Solo en la madrugada

Cobos llegó a Tucumán y desplegó su curioso modo de hacer política. Las vallas que le pone el oficialismo se convierten en bumeranes. Se viven momentos de tensión. Por Federico van Mameren - Secretario de Redacción.

Cleto se va convirtiendo en un personaje. Cuando duda, y no sabe si debe dar un voto “no positivo” o “sí negativo”, aparece un razonador que prioriza las instituciones por sobre su propia persona. Cuando viaja 1.300 kilómetros para saludar a un grupo de jóvenes que lo eligió como referente aparece una caricatura de aquellos que necesitan el aplauso del mitin y de la multitud -muchas veces no convencida-.

Para él juega el oficialismo. El matrimonio presidencial se encarga todos los días de potenciar la figura extraña de Julio Cobos y transforman al vicepresidente en un político apetecible para 2011.

El jefe del Senado anunció que le preparen el avión para venir a Tucumán. Al abordar la nave se encontró con que todavía estaban armando los asientos y había que esperar para despegar.

Cleto se subió a una carreta con hélices que lo hizo sentirse un moderno espécimen de 1800. Tres horas -no una y media- después del decolaje, aterrizó en Tucumán. Al bajar la escalerilla se dio con una increíble sorpresa. Había una comitiva policial para recibirlo. Un hecho inédito se estaba produciendo. Apenas ingresó en el aeropuerto se dio cuenta de que nada había cambiado y de que seguía siendo el paria de siempre. Los “azules” estaban apostados para custodiar a los jugadores de Newell’s Old Boys.

El protocolo prevé que alguna autoridad de la Provincia lo reciba. También se recomienda que esté apostada una ambulancia para atender a la segunda autoridad en el país. Indudablemente, se trató de un bienvenida “no positiva” porque el Gobierno provincial no le mandó ni una aspirina. Si bien los procederes pueden justificarse desde el oficialismo sobre quien es juzgado como un traidor, estos artilugios fortifican la imagen de Cobos o lo victimizan.

Cleto se parece a “Mister Magoo”, aquel viejo personaje del dibujito animado de los 80 que parodiaba a un hombre miope que, al no ver los riesgos que afrontaba, salía ileso de cuanto accidente se le presentaba. La ausencia de la comitiva y la demora de más de una hora del vuelo en carreta aérea minó los ánimos y la paciencia de los que habían previsto darle la “malvenida” en la autopista.

Cobos se fue a la madrugada, después de no haber sido recibido oficialmente y de haber participado en una cena donde faltaron las autoridades anfitrionas (brillaron por su ausencia los comandantes de la institución) del liceo donde hay una placa en su nombre pero sin su nombre. Todos los adverbios negativos trocaron en positivos para esta rara especie de político.

Mal tiempo

En Tucumán la vida de las instituciones está más turbulenta que Cobos en avión de la Fuerza Aérea. En el Tribunal de Cuentas la lupa de la AFIP sobre los vocales y el mar de fondo en ese organismo derivan en un clima poco agradable para controlar. El responsable del área jurídica, Guillermo Curia, y los vocales casi ni se hablan. Sergio Díaz Ricci y Miguel Chaibén Terraf fueron nombrados durante la gestión de Julio Miranda, aquel mandatario que eligió a José Alperovich como candidato a gobernador. El tercero, Marcelo Vidal, tenía el visto bueno de Alperovich pero se demoró tanto su nombramiento que cuando llegó al parecer el mandatario ya no lo quería tanto. Al gobernador aparentemente la situación no le preocupa mucho y hay empleados que empezaron a recordar los tiempos en los que Darío Domingo De Prada (vocal ya fallecido) les advertía sobre los riesgos de que el organismo se desmadrara.

Volvió de la muerte

En la Legislatura, que se asemejaba a un club de amigos, se acabó la armonía. “El hombre que Alperovich inventó” (tomando la idea del escritor Osvaldo Fasolo) vivió una fiesta. Juan Manzur desmalezó las leyes tucumanas y creó el Digesto provincial, dándole un barniz de calidad institucional a la Provincia. Hubiera querido ponerles el moño a algunos intereses personales al derogar la democrática ley del Siprosa, pero los galenos evitaron el paso en falso legislativo. José Alberto Cúneo Vergés iba a ser el sepulturero del Siprosa, pero sus compañeros alcanzaron a darle electroshock, y salvó al organismo cuando le daban la extremaunción.

