Somos todos Lobos.

"Jueguen como hinchas", les pedía la gente a los jugadores. Olé les propuso a los hinchas que celebraran como los jugadores. Producción desopilante.
Quién pudiera... Desde el domingo, con Gimnasia, todo es posible. Desde remontar un 0-3 sin tiempo hasta celebrar con una danza neozelandesa la permanencia en Primera. Uno de los tantos mensajes que bajó desde las tribunas del Bosque en forma de bandera fue ese "jueguen como hinchas" que se hizo carne adentro del campo. El día después, la fiesta continúa. Y esta vez los hinchas se visten de futbolistas y juegan a celebrar como ellos.

Chicos y chicas, como diría Cristina, la hincha más famosa (con permiso del Facha) se copan en todo lo que les propone Olé. El haka de los All Blacks genera poses, caídas, gritos, burlas, risas... Sobre todo risas, porque eso es Gimnasia hoy: una sonrisa gigantesca. Por el desahogo, por la hazaña, por la Primera que no se escapa.

Diego, Martín, Patricio, Jeremías, Álvaro, Florencia, Josefina, Dolores, la otra Florencia, Juana y Luisina no pueden creer que están pisando el césped de los milagros. Se agachan, se arrodillan, lo besan, se acuestan. Todos se sienten Agüero, bancándose él solito el fondo cuando ya no queda más nada que jugarse el todo por el todo, cuando el partido ya no es un partido sino un matar o morir. Todos quieren ser Rinaudo y Aued, los leones del mediocampo. Todos quieren mandar esos dos centros que despachó Cuevitas. Todos quieren tirarse en palomita como Niell. Todos vuelven a sentir la piel erizada, como hace pocas horas. La diferencia es que ahora están adentro. Las tribunas vacías parecen transmitir las sensaciones acumuladas. Si cierran los ojos y se concentran un poquito podrán escuchar esos tres gritos, ese grito, el último, el del delirio, el del llanto desconsolado de los jugadores y los hinchas. El que provoca que se empiecen a cumplir las promesas más insólitas. Como el que se volvió caminando a su casa de Gonnet. O como el que le dijo a su amigo que a cambio de la salvación le limpiaba la casa durante dos semanas. O aquellos dos que se tendrán que pasear disfrazados de mujeres por el centro de la ciudad. O los que van a pagar el asado de todo el grupo hasta que termine el año. Todo vale. Por el Lobo en Primera todo vale. Hasta arriesgar el físico por subirse al travesaño y sentirse un rato jugadores. Porque los jugadores ya hicieron su parte: jugaron como hinchas...

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