Sola entre los 20

Por Abel Posse

La presidenta Cristina Kirchner está sola ante el foro mayor del mundo. Tal vez apenas acompañada por un traductor-embajador y la sombra diezmada de una Cancillería usurpada por aficionados sin la profesionalidad ni la autoridad del cuerpo de carrera postergado por los K.

Pero la Presidenta debe darse coraje recordando que Argentina está en ese grupo decisivo por lo que fue como aventura creadora y por lo que ojalá sea de nuevo pronto, pasado ese eclipse de mala política autoritaria. Tiene una oportunidad de no dar consejos desde el lugar de insignificancia económica que hoy alcanzamos con una disparatada política de resentimiento y de autodestrucción institucional y económica. No somos significativos entre los gigantes, ni muy simpáticos en el ámbito internacional.. Estamos desacreditados ante el mundo económico internacional: nos amenazan de embargar las cuentas oficiales, las de las embajadas, los aviones, los barcos. Estamos en ese foro superior porque la Argentina fue y porque seremos una de las piezas claves cuando se reorganice nuestro poder agroindustrial exportador, cuando consigamos retornar la marcha con la nueva mayoría y la nueva dirigencia.

La Presidenta sacó bien la peligrosa (e improvisada) reunión de Bariloche por el tema del uso de bases colombianas. Incluso se manejó con gracia cuando fue a buscar al enojadísimo Uribe e impidió desde la presidencia que el estrado se transformase en un ring.

El tema que trata el foro de los 20 en Pittsburghh es nada menos que el de la reorganización del capitalismo mundial, enfermo agudo de la infección financierista descontrolada. Buscarán formas renovadas de las relaciones productivas, financieras, monetarias, comerciales, iniciando un largo camino de cambio, aunque el poderoso sistema, el statu quo bancario y empresarial tienda más bien a repetir las malas costumbres.

Los cambios del mundo, incluso los sociales se harán a partir de los fracaso de los oficialismos revolucionarios que se transformaron en opresores, omnipotentes, sistemas políticos que invariablemente perdieron la batalla económica, la base esencial de toda la estructura societaria y antropológica, para la ideología marxista. Ni Mao, ni Kruschev con su sueño de crear un consumismo comparable al occidental, ni Cuba dejaron de ser derrotados en el campo económico. Nuestro Guevara es la prueba: éxito de una simbología política y la derrota concreta de un mal ministro de economía.

Los socialismos de Estado fracasaron. Eligen con urgencia el único sistema sobreviviente, el vituperado y poco simpático capitalismo: Yelstin, Gorbachov, Deng Tsiaoping, pronto también Cuba, son prueba de este proceso. Raymond Aron acuñó la frase de "socialismos rendidos" al de los partidos socialistas europeos, hoy francamente capitalistas, después de abandonar los sueños de Nenni, Felipe González o Jospin.

Ojala la Presidenta no se salga de una extrema discreción y pretenda opinar sobre lo que protagonizan los poderosos, los que pagan la cuenta del desastre. Las ideas que pudo haber escuchado en los cafés de estudiantes en La Plata en los años de ilusión setentista (años de la enfermedad infantil del izquierdismo, como escribió Lenin) son ideologías muertas y enterradas, más allá de los legítimos sueños de justicia social. Pero ya se sabe que sólo podrá haber justicia social cuando se produce riqueza. Los socialismos de Estado fueron francamente incapaces para crear economías de bienestar. Por eso se fueron quedando sin pueblo. La prueba son nada menos que Rusia y China.

Ojala la Presidenta pueda comprender dónde está parada en ese desafío Pittsburgh. Se puede mover con lucidez y ahorrar pronunciar críticas que no tendrían peso ante interlocutores jugados y al borde de gravísimos peligros. Tiene la oportunidad de mejorar nuestra dañada presencia internacional.

Se está creando un nuevo damero económico mundial. Junto con Brasil, la Argentina se puede ubicar en el privilegiado club donde llegamos con fama de díscolos y autodestructivos. Tenemos que reingresar en el mundo económico internacional, aceptando las reglas de juego de los grandes organismos de crédito (FMI, Banco Mundial, Club de Paris) y sentarnos en la mesa grande donde la Argentina tiene las cartas para poder ser un protagonista de primera línea en los mercados mundiales.

A la Presidenta le quedan dos años de gobierno. ¿Porqué no apostar a la concordia y al éxito, después de esta etapa de resentimiento?.

Ojala no repita la mañana de agresividad de su consorte Néstor Kirchner en su primera visita a España, en 2003, cuando el desilusionado presidente de los empresarios españoles -los mayores inversores en Argentina- le dijo a K después de escuchar su agresivo discurso: "¡Presidente, nos has puesto a parir!" K expuso su ideología y Argentina paga la cuenta.

A seis años de ese rencor, en franca caída productiva, y con un 35 por ciento de pobres e indigentes en el país que fuera el mayor exportador agrario, hay que rogar por la lucidez de esa Presidenta sola en la jaula de leones de Pittsburgh y desearle que comprenda que más allá de ideologías en cada época hay una "flecha del mundo" que tiene una sola dirección. Es la que elige Brasil, Perú, Chile, Uruguay, Colombia.

La flecha del mundo de hoy es la verdad inmediata. La realidad es lo que inexorablemente queda cuando creemos haberla extirpado en nuestros juegos mentales.

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