Sólo apta para mayores

Por Diego Schurman.

La reforma política discrimina a los partidos chicos y consolida fuerzas tradicionales como el PJ y la UCR. Abal Medina, uno de los autores del proyecto oficial, dice que fortalece la institucionalidad pero acepta cambios.

Acusando razones económicas, alguna vez la AFA especuló con la idea de realizar campeonatos únicamente con equipos "grandes". Unos torneos donde todo se limitara a la competencia entre River, Boca, Independiente, Racing y San Lorenzo. De haber prosperado la iniciativa, Vélez, Lanús y Estudiantes, por nombrar algunos clubes de los denominados "chicos", jamás hubiesen levantado una copa como lo hicieron en los últimos tiempos.

Con el argumento de fortalecer las fuerzas partidarias, la reforma política que impulsa el Gobierno trae a la memoria aquella propuesta discriminatoria al establecer un mecanismo de filtro para la proclamación de los candidatos.

El artículo 34 de la propuesta oficial lo dice con todas las letras:

"El derecho de oficializar una candidatura para la elección general, por una agrupación política, se perfecciona mediante la aptitud electoral. La aptitud electoral para la elección de presidente, vicepresidente, senadores y diputados de la Nación, se obtiene cuando dicha agrupación política alcanza un total de votos igual o superior al tres por ciento (3%) de los votos válidamente emitidos en el distrito de que se trate".

Para decirlo en otras palabras, un aspirante a la presidencia que haya vencido en las internas, abiertas y obligatorias de su partido, pero que no haya logrado obtener más de 600 mil votos, se quedará sin chances de competir. La cifra es un estimativo sobre el total del padrón, ya que no se puede saber de antemano "los votos válidamente emitidos".

La mala fortuna de ese aspirante eliminado no concluye allí. En caso de volver a probar suerte en la elección siguiente –y suponiendo que esta vez superara raspando la rigurosa instancia de la interna– deberá resignarse a una menor exposición en los medios audiovisuales y, en consecuencia, tendrá un punto de partida desigual respecto de los otros candidatos.

¿Por qué? De acuerdo al artículo 42 del proyecto, no todos los aspirantes recibirán el mismo respaldo económico para la publicidad televisiva. Un 50 por ciento del total de ese fondo estatal –el único autorizado para financiar la aparición por tevé de los candidatos– se repartirá de manera equitativa entre todos. Pero el otro 50 por ciento se distribuirá de manera proporcional a la cantidad de votos que cada uno hubiera obtenido en la correspondiente elección primaria.

El error no radica en otorgar la exclusividad del financiamiento al Estado sino en que éste, como históricamente hicieran los privados, privilegie con su ayuda a los partidos más grandes en desmedro de los más chicos.

Previsiblemente, Juan Manuel Abal Medina, una de las plumas del proyecto, no hace la misma lectura. Consultado por Crítica de la Argentina, el secretario de la Gestión Pública asegura que la iniciativa "no discrimina" y que "por el contrario, mejora la calidad institucional y democrática del país".

–¿Es democrático que un candidato que no logra un piso alto de votos en la interna partidaria quede fuera de competencia?

–Es una manera de generar incentivos para crear frentes, alianzas o partidos más fuertes.

–¿Pero por qué no se deja ser candidato a presidente a quien quiera?

–Eso es demagógico.

–La crisis de los partidos tradicionales, como el PJ y la UCR, no se supera quitando de carrera a los partidos chicos sino mejorando la oferta de propuestas y candidatos. De lo contrario se puede inferir que se está fortaleciendo a los aparatos de las grandes fuerzas.

–Hay una atomización artificial de partidos y eso no fortalece la democracia. Por eso queremos incentivar a la creación de frentes.

–Las uniones no siempre son la panacea. Pueden ser ficticias y terminan explotando. Sucedió con distintos frentes de izquierda. Fue el caso de la Alianza entre la UCR y el Frepaso. O lo que se ve ahora con Cristina Kirchner y Cobos.

–Pero siempre hay que incentivar a la agregación de voluntades en términos programáticos o de modelo de país para lograr mayor representación.

–El "que se vayan todos" de 2001 fue un reclamo a otro tipo de representación y no ésta que se busca consolidar.

–Quiero ser claro con esto: una política donde se presentan miles de candidatos es una política demagógica, porque al final terminan ganando los mismos de siempre.

–¿Me explica?

–La mitad de los partidos chicos fueron inventos de punteros o de vivos de partidos mayoritarios.

–Y entonces el Gobierno, que responde a un partido tradicional, se da una mano a sí mismo y a la UCR.

–Nooo. En Uruguay se aplicó un sistema similar al que proponemos y hoy el Frente Amplio, que es una sumatoria de fuerzas, le ganó a los partidos tradicionales como el Blanco y el Colorado.

–En la Argentina uno vota a quien mejor lo representa. Las alianzas se producen de hecho ante la eventualidad de un ballottage. ¿Para qué forzar uniones anteriores a esa instancia?

–Mire, aquí hay una cantidad de partidos que no hay en todo el mundo. Es increíble la cantidad de partidos que existen. Hay casi 700 partidos y no hay 700 grandes modelos de país en la Argentina.

–Otro limitante para los partidos chicos es el financiamiento estatal. ¿Por qué no reparte el mismo dinero para todos los candidatos sin distinción?

–No podemos ignorar lo que votó la gente en las internas. Eso debe ser tomado en cuenta.

–Pero como ciudadano voy a tener menos oportunidad de saber lo que propone un partido chico que lo que proponen el PJ y la UCR.

–En el sistema actual la diferencia en el financiamiento de partidos grandes y chicos es de 1.000 a 1. Le aseguro que con lo que proponemos será de 2 a 1 o a lo sumo de 3 a 1.

–Reconociendo que hay un avance, y estando en las puertas de una reforma, ¿por qué no fijar exactamente el mismo tiempo de aire en la tevé para todos los candidatos?

–Bueno, pero vamos mejorando respecto a lo que había.

–¿La reforma no es un traje a medida para Kirchner?

–Eso es un disparate. No hay un solo artículo que haga que Kirchner tenga más posibilidades con el sistema actual. Le respondo con palabras de Cristina Kirchner: el que crea que con una ley se gana una elección, no entiende cómo funciona la democracia.

–Los partidos chicos hablan de un Pacto de Olivos II.

–No es así. Queremos partidos fuertes. Y es la gente la que elige.

–Es un avance que la gente elija a sus candidatos y se termine con los acuerdos de cúpulas. Pero, insisto, las fuerzas nuevas necesitan tiempo y si les ponen tantas trabas...

–Yo insisto en que no les ponemos trabas pero todo se puede discutir.

–¿Usted me dice que el Gobierno podría rever el piso del tres por ciento y el sistema de financiamiento?

–Sí, claro. Todo se puede pensar, discutir. Ya lo dijo la Presidenta. Pero le aclaro una cosa: esta reforma es de las más igualitarias existentes en todo el mundo.

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