Qué solos se quedan los muertos

Siempre sentenciosa, Golda Meir, cuarta premier de Israel (1969-1974), dijo que “podemos perdonarles a los árabes que nos maten a nuestros hijos; lo que no podemos perdonarles es que nos obliguen matar a los de ellos”.
Siempre sentenciosa, Golda Meir, cuarta premier de Israel (1969-1974), dijo que “podemos perdonarles a los árabes que nos maten a nuestros hijos; lo que no podemos perdonarles es que nos obliguen matar a los de ellos”. No en vano compararon con ella a Tzipi Livni, ex agente del Mossad. Es cierto que a la actual jefa de la diplomacia le desertaron las capacidades conciliadoras para formar gobierno y convertirse en la segunda mujer que ocupe el primer cargo político del país. Pero también para ella los palestinos resultan aún, aparentemente, imperdonables, porque ha rechazado todo alto para ese fuego entre cuyas víctimas, ya que no entre sus blancos, se encuentran niñas como la que un ataque áereo sepultó en el barrio oriental de Zeitun en la ciudad de Gaza el día cristiano de Reyes Magos (foto).

CERRARON SUS OJOS. En el mundo se multiplican las manifestaciones no siempre apacibles en sus reclamos de un alto el fuego inmediato en la Franja de Gaza. A estos se sumó, incluso, una declaración del Consejo de Seguridad de la ONU, en el que sesiona el club de las cinco primeras potencias atómicas –es cierto que Estados Unidos se abstuvo de firmarla–. También existieron en el mundo, incluso en la Argentina (foto de la derecha), reuniones pacíficas de sionistas para reivindicar el uso de la fuerza.

Entre los primeros defensores del derecho legítimo de su defensa contra los cohetes caseros de Hamas se contó Alemania. Ahora, el ministro de Exteriores Frank-Walter Steinmeier defiende, en cambio, la decisión del Consejo de Seguridad y pide antes que nada el “alto el fuego”.

QUE AÚN TENÍA ABIERTOS. Los israelíes saben que el mayor socio regional con el que cuentan es el Egipto del presidente Hosni Mubarak. Este gobierno, aliado difícil de los norteamericanos, quiere evitar cualquier éxito de Hamas en su propio territorio, donde las agrupaciones afines a los llamados hermanos musulmanes presentan una muy semejante caracterización ideológica y religiosa. Cuando las armas den una victoria final a la superioridad militar de Israel, será la voz de El Cairo una de las más importantes: poco se decide en ese ángulo del Cercano Oriente sin oírla.

TAPARON SU CARA. En el mismo territorio de Israel, el diario de la centroizquierda progre, Haaretz, fue el que planteó una pregunta que habrá que responder: ¿quién gobernará en Gaza? Todo indica que no lo hará, que no podrá hacerlo Hamas. Esta organización islámica, que primero quiso ser sociedad de beneficencia, después se hizo grupo bien armado, ganó las elecciones palestinas de 2006 y en 2007 se convirtió de facto en autoridad única de la Franja. De este modo, dejó a Al Fatah, la agrupación heredera de la histórica Organización por la Liberación Palestina (OLP) de Yasser Arafat, sólo el control de Cisjordania, el otro de los territorios palestinos, del que está separado por Israel.

CON UN BLANCO LIENZO. La justificación bélica de la invasión a Gaza fue planteada por Israel precisamente como respuesta a los cohetes que Hamas empezó a disparar. Sin embargo, Haim Ramon, el vice del premier centrista israelí Ehud Olmert, pudo insistir en que “si entramos, queremos un cambio de régimen en la Franja”. Salvadas las distancias, el argumento recuerda la invasión anglonorteamericana de 2003 a Irak: si Saddam Hussein no tiene armas importantes, de todos modos invadirlo para tumbarlo ya es una buena acción.

OTROS EN SILENCIO. El presidente Shimon Peres introdujo una variante más adecuadamente neutralista. Ha repetido que el fin de la operación “no es reocupar la Franja”, que Israel había ocupado como resultado de la Guerra de los Seis Días de 1967 y abandonado unilateralmente en 2005, por iniciativa de Ariel Sharon, el fundador de Kadima, el partido hoy en el gobierno. Pero en realidad los israelíes callan sobre el futuro de Gaza. También muchos palestinos: los egipcios fueron los primeros en señalar que en la Franja existía un vacío de poder, ya que no de autoridad, en los últimos meses.

TODOS SE SALIERON. El anuncio de Hamas de que evitará toda negociación hace difícil para cualquier otra fuerza palestina pensar en las inevitables tratativas con Israel. Se abre una renovada posibilidad para Al Fatah, pero Abu Mazen, el presidente palestino legal si no real, no querrá recuperar como un regalo del victorioso ocupante israelí el gobierno de la Franja que perdió en 2007. El mundo árabe jamás lo toleraría. Y Al Fatah, por lo demás, es débil en el interior de la Franja: en estos 362 kilómetros cuadrados, donde se hacinan un millón y medio de personas, las condiciones de vida son más difíciles y por ello la población está más radicalizada. Una segunda posibilidad es la de una reunión interpalestina de todas las fuerzas ante la emergencia. Tal vez el nombre menos discutible entre los que han vuelto a sonar es el de Mohamed Eid Shubair, que fue rector de la Universidad islámica, y, por una semana en 2006, el único premier de un gobierno de unidad nacional palestina.

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