La soledad en el poder como principio siempre presente

El gobernador Daniel Scioli ha estado reposando con tranquilidad sobre aquella hipótesis del análisis político en el cual coinciden distintas expresiones y puntos de vista, relativos a que tiene una imagen a prueba de balas.
Esto debe leerse en el buen sentido político respecto de si las críticas producen o no vinculaciones con una supuesta baja en su inserción en el espacio público y el buen concepto de toda la dirigencia política.

En los últimos tiempos hay envalentonados políticos desde el seno oficialista kirchnerista duro y desde la oposición que sostienen que ese principio adjudicado a Scioli ha tenido alguna debilidad desde las famosas candidaturas testimoniales, apoyo incondicional al matrimonio Kirchner y, sobre todo la inseguridad.

En más de una ocasión el mandatario provincial ha tratado de esquivar esas balas a modo de críticas hasta que el tiempo le puso plazos para una definición. Tras las elecciones la opción se convirtió entre seguir a la deriva en el mar de las ambigüedades o mostrar con nitidez su lugar de ubicación en el espectro político. Así, fallo en un divorcio político del oficialismo nacional, porque no supo o no pudo construir una alternativa y su aceptación vertical del discurso kirchnerista fue aún más ortodoxa.

Lo notable de todo esto es la falta de contraprestación hacia tanta fidelidad, a veces demostrada en exceso en el propio discurso del mandatario.

La definición del diputado nacional y ex Presidente Néstor Kirchner acerca de la necesidad de "tomar definiciones fuertes" en materia de seguridad a metros del gobernador Daniel Scioli sonó más como un reproche hacia un subordinado que como un sano consejo. El mandatario provincial esperaba algún fuerte apoyo a una delicada situación planteada a partir de la denuncia del ministro Stornelli sobre presunto complot en la más salvaje ola de inseguridad de los últimos años.

La falta de reacción desde el sciolismo, traducida en silencio oficial, hizo el resto y cerró el círculo. Los intentos por aportar argumentos poco creíbles hubieran significado abrir un frente o fisura para el cual nadie en el oficialismo provincial parece capacitado para sostener en el tiempo.

El silencio habla y mucho a favor del matrimonio Kirchner. El temor o la especulación alimentan la quietud de muchos operadores políticos que prefieren dejar a Scioli en la soledad más extrema y ni siquiera se ofrecen a operar con algunos buenos oficios para mediar y evitar que este tipo de desprolijidades se repitan.

Puede ser aceptable, aunque no justificado en los legisladores provinciales. Después de todo tienen su autonomía para una libre opinión sin ataduras extremas a un discurso.

Pero el grave problema de comunicación que pasa el Sciolismo –lo cual es grave en quienes hacen de esta disciplina algo central en la gestión- es el silencio de muchos funcionarios.

En los últimos días circuló y con preocupación en las primeras líneas del gabinete provincial la falta de impulso público a las obras del gobierno y una elección por el "no te metas" en el debate de los principales casos de agenda.

Exceptuaron al respecto al ministro de Seguridad Carlos Stornelli, quien ha comprendido finalmente que el silencio oficial es conceder terreno de batalla a los adversarios y en el área de salud a raíz del recambio del ministro Claudio Zin.

Pero para el resto, se viene algún sermón importante, si no lo hubo ya, respecto de una acción para contrarrestar en debate los efectos de la circulación del espacio público. En buen romance significa salir a la calle a vender de la mejor manera la gestión.

En el círculo íntimo del sciolismo se interpreta que hay mucha tela para cortar al respecto y que los laboratorios de ideas deben reducir su capacidad ociosa.

El tema es salir a vender gestión cuando se están evaporando los efectos de aquel blindaje derivado de una flexibilización fiscal otorgada por el gobierno nacional.

En la semana en varios despachos oficiales se volvió a comentar con preocupación alguna imposibilidad de pagar los aguinaldos a tiempo, es decir antes de las fiestas, como ocurre tradicionalmente. Eso finalmente no ocurrió.

Pero hay otros datos de la realidad que tal vez aisladamente no ofrezcan el panorama que sí inducen a su interpretación en su conjunto.

El decreto de jubilar de oficio a unos diez mil empleados bonaerenses, el ajuste en terreno educativo con la fusión de escuelas por el nuevo ciclo secundario y cierto retraso en el pago de retenciones a sindicatos.

En el primer caso, la jubilación traerá aparejado que miles de empleados en situación activa recorten sus ingresos si es que percibían algunos adicionales en materia de horas extras o las denominadas urpes. También es posible que haya recortes de gastos en general por congelamiento total o parcial de las vacantes que se produzcan

El tema de la reforma del nuevo ciclo secundario produce efectos no muy gratos. En una reciente reunión con gremios las autoridades de la Dirección de Escuelas confesaron que se viene una fusión muy importante de establecimientos de Esb y Polimodal. Sin una ley de titularización quedarán en la calle aquellos que ocupen cargos provisorios o suplencias. Un gremio calculo esa cifra en cerca de nueve mil docentes entre directores, vice y secretarios.

En tanto, la demora denunciada en envío de retenciones a los gremios y Coseguros, según denunció una confederación de sindicatos es otro síntoma que alarma.

Todo esto implica una especie de ajuste en cuotas o en un rompecabezas que demuestra que hay constantes malabarismos para que mes a mes se pueda cumplir con los mínimos gastos de funcionamiento pero a expensas de determinados recortes que desde el oficialismo se quieren esconder y son finalmente expuestos a la opinión pública.

Otra señal no positiva se da en el malhumor reinante en la Legislatura y no precisamente en la oposición, sino en gran parte del oficialismo que suele escuchar con mucha atención al vicegobernador Alberto Balestrini.

El veto a la ley de reforma política, que echó por tierra la ampliación de bancas en la Legislaturas y una cláusula automática de incremento de concejalías dejó mal parado al vicegobernador por el acuerdo que había instrumentado con mucha paciencia y dedicación el propio titular del Senado provincial.

La observación del Ejecutivo a la ley, se percibió como fruto de una especulación por trazar una divisoria de aguas donde el bueno de la película es el gobernador provincial y los malos constituyen el resto.

En el Senado, donde el oficialismo mantiene alguna situación más aliviada de representación prometen que nada será igual después de esa actitud inconsulta de Scioli, máxime cuando es él quien pondera y coloca en el altar todo fruto de diálogo y consenso.

Durísimos exámenes se vienen cada vez que el gobernador, por necesidades urgentes de gestión, tenga que remitir leyes fundamentales para combatir vicisitudes económicas y fiscales, de inseguridad o de otras áreas. Prometen en la cámara alta que Scioli deberá recurrir al constante ingenio para explicar por qué está más peleado con sus propios compañeros que con la oposición.

El verano y los próximos meses prometen más novedades respecto de un camino difícil para el Ejecutivo ante los recortes de poder legislativo y político que se le vienen desde el kirchnerismo nacional, los ortodoxos que siguen a la Casa Rosada en la Legislatura y de una oposición que aún no ha reparado concientemente en su poder de respuesta.

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