El socio de Bruera, procesado por la Justicia y con parientes funcionarios.

Carlos Castagneto puede ir a la cárcel si avanza el procesamiento de la Justicia Federal por entregar electrodomésticos a cambio de votos. Además, se sospecha que alimentos para los pobres que él administra son vendidos en ferias clandestinas. Ahora, metió a su mujer como empleada municipal.
Una especie de abrazo del oso acaba de darle el ex arquero Carlos Castagneto al intendente comunal Pablo Bruera con el pacto de connivencia política que cerró a fines del año pasado, en una de las ciudades donde su referente político Néstor Kirchner tiene peor imagen positiva entre la ciudadanía.

Castagneto, número uno sólo debajo de los tres palos, está procesado por la Justicia Federal por entregar electrodomésticos destinados a los planes sociales a cambio de votos, durante la campaña electoral para las legislativas de 2005. Ya en ese entonces, este hombre que se mueve en lujosas camionetas, fleta micros supuestamente con fondos públicos para el acto que a K se le antoje organizar, era el segundo de Alicia Kirchner en el ministerio de Desarrollo Social de la Nación.

En virtud del citado acuerdo, ahora coló a su esposa Ana María Herrán como funcionaria del Ejecutivo comunal. Sí leyó bien: su mujer también vivirá de las cuentas públicas, nutridas por el aporte de todos los platenses.

Herrán no tiene ningún tipo de carrera política previa, ni se ha especializado en rubro alguno en particular. Pero se ve que ser la mujer de, otorga beneficios en lo que se ha dado en llamar “la política berreta”.

Esta mujer está directamente vinculada con el galpón de Los Hornos, ubicado en 66 y 177, donde se concentra y distribuye gran parte de la ayuda social. A este lugar, donde los periodistas son repelidos e intimados por el guardia de turno, casi todos los custodios tienen el handy con el ID directo de Herrán y de sus dos hermanos, Hugo Alfredo y César Edgardo Herrán.

Diversos informes periodísticos, como uno realizado por canal 13, dio cuenta de que de este galpón se desviarían alimentos oficiales para ser vendidos en ferias clandestinas; incluso fuera del país. Más concretamente en Paraguay.

Los cuñados de Castagneto ofician de fuerza de choque en muchos de los actos que el funcionario ultrakirchnerista organiza con choripán, vino de caja y gaseosa de dudosa calidad. Todo este servicio, ejemplo paradigmático del clientelismo político, ahora está al servicio de Bruera, su otrora rival en las urnas de 2007. En ese entonces, Castagneto terminó tercero, pese que se cree que utilizó más de 10 millones de pesos para la campaña. Hay fundadas sospechas de dónde salió semejante suma.

En las últimas semanas, hombres a sueldo del funcionario de Alicia Kirchner comenzaron una campaña de pegatina, algo tímida, en las calles de la periferia platense. En esos papeles pueden leerse “Castagneto 2011”.

Nadie conoce la militancia adolescente, ni ya en la adultez de este hombre de vertiginoso crecimiento de su calidad de vida. “Empezó de arriba hacia abajo, siendo funcionario y manejando millones que no son propios”, lo describió un avezado dirigente local. Tampoco se conocen planes de gobierno, ni plataforma política alguna de este hombre, más allá de los micros de personas humildes, movilizadas por la necesidad y no por la convicción.

En pleno conflicto con el campo, uno de los genuflexos hombres de Castagneto pidió por favor a los medios de prensa que dieran a conocer que habían movilizado 40 micros al acto de Kirchner en la Capital Federal. Es decir, una situación que enrojecería a cualquier persona de principios enorgullecía a los empleados del ex candidato a intendente. En la ocasión hubo pebete de jamón y queso para todos. Con esta manera de hacer política, Castagneto se acaba de asociar con Bruera. Lo que se dice, un verdadero collar de melones.

Toda la familia aportó efectivo para la campaña K

De acuerdo a registros oficiales,

toda la familia Castagneto aportó efectivo, supuestamente de su bolsillo, para la campaña presidencial de Cristina. Ana María Herrán, DNI 13.000.732, donó 5.000 pesos; su hermano Hugo Alfredo (DNI 11.867.243) 10.000 pesos, y su otro hermano César Edgardo (11.083.786), 5.000 pesos. Carlos Castagneto, por su parte, se ve que tiene más dinero, porque aportó 15 mil pesos.

El fiscal pidió su declaración indagatoria

En agosto del año pasado el fiscal federal Federico Delgado pidió la declaración indagatoria de Carlos Castagneto y de su compañera en el ministerio de Desarrollo Social, Marcela Paola Vessvessian. La Justicia sospecha que hay elementos suficientes para probar que durante las campañas de 2005 y 2007 el gobierno nacional usó fondos del Estado para regalarles heladeras, cocinas y lavarropas a los vecinos de las zonas más pobres del conurbano. Es decir, desviar productos destinados a la ayuda social, adquiridos por fondos públicos, para conseguir votos.

La tarea de aprobar esos llamados a indagatoria le queda ahora el juez de la causa, Rodolfo Canicoba Corral, quien tiene el expediente desde el 11 de octubre de 2005 pero recién transfirió la investigación del caso al fiscal en julio de 2007.

El dictamen de la Fiscalía dice que se “ha logrado develar que funcionarios del ministerio incurrieron en el uso indebido de fondos públicos en las semanas anteriores a las elecciones de 2005”. Así, se sospecha que podrían haber violado el artículo 261 del Código Penal, que prevé cárcel de dos a diez años e inhabilitación de por vida para ejercer cargos públicos.

Siete testigos y beneficiarios relataron que podían elegir productos de hasta un valor de mil pesos dentro una lista que les daban los asistentes sociales del ministerio. En la oferta había heladeras, lavarropas, cocinas, ventiladores y algunos reconocieron hasta reproductores de DVD. También podían elegir tirantes, chapas, membranas y maderas para acondicionar sus casas. Y si les faltaba amoblamiento, había disponibilidad de mesas, roperos, camas, cunas y cajoneras. Si era necesario, podían pedir máquinas de coser, nebulizadores y

colchones.

En la denuncia original decía que esta práctica se llevó adelante en los barrios El Churrasco y Villa Alba, en los alrededores de La Plata. Luego, se sumaron Los Hornos y Plátanos, este último en Berazategui. Delgado concentró sus imputaciones en Villa Alba porque en esa zona tiene una larga lista de testigos que cuentan lo que sucedía.

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