Sólo flores negras

Los floricultores del oeste de Rosario y de Pérez piensan en abandonar la producción. Los últimos tres temporales arrasaron sus cultivos.
“Hace tres generaciones que nos dedicamos a la floricultura. Mi abuelo y mi padre enfrentaron tres tormentas fuertes en toda su vida. En cuatro años, yo sufrí tres temporales que me destrozaron todo”. Edgardo Lalic camina rápido, inquieto; parece no querer mirar lo que tiene enfrente, los despojos que dejó la tormenta del lunes pasado en las 21 hectáreas donde cultiva gerberas, alstroemerias, rosas, lisiantus, claveles y crisantemos.

Al costado de los invernáculos desgajados por el viento yacen montañas de flores muertas que los 37 empleados del predio comenzaron a cortar desde el martes porque el viento –y después la lluvia– las percudieron. Es extraño pensar que esas parvas de flores son basura, que se transformaron –como dice el dicho popular– en “margaritas para los chanchos”.

Lalic muestra una gerbera que desde lejos parece perfecta. “Estos puntitos que tiene en los pétalos la hacen imposible de vender. La flor tiene que estar perfecta”, dice mientras camina a toda velocidad y se mete en otro invernáculo para mostrar no sólo los destrozos que saltan a simple vista, sino también los que el temporal dejó en sus cultivos. “Ahora hay que esperar 120 días para que las flores vuelvan a crecer”, cuenta.

Lalic enumera los estragos que provocó la tormenta. “Si quiero salvar algo tengo que cambiar 200 rollos de polietileno. Cada uno cuesta 570 pesos. Sólo en plástico tengo que desembolsar 114.000 pesos”, acota y se mete en otro de los caparazones de nylon donde están las rosas. Cada capullo está protegido por una especie de cápsula que se coloca a mano y una por una. Las rosas también parecen perfectas. Pero Lalic señala el suelo. La tierra está toda mojada, hay barro y charcos que tratan de secar con un colchón de paja esparcida por el suelo. A los daños que causó la tormenta en ese predio –que destrozó los invernaderos que protegen las flores– se sumó después la lluvia del jueves. “El agua completó el desastre. Porque estas plantas que quedaron a la intemperie mueren con tanta agua”. Y vuelve a señalar el rosal: “Esto en dos días estará todo marchito”.

Peor que el granizo. El caso de Lalic no es una excepción. Los floricultores diseminados por el oeste de la ciudad y en Pérez están hartos del mal tiempo. Cada vez que aparecen nubarrones sospechosos putean al cielo, en contraste con la súplica de lluvias que invocaban sus vecinos sojeros. Es un reflejo, fruto de las tragedias. El mal clima es el principal contribuyente para que desaparezca una rama productiva que –aunque no se note– llegó a ocupar en la zona a 1.200 trabajadores.

Eduardo Casella, uno de los coordinadores del mercado de flores de Pérez, calcula que –según un relevamiento que se hizo desde la Municipalidad de esa localidad– la tormenta del lunes destrozó entre 800 y 900 invernáculos. Casella resaltó que el último temporal fue mucho más dañino incluso que la pedrea de noviembre de 2006, porque el combo de viento, lluvia y granizo no sólo agujereó las coberturas de plástico, sino que también arrancó y destrozó las estructuras de madera. El devastador granizo de hace tres años agujereó unos 1.800 invernáculos, pero las carcasas quedaron sanas. Los productores sólo tuvieron que cambiar el polietileno. Ésta vez, los destrozos fueron totales.

Casella coincidió con Lalic en que el clima no sólo arrasó con los cultivos, sino con el ánimo de los productores: “Ya nadie quiere seguir en esto. Y es lógico. Hace 20 años había más de 115 productores. En 2006, lograron mantenerse unos 45 y ahora sólo quedan 20. Después de esta tormenta quedarán sólo cuatro o cinco”, dijo.

Deserción. La producción y comercialización de flores se centraliza en Pérez, donde en setiembre se hace la Fiesta de la Flor. Es un sector que ocupa mucha mano de obra primaria. Por eso, el intendente de esa ciudad, Darío Corsalini, alertó con que “las catástrofes del clima pueden terminar en una catástrofe social”. “La floricultura es vital para las familias de la zona, porque es una actividad que necesita mano de obra primaria, como las huertas –que en la región también quedaron destruidas por la tormenta– y la albañilería”, afirmó.

Corsalini consideró que “el 80 por ciento de los cultivos de flores fueron arrasados”. “No sé si se está vez se podrán recomponer. El gobierno provincial colaboró después de la pedrea con créditos blandos y subsidios, y ahora es probable que haga lo mismo. Pero esto significa un aporte mínimo. Aunque se intente, los aportes no llegan a brindar una solución total”, sostuvo.

El intendente admitió que después de este temporal la mayoría de los productores de flores emprenderán el camino “más fácil y cercano”. “Gran parte de los productores tiene en mente abandonar la floricultura. Todos piensan vender sus tierras, que por la cercanía con Rosario han adquirido un alto valor”, reconoció. Y la escena siguiente le hace imaginar lo peor: “Con la llegada de las inversiones inmobiliarias se terminará el trabajo y las tensiones sociales irán en aumento”, señaló.

El PJ le pegó, el gobierno se la devolvió

La asistencia estatal hacia los damnificados por la tormenta dio letra para un previsible encontronazo entre la cúpula del Partido Justicialista y legisladores oficialistas.

El Consejo provincial del PJ, presidido por el senador Ricardo Spinozzi, emitió una declaración que planteó “la inacción e improvisación de la Municipalidad de Rosario, la ausencia del gobernador Hermes Binner y la demora de 72 horas de la vicegobernadora Griselda Tessio en llegar a la zona de desastre”.

Los diputados del Frente Progresista Raúl Lamberto, Sergio Liberatti y Darío Boscarol rechazaron el planteo peronista al que tildaron de “mezquino y oportunista”. “Pensando más en las elecciones, los consejeros justicialistas optaron por la chicana política antes que por la solidaridad con la ciudadanía y el esfuerzo de autoridades municipales y provinciales con el que la situación está a punto de ser normalizada”, retrucaron.

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