En sólo un mes ya hubo unas 110 denuncias contra los cuidacoches

La Municipalidad debió actuar en lo que va del año ante unas 110 denuncias relacionadas con los polémicos cuidacoches. Extorsión y alcoholismo fueron el detonante de las actuaciones. Mientras tanto, una ordenanza que busca regular esta actividad ya pide pista para las primeras reuniones del Concejo.
Cuando este cuerpo retome la agenda en comisiones, la cuestión tratará una vez más de atraer la atención de los ediles con un proyecto que propone crear un registro de quienes realizan estas tareas y que aún no logró cristalizarse a pesar que lleva varios períodos legislativos. A dos vías, entre la marginalidad y el rebusque, el tema reclama una mirada social además de herramientas organizativas.

   "Todos somos conscientes de que por la crisis económica muchas personas quedaron fuera del sistema y se vuelcan a este trabajo para llevar el pan a sus hogares, pero también sabemos que un sector de la ciudad está preso de quienes ejercen esta actividad informal", enunció el edil Jorge Boasso, que propone crear un registro municipal de cuidacoches (ver aparte).

   Desde la Guardia Urbana Municipal (GUM) aseguraron que la cuestión admite un abordaje taxativo: "Cuidacoche que extorsiona es cuidacoche preso", sostuvo su director, Mariano Savia. Y dijo que en los últimos días sacaron de circulación a quienes ejercían esa tarea alcoholizados en distintos puntos de la ciudad y a los que terminaron denunciados por automovilistas coaccionados al escuchar que estacionar el auto tenía tarifa fija.

   Fines de semana, espectáculos deportivos o de esparcimiento y boliches suelen ser los momentos y espacios donde se da con mayor frecuencia el tarifazo de los cuidacoches (ahora por algunos llamados "trapitos") que los lectores denuncian a La Capital. En los relatos también campea el miedo a sufrir algún vuelto despechado sobre los vehículos. "Así me dejaron el espejo retrovisor", dijo Carlos Rodríguez señalando las secuelas de una tarde de fútbol. Y no faltan quienes hasta narran cuestiones más densas: "Mi cuñado pagó los cinco pesos que le pedían y cuando volvió el auto no estaba; nadie se hizo responsable", explicó Ariel.

Diferencias. "Esas cosas no las hacemos la gente grande, que hace años cuidamos coches y todos nos conocen y nos aprecian, nos dejan los vehículos abiertos para que los lavemos, nos tienen confianza", explicó Romualdo Alvarez, de 60 años, desde su parada sobre avenida Pellegrini entre Moreno y Balcarce. De palabras sencillas y en tono bajo, dando vueltas a una franela roja, el hombre oriundo del Chaco fue barajando detalles de su oficio y su vida, que al final casi resultaban una misma cosa.

   "Estoy acá desde las dos de la tarde hasta las nueve de la noche, también los fines de semana y los feriados, no tengo otra forma de vida, fui albañil durante 23 años pero me enfermé y estoy en medio de grandes operaciones", contó Romualdo a La Capital mientras desde los comercios vecinos le sonreían y alentaban con un cordial "¡te vas a hacer famoso!". Durante la mañana el sitio es dominio de Pedrito, otro cuidacoches que lleva décadas en el lugar y que complementa dividendos trabajando en carpintería. "Yo vengo a la tarde, cuando él se va, estamos entre los dos", explicó el chaqueño.

   Según Romualdo las propinas que recibe no están tarifadas. "Yo les digo la voluntad suya, señor", explica y dice que recibe desde "centavos ó uno, dos o tres pesos y a veces hasta un cinco". Un día de buen trabajo le permite llevarse hasta 50 pesos con lavado de algún auto incluido. Claro que no siempre se da así, "hoy por ejemplo todavía no hice ni diez pesos", dijo mientras un jubilado, que apenas detuvo el paso puso algo en sus manos y siguió su camino satisfecho. "Gracias don Angel", dijo el cuidacoches y mostró las cuatro monedas de su vecino que no tiene vehículo.

