No es sólo una cuestión de bonistas

Por Carlos Pagni

Tuvo mala suerte, ayer, Amado Boudou. Al mismo tiempo que se conocía el índice de precios al consumidor (IPC) de julio, el primero de su gestión como responsable del Indec, la Cámara Federal en lo Contencioso Administrativo le exigía al Instituto que revele cuál es la metodología con que calcula ese porcentaje. La exigencia de los jueces hizo juego con el número divulgado: 0,6%, una estimación muy inferior a la de los analistas privados. Las estadísticas se han convertido para el Gobierno en una trampa económica, política, moral y judicial. Casi una trampa mortal.

Boudou tiene en estas horas un argumento para salir del paso. Dirá que, desde que el Indec fue puesto bajo su dependencia, trascurrieron muy pocos días como para pretender una mejora en las mediciones. Habría que darle la razón, sobre todo porque, en julio, la gripe porcina produjo en ese organismo un ausentismo del 50% (según fuentes independientes, cabe aclarar).

Sin embargo, Boudou tampoco encaró modificaciones que requieren menos tiempo. Mantuvo como responsable del IPC a Norberto Itzcovich, el funcionario que, un día antes de su asunción como ministro, lo desafió desde los diarios diciendo: "Hay Moreno para rato". Y se resistió a remover a Hernán Brahim, el ex agente de la policía bonaerense que ejerce un control físico sobre la confección de las estadísticas, por encargo del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno.

Por otra parte, la nueva divergencia entre el IPC oficial y el de las consultoras particulares merecería una lectura más suspicaz. El Ministerio de Economía se ha propuesto rescatar del mercado los títulos indexados por inflación. La operación se haría más costosa para el Tesoro si ese índice, justo ahora, aumentara. ¿Procedería el Gobierno con semejante buena fe? Delicias de la calidad institucional argentina, donde el pagador fija el precio de lo que paga.

Cristina Kirchner acepta la táctica de liquidar el debate sobre el Indec rescatando los bonos atados a la inflación. En los últimos días, la Presidenta se reunió por separado con tres empresarios para obtener un diagnóstico sobre la situación económica. Los tres enfatizaron la importancia de garantizar la transparencia estadística. Ella respondió que, antes de encarar ese problema, debía desactivar a quienes con mayor habilidad lo venían denunciando: los tenedores de títulos cuyo valor ajusta según el índice de precios.

La idea de que esos bonistas son el motor oculto de la polémica por el Indec está en el centro de la imagen que se han hecho los Kirchner del conflicto por la inflación. Esa visión está desfigurada por un par de errores. El más obvio es que la manipulación estadística envilece también los índices de pobreza, las discusiones salariales y priva de criterios de juicio a todos los actores de la economía. Además, el planteo olvida que el principal tenedor de títulos es la Anses, que administra el patrimonio previsional de los trabajadores, sobre todo desde que ese patrimonio fue estatizado.

En esas conversaciones reservadas, la señora de Kirchner ha insinuado que estaría dispuesta a satisfacer a quienes demuestren que fueron perjudicados por su política en el Indec. La "glasnost" de Boudou es mucho más restringida. En las dos reuniones que mantuvo con banqueros aclaró: "Normalizaremos los índices, pero no revisaremos lo que se hizo hasta ahora". El ministro pretende mejorar la percepción de las estadísticas, haciéndolas avalar por universidades estatales.

Es posible que, en su aspiración, Boudou no haya tomado conciencia del Vietnam en el que se metió el Gobierno al intervenir el instituto estadístico. El fallo judicial de ayer puede ser revelador, ya que apunta al corazón del problema: el método con el que se elaboran los índices. Desde que el Instituto fue intervenido, hace más de dos años, ese procedimiento pasó a ser un secreto de Estado.

La manipulación de los índices de precios tiene varias dimensiones. La más brutal es el retoque liso y llano. De este vicio sobran testimonios entre los técnicos del Indec.

La incongruencia entre las variaciones que se fueron relevando ?conservadas en el sistema informático del Instituto?y las cifras publicadas puede dar lugar a responsabilidades penales. En la justicia federal se denunciaron varias irregularidades, entre ellas, la destrucción de material estadístico.

También la confección de las muestras sobre las que se calculan los precios introduce una distorsión. La muestra clásica suponía que las familias consumían siempre lo mismo, según un censo realizado en 1999. Desde 2007 se decidió que esa lista de bienes y servicios debía ser mutante, dado que el público sustituye los productos que se encarecen por otros más baratos. Los expertos señalan que esta hipótesis debería estar respaldada por una encuesta permanente, muy costosa. Las autoridades del Indec no la realizan, sino que, según todos los testimonios, modifican la muestra de manera intuitiva.

Hay una deformación más y es que, en muchos casos, en vez de consignarse los valores del mercado, se toman en cuenta los que regula Moreno en sus acuerdos con las cámaras de empresarios. Es decir: en el fondo del problema estadístico está la política de control de precios de la Secretaría de Comercio Interior.

Suposición engañosa

Boudou confía en que los especialistas universitarios lo ayudarán a despejar ?o velar? estas desviaciones. Otra suposición engañosa. Valga un ejemplo: en la Universidad de Tres de Febrero, una de las invitadas a auditar el Indec, quien dirige la maestría en Análisis e Información Estadística es Fernando Cerro. Se trata del director de Cuentas Nacionales del Instituto, que fue enviado a un limbo administrativo por resistirse a suscribir las variaciones de PBI y consumo que pretendían Moreno y Brahim. La dirección quedó al mando operativo de Gustavo Rodríguez.

El Gobierno interpreta que el problema de la baja calidad de las estadísticas oculta la maquinación de financistas codiciosos. O es una pretensión de quienes aconsejan que la Argentina aborde su delicado problema fiscal financiándose de nuevo con el Fondo Monetario Internacional. En el mejor de los casos, la opinión especializada interpreta la manipulación del Indec como uno de los factores principales de la crisis de confianza que afecta a la política económica.

Tal vez haya que ampliar el foco. El miércoles de la semana pasada, The New York Times publicó, en su sección sobre tecnología, un artículo titulado "Para los graduados de hoy, sólo una palabra: estadísticas". La tesis principal de esa nota es que los datos confiables son el insumo más valioso de cualquier estrategia social. Los expertos en ese saber comienzan a ser los más demandados en el mercado de trabajo, sobre todo en las nuevas disciplinas, como los desarrollos en Internet.

Es posible que la polémica sobre el Indec cobije un entredicho que excede el reino de la economía. Acaso se convierta en un escollo, otro más, para que la Argentina se ponga al día con el estado de la civilización.

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