Socios de la bronca

Los hinchas de River agotaron las 32.000 entradas de canje para el clásico en ocho horas y cuarto, y los que no consiguieron tickets se indignaron: hasta la noche hubo piquete en Figueroa Alcorta.
En ocho horas y 15 minutos se agotaron las 32.000 entradas de canje. En mucho menos, la paciencia. Para eso apenas hizo falta que la información de "sold out" desfilara por la cola de socios que aún se extendía sobre la avenida Figueroa Alcorta, a la espera de una entrada por persona para el superclásico del domingo. Eran las 14.15 cuando se cerraron 23 de las 25 boleterías habilitadas desde las seis de la matina. Sólo quedaron abiertas dos ventanillas para que, con carnet al día y a cambio de 200 pesitos, se adquirieran las plateas laterales medias y bajas que se agotaron a las 18.45. Claro, el bolsillo no había ido preparado para un desembolso semejante y la indignación tampoco contemplaba la posibilidad de hacerlo. Entonces, se vino el estallido. La consecuencia inmediata fue la decisión de clausurar el ingreso al club para que la irritación se expresara puertas afuera. Eso provocó más fastidio porque "somos socios y no nos pueden privar el derecho a entrar al club". Y también se perjudicó a gente que no venía a cuento, como esa señora que no pudo dejar a sus dos hijos en la clase de natación o aquella purreta que debió dar la media vuelta con el raquetero al hombro.

Lo que empezó con golpes a la reja, alaridos de bronca y pedidos de "que alguien dé la cara", en media hora se convirtió en un canto masivo: "Se va a acabar, se va a acabar, la dictadura de Aguilar". Ya desde la escenografía se apreciaban pinceladas políticas: el piquete de socios tenía a sus espaldas al búnker que montó D'Onofrio y en plena crispación se camuflaban promotoras que repartían souvenirs de parte de Caselli y DVDs de campaña de Kiper. De hecho, una de las cajas terminó en el rostro de un policía que intentaba alejar del club a los socios. Igual, nobleza obliga, mientras duró el canje no hubo disturbios y, amén de algún que otro entredicho, los agentes de la Federal (cortaron dos cuadras sobre Alcorta) no debieron usar la fuerza para calmar a los simpatizantes. Lo más cercano a un desbande fue un tacho de basura tímidamente prendido fuego que un policía apagó con el agua de una botellita.

A poco más de un mes de las elecciones en River se preveía un ambiente politizado: por caso, encontrar a algún infiltrado que intentase sacarle provecho a esta situación. "Son las mismas caras de siempre", esgrimieron desde adentro. Pero entre los casi 400 socios que bramaban había mayoría que genuinamente se quejaba por tener la cuota al día y no poder estar en el partido que nadie se quiere perder. "River tiene 79 mil socios y todos quieren su entrada. Eso es imposible", se defendió el tesorero José Manuel Besteiro. Y la ira se potenció por "esos tipos que tienen pilones de entradas y te las ofrecen acá a dos cuadras, cerca de la Shell de Udaondo", según coincidían los socios. Y peor aún, esos hinchas que espontáneamente se manifestaron hasta ya entrada la noche podrían conseguir un ticket sin moverse de sus sillas. "Las entradas que no tenemos hace dos semanas las ofrece Ticketek", se quejó Ignacio Trentacoste, socio N° 57.495. Lo concreto es que esta empresa hizo un convenio para vender el "pack Millonario", que incluye un abono por cuatro partidos. No así ocurre con las webs que ofrecen populares a más de $ 200. Eso se llama reventa. Y, sí, la gente ya reventó.

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