   Pero dentro del mismo oficio hay otras facetas menos simpáticas y afianzadas que la de Romualdo. En la informalidad de la tarea también se cuela la dolorosa marginalidad de decenas de jóvenes que sin bajarse de una «birra o algún faso» aprovechan los espectáculos que reúnen a gran cantidad de público y ofician de cuidacoches de espacios tarifados. "Me dijo son 20 pesitos y yo le dije tomatelás, pero no estacioné el auto porque a un amigo que no quiso pagar le hicieron un rayón con un clavo", explicó Martín que no quiso fotos "por las dudas, me contaron varias cosas sobre estos pibes".

   "Sabe lo que pasa, que hay distintas maneras de cuidar", fundamentó Ernesto Ripari, 44 años, placero y cuidacoches en Moreno y Cochabamba. En su caso la opción labora vino signada por la familia. "Mi mamá también cuida a pocas cuadras de mi parada y gracias a ella conseguí este lugar", explicó y dijo que llegó al oficio por necesidad, al perder varios trabajos pero ahora refrenda su decisión porque le gusta relacionarse con la gente. (ver aparte)

Excluidos "El tema de los cuidacoches así como los limpiavidrios, que pueblan las ciudades de todo el país, denota un inmenso problema laboral y social", aseguró Oscar Blando, abogado, docente universitario y a cargo de la Dirección de Programas de Derechos Humanos, del Ministerio de Justicia de Santa Fe. Desde una mirada inclusiva y articuladora, el profesional alertó. "Al abordar estas situaciones hay que resistir la tentación autoritaria, esto es resolver por la fuerza todo aquello que nos incomoda o nos da temor", puntualizó.

   "Mire como estoy, que trabajo puedo conseguir", explicó Juan que limpia y cuida autos cerca del edificio de la Aduana. En bermudas y ojotas en su piel se leía sin dificultad un paso duro de cárcel y privaciones. "Ya cumplí, hace diez años que estoy afuera, ahora trabajo en esto y en lo que puedo me llaman para colocar caños y carpintería, pero con antecedentes se te hace todo muy difícil", comentó.

   El joven comparte la parada junto a otro amigo y a Roque Elías, un hombre ya maduro que hace 14 años dirige el estacionamiento en la bajada de la calle Sargento Cabral. "Jamás tuvimos problemas, nunca tuvimos una denuncia, acá nos conocen y saludan todos los clientes, les lavamos el auto por ocho o diez pesos y se lo cuidamos, yendo bien se pueden sacar unos 50 pesos por día", relató seguro del oficio y de sus dominios.

    "Nadie se mete en las cuadras de otros, al contrario comemos juntos los que cuidamos por esta zona", dijo Elías, corpulento, gorra y camisa abierta. Y explicó el mecanismo del equipo de trabajo, "los chicos lavan los autos yo no puedo porque estoy sufro del corazón, después compartimos", dijo con un cigarrillo en la mano, al que le prestó atención después de sus propias palabras. "Y sí, no debería fumar pero bueno, acá es el único entretenimiento para pasar el tiempo", dijo entre risas.

Sensatez Para Blando, las situaciones de extorsión o agresiones que denuncian los automovilistas merecen atención y deben resolverse pero al hacerlo hay que evitar abusos o cuestiones compulsivas. "Deben buscarse respuestas sociales que incluyan programas de asistencia, trabajo y educación entre otras cuestiones básicas", describió.

   Para el letrado a cargo de los Programas de Derechos Humanos de la provincia, la actividad de los cuidacoches no se resuelve con los códigos de Faltas o Penal. "En todo caso el Estado debiera regular estas situaciones y anclarlas", sostuvo y dijo que prohibirlas, en una sociedad desigual y con exclusión, sólo significaría prohibir la probreza", detalló.

   En su opinión, el mismo Estado debería preguntarse cómo viven y sobreviven estas personas, cómo se educan para entender mejor su condición de sectores «afuncionales» (fuera del sistema), verdaderas «sobras» en la dinámica de la producción y ampliación del capital, bien por excelencia en el actual sistema socio económico.

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