“No hay una sola verdad”

José Luis Bevilacqua trabaja 170 hectáreas en Díaz con labranza convencional. Entiende que así no depende tanto de los agroquímicos.
El cincel, los discos y la rastra de José Luis Bevilacqua no se oxidan. No les da tiempo porque sigue usando esos implementos, a diferencia de la gran mayoría de los chacareros y arrendatarios de la región pampeana. Este agricultor de la localidad de Díaz –90 kilómetros al norte de Rosario, en el departamento San Jerónimo– persiste en el laboreo de la tierra y sólo destina una mínima parte a siembra directa. Entiende que de ese modo no queda atrapado por las variables del costo de los agroquímicos, de uso intensivo en el método de labranza cero, y asegura que sus rindes no tienen nada que envidiarle a los de sus colegas, compelidos a comprar cada vez más herbicidas, funguicidas y fertilizantes.

“Desde el año ‘75 empezamos con mi viejo haciendo labranza convencional y hoy sigo con ese sistema. Fumigo entre siembra y siembra porque con la soja transgénica hay que usar glifosato a la fuerza. Pero trato de llegar a la cosecha con una sola aplicación. Con el girasol trabajo de forma convencional, y con maíz, sorgo o trigo sí fertilizo con úrea”, expuso Bevilacqua, a cargo de 40 hectáreas propias y 130 bajo arriendo.

—¿Por qué persiste en la labranza tradicional, cuando todos hacen siembra directa?

—Porque no conozco el fondo de esa cuestión. Volcarse a la directa posibilita situaciones como la de esta campaña: el valor del grano cayó y el precio de los agroquímicos está fuera de alcance. Y una vez que se empieza con siembra directa no se puede dejar de depender del sistema químico: hay que fumigar periódicamente y fertilizar. Es más rápido, pero es más costoso y genera dependencia. La naturaleza, además, va produciendo yuyos más resistentes, como la rama negra. Varios tuvieron que pasar un par de manos de disco para tumbar esa maleza. Antes bastaba con fumigar 1,5 litro de matayuyos por hectárea, y hoy se necesitan 3 litros. La última compra de glifosato la hice a 6,70 dólares el litro, con la soja a 80 o 90 pesos el quintal. Y antes el precio no llegaba a 5 dólares. Entonces, si el agroquímico aumenta y cada vez hace falta más, creo que es una carrera sin fin”.

En ese sistema, Bevilacqua no deja de rotar cultivos: trigo, soja, girasol; o trigo, soja, maíz. “En un par de lotes hago soja solamente. Depende de cómo venga el año. El año pasado el lote que más rindió fue el de monocultivo. Un rastrojo de trigo – soja guardó más humedad que un rastrojo de maíz, porque estuvo más cubierto, sobre todo en un año de sequía”, sostuvo.

Bevilacqua contó que en algunos lotes ensayó la siembra directa, y en su experiencia, los rindes no difieren con los de laboreo. “En la campaña anterior, trabajando el suelo, tuve lotes de soja que rindieron 31, otros de 37 y uno hasta de 42 quintales por hectárea. En la de segunda tuve rindes de 25 y 28 quintales, claro, depende de la lluvia. Este año no se qué pasará porque venimos con menos reserva de humedad que el año pasado”, se alarmó.

Con todo, él se mantiene en sus trece: “Es difícil que la labranza cero supere a un cultivo bien atendido de laboreo convencional. Habría que ver qué cantidad de fertilizante destinan en el otro modelo de siembra. Obvio que si se ponen 50 kilos de fertilizante en el arranque, y luego 150 más al macollaje, ese lote rendirá más que otro donde hubo labranza y una sola fertilización. Es claro que el que más fertiliza más cosecha”, distinguió.

Lo que sí este productor sabe y reconoce es que, al mover la tierra, el suelo pierde más humedad. “Sí, el lote de mucha cobertura, con años de labranza cero, acumulando materia orgánica sin penetración de sol, conserva mejor la humedad, y es cierto que con labranza convencional es más difícil sembrar cuando llegan estos meses de calor. Pero yo no aro, no doy vuelta la tierra. Hago labranza vertical, con cincel, cultivador y discos dobles pesados que se clavan mucho más que los de antes”, dijo.

Vaticinio. Atento a la evolución de los costos y también de las malezas y plagas que atacan los cultivos, Bevilacqua arriesga un pronóstico vedado a los intereses de quienes participan del negocio de los agroquímicos y de sus mentores: “Me parece que la labranza cero se va a complicar de aquí en más. La única forma es que por decreto bajen el precio del producto de 8 dólares a 2 dólares el litro, pero eso es difícil que vaya a ocurrir. En Estados Unidos hacen 22% de labranza cero, y el resto convencional. Vieron que por cada sembradora que se vendía, se dejaba de vender cuatro tractores con sus equipos. Ellos priorizan seguir fabricando y que la gente trabaje”, concluyó.

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