno cubano, como la dirección del Ministerio del Interior, pero a mediados de los noventa el entonces presidente Castro le bajó el pulgar. Por decreto lo sacó del Consejo de Ministros y del Consejo de Estado. Ahora volvió, rehabilitado, para quedar prácticamente primero en la línea sucesoria del régimen.

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