Sólo una suma de errores y conflictos

Por: Eduardo van der Kooy

Va a cumplir un año el conflicto con el campo. Y los Kirchner siguen atrapados allí. Se repiten los estilos en los dos bandos. El Gobierno paga un precio altísimo. Se advierte un estado de asamblea en el PJ. La crisis económica continua avanzando. El marco mundial causa alarma.

El problema de Cristina y Néstor Kirchner ya no es el capital político dilapidado el año pasado. El verdadero problema consiste ahora en saber si la tajada de poder que conservaron alcanzará para sortear una temporada que se complica día a día.

El conflicto con el campo no es un conflicto solitario. Está la amenaza de la crisis económica atizada también por la crisis internacional. El FMI alertó sobre la posibilidad de nuevos terremotos bancarios y financieros. Estados Unidos sigue perdiendo un promedio de 120 mil empleos por mes. La principal economía de Europa, Alemania, anunció una retracción mayor que la pronosticada. En Brasil, cayeron desde noviembre 800 mil puestos de trabajo. Estudios privados indican que la industria argentina se encamina hacia una recesión. El descenso en el último año está por encima del 11%.

La oposición continúa, mientras tanto, haciendo barullo. Hace un año esa oposición estaba resignada después de la aplastante victoria de Cristina. Las expectativas cambiaron y están también acicateadas por la rebelión en el peronismo. La oposición empieza a desafiar a los Kirchner pero el peronismo los golpea.

El conflicto con el campo y la inestabilidad en el PJ son casi la misma cosa. Desnudarían, a la vez, una incomprensión profunda de los Kirchner con el partido que los vio nacer. Ese partido, por convicciones políticas e ideológicas y también por intereses, siempre les retaceó apoyo en la batalla que plantearon contra el campo.

La renuncia de Carlos Reutemann al bloque oficialista del Senado formalizó una situación que, de hecho, existía desde el año pasado cuando el Gobierno pergeñó la resolución 125 sobre las retenciones. Pero ese gesto se convirtió en una onda expansiva que terminó conmoviendo a los Kirchner.

A la fuga del senador santafecino siguieron y seguirán otras fugas. Por ejemplo, la del salteño Juan Carlos Romero. Pero una cosa no es igual a la otra: el ex gobernador estuvo enfrentado desde el primer día a los Kirchner. Reutemann, a su modo y estilo, acompañó.

Es probable que la próxima semana el oficialismo en el Senado empiece el año parlamentario con una tropa que oscilará entre 34 y 36 leales. Lejos de los 42 que supo tener hace doce meses o de los 46 (estatización de Aerolíneas Argentinas y AFJP) y hasta 48 que alcanzó, mediante buenas alianzas, en algunas votaciones. "Casi los mismos votos que cuando Julio Cobos debió desempatar", comentó, resignado, un senador de los fieles.

Significa que los Kirchner están como estaban entonces. Con una acumulación de problemas sin resolver. No sólo por la persistencia de la riña con el campo: los tironeos con Cobos continúan en el plano político e institucional pero también en el de las pequeñas miserias. ¿Cuáles? Cristina retiró la Guardia de Honor de Granaderos para el acto en Yapeyú por el aniversario del nacimiento del general José de San Martín. Ese acto será encabezado el miércoles por el vicepresidente y el gobernador de Corrientes, el radical Arturo Colombi. El kirchnerismo respalda al senador Fabián Ríos para la elección a gobernador que se hará allí en octubre.

Graciela Ocaña tuvo la desgraciada idea de lanzar una frase bondadosa hacia el vicepresidente. La semana pasada fue una de las más difíciles que le tocó vivir desde que está en el Ministerio de Salud. Sufrió un vendaval de presiones políticas y sindicales. Un rumor bien fuerte la dio por renunciada. ¿Casualidad o maniobra orquestada? ¿Inducción del propio Kirchner?

Complicado saberlo. Varias veces en un solo año el sillón de la ministra fue zamarreado. Ocaña dice que no se alejará. Pero al lado suyo dicen más: "Está cansada. No está contenta con lo que pasa". Cristina la respaldó el viernes pero el enigma sobre su permanencia sigue vigente.

El portazo de Reutemann podría tener derivaciones también en Diputados. El santafecino Jorge Obeid está madurando una decisión similar. La imitaciones no tendrían límites: Daniel Scioli empieza a advertir con preocupación en Buenos Aires una diáspora en el bloque de diputados: su jefe emigró con Felipe Solá.

Los Kirchner han rascado mil razones para comprender la determinación de Reutemann. Ninguna les termina de conformar. Pero no fueron a su encuentro. El ex presidente siguió hablando de él como un amigo. La hipotética pelea con el senador hundiría definitivamente las chances electorales del Gobierno en Santa Fe y podría apremiar los cómputos nacionales.

