Sólo farmacias podrán vender remedios

Sólo farmacias podrán vender remedios
El expendio estará prohibido en quioscos, supermercados y otros locales ajenos al rubro; no habrá más góndolas para autoservicio.
El Senado se apresta a sancionar la llamada ley de medicamentos que, en sus puntos centrales, prohíbe el expendio de remedios -incluso los de venta libre- en locales que no sean farmacias habilitadas y, a la vez, tampoco permite, dentro de las farmacias, las góndolas para autoservicio.

En la práctica, la norma implicará que supermercados, mercados, quioscos, estaciones de servicio y negocios de otros rubros diferentes del farmacéutico deberán dejar de ofrecer drogas de venta libre. Desde 1991, cuando fue autorizado ese tipo de comercialización mediante el decreto 2289, resultan habituales el expendio y la compra de drogas tales como analgésicos, antiácidos y antifebriles fuera de las farmacias.

La ley por sancionarse dispone, además, que la venta dentro de una farmacia deberá efectuarse en el mostrador "por personas autorizadas".

Con este proyecto, cuyo autor es el diputado Juan Héctor Sylvestre Begnis (Frente para la Victoria-Santa Fe), el Congreso Nacional pretende combatir la comercialización de medicamentos robados, adulterados o falsificados, y la automedicación, ambas propiciadas -según los fundamentos de la iniciativa- por la desregulación del mercado, que amplió la oferta, pero en un ámbito sobre el que las autoridades sanitarias no tienen potestad de fiscalización.

Precisamente, ante la demora en tratar el proyecto aprobado en la Cámara de Diputados y girado al Senado hace ya casi un año y medio, los miembros del comité científico asesor del gobierno nacional advirtieron: "Lo importante es prohibir la venta de remedios en supermercados, en quioscos o en cualquier lugar donde no haya control de un director técnico farmacéutico, que es el que garantiza que las drogas tienen el aval de la Anmat [Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica]", según explicó el especialista del comité, Martín Vázquez Acuña.

Según Mónica Cuñarro, titular del comité, el decreto 2289 "permitió un espacio de arbitrariedad que fue el caldo de cultivo para la mafia de medicamentos a la que estamos asistiendo. La ley es indispensable para conocer el recorrido de la sustancia, del laboratorio a la droguería y de allí a la farmacia"

Rumbo al recinto

En los últimos días, la ley aprobada por la Cámara baja obtuvo despacho favorable en la Comisión de Salud del Senado, que preside Haidé Giri (FPV-Córdoba), y sólo resta que se expida la Comisión de Legislación General, a cargo de su colega Pedro Guastavino (FPV-Entre Ríos), antes de su tratamiento en el recinto.

La iniciativa ha enfrentado a representantes de los farmacéuticos, de la cámara de remedios de venta libre y de los quiosqueros, por el otro.

Juan Tonelli, director ejecutivo de la Cámara Argentina de Medicamentos de Venta Libre (Capemvel), sostuvo: "El canal normal de venta de medicamentos es la farmacia; así y todo, hay medicamentos de venta libre que también se venden afuera, porque el Estado los considera lo suficientemente seguros. Esta ley no tiene nada que ver con aquello que pretende combatir: los remedios que se falsifican o adulteran no son los de venta libre, sino otros más sofisticados y carísimos, destinados a patologías complejas, como las drogas oncológicas y contra el VIH. Sería bueno trabajar en una ley de falsificación, en vez de prohibir los antiácidos fuera de la farmacia".

Otras fuentes de la Capemvel dudaron de uno de los principios de los que parte la ley. "Es una falacia creer que una farmacia es un centro de salud que te cuida y te protege, y que brinda un valor agregado", dijeron, y recordaron que con frecuencia, en las farmacias, remedios que deben ser vendidos con prescripción médica se entregan sin ese requisito. LA NACION pudo comprobar esas situaciones durante una recorrida (ver aparte).

En los últimos diez años, el comercio de drogas de venta libre creció -según datos de la Capemvel- el 50%. Pasó de representar el 17% del mercado de medicamentos, a representar el 34 por ciento.

Alerta

En la Unión de Kiosqueros de la República Argentina (UKRA) también cuestionaron la norma que avanza en el Congreso. "El proyecto no solucionará el problema de la venta ilegal de medicamentos de venta bajo receta en las farmacias. Por otra parte, obligaría a los ciudadanos a trasladarse a una farmacia para adquirir medicinas básicas. ¿Cómo conseguirán los pobladores de ciudades pequeñas, donde no hay farmacias abiertas fuera del horario de negocio, un producto que les lleva alivio a dolencias frecuentes y cuyo consumo no implica ningún riesgo sanitario?", se pregunta la UKRA.

Por su parte, los farmacéuticos defendieron la iniciativa y las condiciones en las que ejercen su actividad. "La ley es una excelente noticia, porque vuelve a situar al farmacéutico en el papel central que nunca debió perder, como profesional de la salud y como consejero. Esperamos que, a partir de la nueva ley, todos respeten la opinión del farmacéutico. Si vendemos medicamentos sin receta contra lo establecido, es porque el dueño de la farmacia quiere hacerlo. Se abre el desafío de que todo el sector [farmacias, droguerías y laboratorios] comprenda que es un proveedor de salud y que el medicamento es un bien social", dijo Marcelo Peretta, secretario del Colegio Oficial de Farmacéuticos de la Capital.

En el Ministerio de Salud de la Nación consideraron positiva la aprobación de la ley, pero reconocieron que resta encarar el combate sobre la venta sin receta de medicamentos que la exigen. "Si bien el mercado de medicamentos de venta libre no es uno de los segmentos fundamentales donde se produce la falsificación o se usan medicamentos inadecuados, vemos con agrado que se vuelvan a vender en farmacias todos los remedios, que siempre tienen capacidad terapéutica", dijo a LA NACION Fernando Avellaneda, secretario nacional de Políticas, Regulación e Institutos.

El funcionario reconoció que la ley no alcanza para controlar el expendio sin receta de medicamentos que deben ser expendidos con prescripción médica. "En ese caso, el trabajo será doble, porque hay una doble responsabilidad: del profesional y del consumidor. La responsabilidad final le cabe al farmacéutico, pero aquí los pacientes tienen años de acceder libremente, por ejemplo, a los antibióticos. Los fiscalizadores tienen un papel importante, pero creo que lo indicado es encarar una fuerte campaña de difusión sobre el uso racional de medicamentos, que comprometa a todos", concluyó.

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