Las sombras que acechan a la policía porteña

Nadie en el universo político de nuestro país pensaba que iba a ser fácil para Mauricio Macri poner en marcha la polícía porteña. Las declaraciones del ministro de Seguridad, Guillermo Montenegro, admitiendo que no sabía que un futuro agente de su fuerza pudo haber practicado espionaje desde su propio ministerio no hace más que agigantar esa dificultad.
Montenegro le puso el pecho a la adversidad. Como cuando salieron a la luz los cuestionamientos de un sector de la comunidad judía contra Jorge "El Fino" Palacios, quien iba a ser el primer jefe de la Policía porteña, fue el ministro quien anunció que bajaba su postulación. Ayer le tocó admitir que poco sabía de las andanzas del ex policía federal Ciro James y anunciar cuatro auditorías para esclarecer la situación.

Pero el empeño de Montenegro y su sospecha de que le hayan plantado "un topo" no logran ocultar las sombras que acechan el bautismo de una policía porteña que debería estar en la calle antes de fin de año. Con la seguridad como una de las mayores demandas sociales, la creación de una escuela de policías bien pagos y equipados había sido bien recibida por los porteños. Pero conducir una fuerza policial es una tarea política compleja que requiere de menos ingenuidad y más planificación.

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