La sociedad, el límite de los Kirchner

Por: Eduardo van der Kooy.

El Gobierno dispondrá otro año de las facultades delegadas. Ha sido una demostración de fortaleza política luego de la derrota. El PJ acompaña porque no encuentra alternativa a la figura del ex presidente. Reutemann parece enredado. La oposición, entre quiebres y peleas.

El gran problema para Néstor y Cristina Kirchner no parece ser todavía la embarullada oposición ni el peronismo en estado de anestesia. La cuestión sería la enorme brecha que se abrió entre ellos y la sociedad, que no pudo ser corregida, siquiera mínimamente, en este tiempo poselectoral.

Aquel problema irresuelto tiene ciertos reflejos concretos. Dos consultoras -una de ellas pronosticó la victoria de Francisco De Narváez en Buenos Aires- están marcando una tendencia similar después de junio. La imagen de Kirchner continúa en descenso y su valoración negativa escala ya al 55%. La Presidenta permanecería estabilizada en valores similares a los de la época de la derrota: sólo un 30% la aprobaría. Otro par de datos estarían señalando el divorcio del Gobierno con la sociedad: el 62% de los consultados opina que el matrimonio no interpretó con corrección los resultados de junio. En una medición de hipotéticos candidatos presidenciales para el 2011, Kirchner juntaría sólo un 2,5% de intención de voto. Casi la misma cifra que correspondería ahora a Carlos Menem.

Aquel panorama indicaría, entonces, que el esforzado maquillaje a que apelaron los Kirchner no ha servido. De hecho, el campo continúa con sus reclamos. El diálogo político se va desflecando, la oposición se aparta, el Consejo Económico y Social se extravió en una promesa y la reconstrucción de la confianza pública corre riesgo de ser reducida a una utopía.

Los Kirchner tomaron un atajo en el afán de torcer aquella mala hora. La decisión del Gobierno de hacerse cargo de la televisación del fútbol apuntaría, sin dudas, a la ilusión de rehacer algún vínculo con la sociedad que la política de este último año y medio, sobre todo, fue carcomiendo.

No parece existir ni una pizca de exageración en esa mirada: bastó con observar el fasto inexplicable de la ceremonia durante la cual se anunció el acuerdo entre el Gobierno y la AFA. También alcanzó con escuchar el mensaje baladí de la Presidenta que, en su ambición por darle al acuerdo casi un carácter fundacional de la democracia, equiparó la exclusividad de difusión que tenían antes las imágenes del fútbol con los miles de desaparecidos de la dictadura. Recurrió para hacerlo a la parábola infausta del secuestro.

El fútbol parece haberse convertido de repente en uno de los ejes de la política de los Kirchner que, desde hace tiempo, boya en el vacío. Sonaría a paradoja que un deporte pueda convertirse en tabla de salvación para una pareja que, bajo el prisma de la década del 70, sólo entiende la razón de la existencia a través de la militancia y la política.

Tal vez ese recurso explique la ausencia de soluciones verdaderas para algunos de los grandes temas pendientes. Ha fracasado la política agropecuaria. Después de cinco años de notable crecimiento económico la pobreza regresa al centro de los debates. Amado Boudou, el ministro de Economía, insiste con una normalización de relaciones con el FMI, pero se estrella contra la terquedad de Guillermo Moreno. No puede haber normalización si antes no se tornan creíbles las estadísticas del INDEC, en especial las referidas a la inflación.

La política exterior, exceptuando a Lula, pareciera circunscripta al lazo con Hugo Chávez. Hace pocas semanas la vicepresidenta española, María Teresa Fernández de la Vega, hizo su viaje anual al Cono Sur, pero soslayó por primera vez a la Argentina. España fue durante los años de la crisis -después también- la única puerta franqueada para nuestro país con la Unión Europea.

El Gobierno ha dejado de hablar del conflicto con Uruguay por la pastera Botnia. Así supone que ese conflicto dejó de existir. Hay un paso fronterizo en Gualeguaychú cerrado hace casi tres años como si fuera una cosa normal. Los candidatos presidenciales en Uruguay, del Frente Amplio o de la oposición, saben que siempre tiene buen rédito político en campaña alguna aspereza con los Kirchner.

¿Cómo es posible que frente a esa realidad el matrimonio presidencial no haya tenido más que un puñado de días de zozobra después de la derrota? Las razones son variadas aunque, en gran proporción, podría explicar aquel interrogante estos meses de tránsito entre el viejo Congreso y la nueva composición que existirá desde diciembre. El Gobierno disfruta ahora de poderes institucionales que luego, en teoría, verá menguados: las mayorías parlamentarias le sirvieron para sortear algunos desafíos bravos, como la prórroga por otro año de las facultades delegadas.