Reutemann está fastidiado con los Kirchner, sobre todo, por la persistencia del pleito con el campo. Podrán añadirse conjeturas electorales o su enemistad manifiesta con el jefe del bloque de diputados del PJ, Agustín Rossi. Pero el senador no tolera caminar por su ciudad o por el interior de la provincia oyendo recriminaciones por su aparente cercanía con el matrimonio presidencial o por la irresolución de los problemas del agro. Sólo saturación. Hay detrás del dirigente político también un personaje.

Esas características suelen desconcertar a los Kirchner. Cualquier aspecto que no se explique desde la política o la ideología los descoloca. Es la visión con que encararon hace un año el conflicto con el campo. No está mal porque esos componentes forman parte del problema. Pero la realidad resulta siempre más rica y matizada. Esa rigidez los conduce ahora a un nuevo equívoco: el matrimonio no comprende que la discusión con el campo no tiene ya el marco que tenía el año pasado. El mundo es otro y la impiedad del clima metió la cola en algunas regiones del país.

"Están muertos, están muertos", repetía Kirchner el fin de semana pasado a todos los políticos que lo instaban a abrir un diálogo con los dirigentes del agro. Las conversaciones reservadas que mantenían el ministro Julio De Vido con el titular de la SRA, Hugo Biolcati, parecían una buena manera de ganar tiempo y de sembrar cizaña en la Mesa de Enlace.

¿Cómo se había establecido ese puente? Por la intervención del banquero Jorge Brito y la colaboración de un industrial. También se descubrió la mano de Guillermo Moreno. El secretario de Comercio sigue siendo la primera espada de los Kirchner para cualquier menester. Moreno lo conoce bien a Biolcati por sus emprendimientos tamberos.

Las verdaderas intenciones oficiales afloraron cuando el Gobierno decidió hacer públicos esos diálogos que eran secretos. Los reproches corrieron en la Mesa de Enlace pero la unidad no peligró porque el encono contra los Kirchner produce milagros. Tampoco Biolcati era un navegante solitario: por los menos dos dirigentes de la Federación Agraria también habían ensayado contactos con el Gobierno.

La competencia se terminó dirimiendo en otro terreno. La FAA, de Eduardo Buzzi y Alfredo De Angeli, impuso su criterio sobre la SRA con una medida de fuerza que está en marcha. El llamado de apuro que hizo el Gobierno para un encuentro de partes el martes venidero llegó tarde.

Esa convocatoria está plagada de dudas porque sucedió apenas doce horas después de que el Gobierno le asestara un mazazo a la práctica más elemental e indispensable que tiene la política: la del diálogo y la confidencialidad. Será arduo para este Gobierno recuperar la confianza rifada si debe encarar en el futuro alguna negociación política delicada.

La decisión de blanquear los contactos con el campo produjo, al menos por una vez, un intercambio de criterios del matrimonio con ministros de un gabinete que acostumbra a ser sumiso. Ni Sergio Massa, el jefe de Gabinete, ni Florencio Randazzo, el ministro del Interior, comulgaron con la idea. Por esa razón, en un momento de la noche avanzada del miércoles, Cristina coincidió en un mismo escritorio con De Vido y Carlos Zanini, el secretario Legal y Ténico, para rehacer la cronología de esa historia.

¿Por qué razón el Gobierno hizo lo que hizo? Kirchner se habría molestado por las presiones de la Mesa de Enlace que habló de "dilaciones inexplicables". Se habría molestado además por las declaraciones de un ex ministro suyo que pidió un diálogo franco. Un arrebato en el momento de la racionalidad.

Tampoco los dirigentes agrarios tuvieron la cabeza fría cuando aprobaron un paro después del llamado oficial al diálogo. Esos hombres actúan con la misma lógica del golpe y la caricia que le agrada a los Kirchner. "Terminan por estar frente a un espejo", acertó a describir Elisa Carrió.

La líder de la Coalición Cívica cree necesario un cambio de metodología. Supone que el escenario de la renovada pelea debería ser el Congreso, donde el kirchnerismo ha empezado a perder aire y donde la convergencia opositora --incluído el peronismo disidente-- podría darle cabida a los reclamos del campo.

La economía sufre. La política no logra arrimar soluciones. Kirchner se desvive por octubre. Hay intendentes que le piden que sea candidato en Buenos Aires.

Kirchner afirmó la semana pasada que el mundo se asoma al peor año de los últimos cien. Tal vez su Gobierno y el de Cristina se estén asomando, también, al peor año de los últimos seis.

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