Los legisladores del bloque “Tucumán Crece” perdieron la paciencia con Osvaldo Cirnigliaro. No hay conversación donde “Renzo” no sea desollado. Los alperovichistas (es decir, todos los oficialistas, aunque algunos lo nieguen en voz baja), lo quieren fuera de la Legislatura. Sienten que con ellos sólo hace política. Por primera vez se dividió el bloque: están los que quieren echar a Cirnigliaro para que no tenga fueros, para que no los agreda más. El otro grupo propone aguantar hasta los comicios de 2009 para no hacerlo víctima y potenciar su campaña. Cirnigliaro venía adormilado. Se despertó y se subió al ring. Muchos se anotaron para la pelea.

La pelea de fondo

En la disputa entre el Colegio de Abogados y el Poder Ejecutivo se dirimen cuestiones trascendentales para el futuro de las generaciones tucumanas. Está en juego nada menos que la composición de la Justicia. A causa de esto, Tribunales también vive en estado de efervescencia con todo el riesgo de lo que eso significa para el ciudadano común que necesita justicia ya.

En la Corte hay dos recursos extraordinarios (federales) para que se defina si la cuestión sobre la selección y remoción de los magistrados debe ser revisada por la Corte Suprema de la Nación. Uno (el de la selección) ya contaría con los votos necesarios para que el expediente no llegue a los despachos de Talcahuano y Lavalle. Respecto del otro (sobre el Jurado de Enjuiciamiento) todavía falta que la Corte quede integrada definitivamente con un miembro más (de la Cámara en lo Contencioso Administrativo) para tomar la decisión. Si, efectivamente, fuera rechazado el primer recurso, tendrá mayor fuerza jurídica el fallo de la Corte que el 8 de setiembre estableció que el gobernador no puede integrar a dedo el Consejo de la Magistratura y sí, en cambio, respetar -como exigencia constitucional- la selección de los aspirantes a la judicatura por concurso.

La ley del dedo -oficialmente llamada Ley de jueces interinos- desconoce el criterio impuesto en la Corte. Por eso sostiene que, mientras no haya un sistema de elección deberá aplicarse el criterio alperovichista -avalado por algunos magistrados actuales- que no exige ningún concurso ni valoración de los antecedentes para designar a los futuros magistrados. Si quedara cerrado el caso en la Provincia y hasta que el Poder Ejecutivo formalice una queja directamente ante la Corte Suprema de la Nación, el sentido común jurídico se convertiría en un tijera para amputar el dedo que pretende señalar a los interinos.

La discusión se alarga y las certezas se alejan.

En la Casa de Gobierno planean poner algunos palos en la rueda como, por ejemplo, formular recusaciones, sin expresión de causa a camaristas que integrarían la Corte. Esto sería inusual para un Ejecutivo que, concebido como una persona jurídica o moral, no debería gestar enconos como para objetar jueces y desplazarlos de las causas, cosa que sí es entendible en el caso de los litigantes particulares. Esta estrategia tal vez no adquiera fuerza en los Tribunales pero sí alcanzaría para dilatar los plazos con la ilusión de que cuanto antes llegue el 22 de diciembre, fecha en la que vence el plazo para la inscripción de los interesados en la ley del dedo.

El mismo Gobierno que el año pasado se desgarraba las vestiduras y planteaba pedidos de “pronto despacho” para que se apurara la resolución del caso, ahora tiene toda la paciencia del mundo. Es que a Alperovich se lo ve desesperado por ganar esta pulseada. Pareciera que su pulsión política puede más que la institucional. De allí tantos vaivenes en la postura gubernamental.

Tanto es así que el viernes consideró positivo el accionar de la prensa que había anticipado cómo serían los fallos. En otras oportunidades en las que la prensa hizo lo mismo, el mandatario se agarró tremendas rabietas contra ella.

Una de las obligaciones de la prensa es mirar con atención las acciones del Estado y, en la medida en que pueda, constatarlas (dialogando con los actores o revisando documentos públicos como los expedientes judiciales), darlas a conocer para beneficio de los ciudadanos, principales destinatarios de aquellas acciones; y no complacer a sus funcionarios.

El tema atrapa a los poderes del Estado pero la ciudadanía permanece impávida. Una decena de asociaciones de profesionales no alcanzó a juntar ni un millar de personas en la marcha a la que había convocado. Indudablemente, la inseguridad y el desempleo son cuestiones que importan más a la gente.

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