Solución a la vista

Por Paul Krugman

The New York Times

NUEVA YORK.? Tal vez sea ingenuo, pero albergo optimismo respecto de las conversaciones sobre el cambio climático que se iniciaron ayer en Copenhague. El presidente Obama ahora planea dirigirse a la concurrencia el último día de la cumbre, lo cual apunta a que la Casa Blanca espera que se produzca un verdadero avance. También es alentador ver que países en desarrollo ?incluyendo a China, el mayor emisor de dióxido de carbono en el mundo? están de acuerdo, al menos en principio, con la idea de que también ellos deben participar en la solución del problema.

Por supuesto, si las cosas marchan bien en Copenhague, los recelosos de siempre se enardecerán. Escucharemos gritos que proclaman que toda la idea del calentamiento global es un engaño perpetrado por una enorme conspiración científica, tal como lo demuestran los mensajes de correo electrónico robados que revelan... bueno, en realidad lo que revelan es sólo que los científicos son humanos, pero no importa. Sin embargo, también escucharemos gritos que proclaman que las políticas destinadas a combatir el cambio climático atentarán contra el empleo y el crecimiento.

Sin embargo, la verdad es que reducir la emisión de gases de efecto invernadero es una actitud accesible y también esencial.

Existen estudios serios que afirman que podemos lograr una gran reducción de las emisiones con apenas un pequeño impacto sobre el crecimiento económico. Y la economía en depresión no es motivo para esperar? por el contrario, un acuerdo sellado en Copenhague probablemente contribuya a la recuperación económica.

¿Por qué deberíamos creer que la reducción de emisiones es algo accesible? Primero, porque los incentivos financieros funcionan.

La respuesta al cambio climático, si se instrumenta, cobrará la forma de un mercado "de límites y de intercambio de emisiones": nadie les dirá a las empresas qué deben producir ni cómo, sino que tendrán que comprar permisos para cubrir sus emisiones de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero. De esa manera, podrán aumentar sus ganancias si logran quemar menos carbono, y tenemos todas las razones para creer que serán inteligentes y creativas para encontrar medios para lograrlo.

Tal como demostró un estudio reciente realizado por la consultora McKinsey & Company, existen muchas maneras de reducir las emisiones a un costo relativamente bajo: mejorar el aislamiento, equipamiento más eficiente, autos y camiones de menor consumo de combustible, mayor uso de energía solar, eólica y nuclear, y muchas más. Y podemos estar seguros de que, con los incentivos adecuados, la gente descubrirá muchos trucos que el estudio no describe.

La verdad es que los conservadores que predicen el desastre económico si intentamos combatir el cambio climático están traicionando sus propios principios. Dicen creer que el capitalismo es infinitamente adaptable, que la magia del mercado puede enfrentar cualquier problema. Pero, por alguna razón, insisten en que el mercado de canje de emisiones -un sistema específicamente ideado para lograr que el poder de los incentivos de mercado actúe sobre los problemas ambientales- no funcionará.

Bien, están equivocados? una vez más. Porque ya hemos pasado por esto antes.

Ensayo general

La controversia de la lluvia ácida de la década de 1980 fue en muchos aspectos un ensayo general del conflicto de hoy sobre el cambio climático. Entonces, como ahora, los ideólogos de derecha negaron las evidencias científicas. Entonces, como ahora, los grupos industriales alegaron que cualquier intento de limitar las emisiones infligiría onerosos perjuicios económicos.

De todas maneras, en 1990 Estados Unidos siguió adelante con un sistema de límite y canje de emisiones de dióxido de carbono. Y adivinen: el sistema funcionó y se logró una importante reducción de la polución a un costo mucho menor que el previsto. Reducir los gases de efecto invernadero será una tarea mucho más grande y compleja, pero es probable que nos sorprenda ver lo fácil que es una vez que se ha puesto en marcha.

La Oficina de Presupuesto del Congreso ha estimado que para 2050 los límites de emisión establecidos en las recientes propuestas legislativas reducirían el PBI entre el 1 y el 3,5% de lo que sería sin esos límites. Si partimos la diferencia, eso implica que los límites de las emisiones disminuirían el crecimiento anual de la economía durante los próximos 40 años en alrededor de una vigésima parte de un punto porcentual? desde el 2,37 al 2,32 por ciento.

Eso no es mucho. Sin embargo, si la experiencia en el caso de la lluvia ácida es un antecedente, es probable que el costo real sea incluso menor.

¿Deberíamos, aun así, poner en marcha un proyecto como éste cuando la economía está deprimida? Sí, deberíamos hacerlo? De hecho, es un momento particularmente apropiado para actuar, porque la perspectiva de una legislación contra el cambio climático podría estimular gastos de inversión.

Pensemos, por ejemplo, en el caso de la inversión en edificios de oficina. En este momento, cuando aumenta el porcentaje de edificios desocupados y los alquileres se vienen a pique, no hay demasiadas razones para construir nuevos edificios.

Pero supongamos que una empresa que ya tiene edificios se entera de que en el curso de los próximos años habrá cada vez más incentivos para hacerlos más eficientes en cuanto al consumo energético. Es posible que la empresa decida empezar a reequiparlos ahora, cuando resulta fácil encontrar equipos de contratistas en el gremio de la construcción y los materiales están baratos.

La misma lógica se aplicaría a muchos sectores de la economía, de manera que la legislación sobre el cambio climático, probablemente, significaría mayor inversión en general. Y más gastos de inversión es exactamente lo que necesita la economía en este momento.

Así, esperemos que mi optimismo respecto de Copenhague sea justificado. Un acuerdo salvaría el planeta a un precio asequible, que podemos permitirnos? y realmente nos ayudaría a salir de nuestra mala situación actual.

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