Los Kirchner vienen demostrando mayor pericia de la imaginada para capear los frentes amenazantes. El Gobierno logró votaciones abultadas en proyectos importantes -la reestatización de Aerolíneas Argentinas y los fondos de la ANSeS- luego de haber sido vencido en el Senado con la resolución 125 de las retenciones. Acaba de repetir la historia ahora con las facultades delegadas en Diputados y el Senado. En esa Cámara arrancó incluso dos votos más (38) que cuando perdió con la 125.

Las cosas no suelen suceder en política, amén de imponderables, por obra de la magia. Conviene rastrear en el peronismo, sobre todo, y también en la oposición para hallar algunos argumentos.

El peronismo ha dejado de confiar para el futuro en el liderazgo de Kirchner. Pero no parece haber encontrado todavía un reemplazo: el partido espera, se cobija en el poder y así va facilitando los planes del Gobierno.

No existe ningún gobernador -ni siquiera Daniel Peralta, de Santa Cruz- que , con sinceridad, comulgue con el matrimonio presidencial. Hasta el formoseño Gildo Insfrán amagó con retacear a una de sus legisladoras para el crucial debate de la semana pasada en el Senado. Pero ninguno de ellos posee talla política y la autonomía financiera para trazarle alguna raya a los Kirchner.

Carlos Reutemann no es gobernador. Pero el senador por Santa Fe surgió después de junio como la única referencia indiscutida en el PJ. Su idas y venidas, sin embargo, parecerían haberlo colocado de nuevo en el foco de una discusión.

Reutemann basó su acción sobre tres líneas. La oposición al matrimonio, la defensa de los reclamos del campo y la pelea con su adversario provincial, el socialista Hermes Binner. Pero rehuyó todavía a plantarse en el peronismo.

Esa actitud le ha debilitado alianzas que estaban despuntando. Reutemann tiene un acuerdo con el gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, y con la cabeza más visible del PJ entrerriano, Jorge Busti. La idea era empezar a edificar la sucesión de los Kirchner. Schiaretti sigue esperando pero Busti resolvió aproximarse a Eduardo Duhalde.

El senador santafecino sufrió otro contratiempo. Una mala praxis política de una vieja compañera, Roxana Latorre, le valió un durísimo reproche del campo y una embestida de sus adversarios socialistas. Latorre firmó "en disidencia total" el dictamen que permitió al kirchnerismo votar las facultades delegadas en el Senado. Aquella "disidencia" no enmendó su grueso error aunque el dictamen tenía las firmas suficientes para ser habilitado. La rúbrica clave fue la del pampeano Rubén Marín, que la semana pasada mantuvo una larga charla en Olivos con Kirchner.

Las acusaciones socialistas de supuesta complicidad con el Gobierno desencajaron a Reutemann. Las presiones de la Sociedad Rural de Santa Fe y de Eduardo Buzzi, de la FAA, también. Perdió la calma y terminó partiendo el bloque provincial que integraba con Latorre. Hasta es posible que le pida a esa mujer que no reasuma su banca en diciembre. Tal vez haya hecho de una llovizna un chaparrón. Kirchner todavía se lo debe estar agradeciendo.

Duhalde tampoco pareció un impulsor oportuno de Reutemann. Hace tiempo que el senador presume que cualquier acercamiento con el ex presidente espantaría el favor público que tiene. Pero Duhalde percibe algo que sólo está percibiendo también Kirchner: la mansedumbre peronista. A Kirchner le viene bien y por eso, justamente, el caudillo bonaerense pretende encender los ánimos un poco.

El peronismo disconforme pivotea ahora entre esos dos dirigentes. Felipe Solá cree que la sombra de Duhalde se estaría filtrando también en su tropa. Quizá por esa razón el diputado electo haya acelerado el lanzamiento de su candidatura presidencial. Dice contar con la venia de Francisco De Narváez. Si así fuera, Mauricio Macri quizás estaría en problemas.

Julio Cobos, aunque no lo aparenta, también los tiene. No logra convencer a los radicales de colocar un hombre suyo -Raúl Baglini- al frente del Comité Nacional. Los radicales pujan además por la futura titularidad de los bloques en el Congreso. Es evidente el forcejeo entre Oscar Aguad y Ricardo Alfonsín por Diputados.

Otro dilema en ese territorio es Elisa Carrió. La Coalición Cívica se está yendo para siempre y esa partida representará un daño para la futura pelea electoral.

Los opositores están ensimismados en sus cuitas. El campo parece haber perdido en la transición la brújula para sus reclamos. Kirchner sigue cabalgando sobre un peronismo domado. Transcurre sobre una tranquilidad inesperada después de la derrota que sufrió. Aunque esa tranquilidad pueda ser sólo el anticipo de las tormentas que estarían por venir.

Comentá la nota