"La sociedad está pidiendo límites para el peronismo"

Montoya se aleja del Gobierno y quiere ser intendente de San Isidro.
A Santiago Montoya el calor lo pone nervioso. Pide con especial detalle que le traigan un licuado de durazno con "mucho, mucho, mucho hielo". El ex recaudador de impuestos bonaerense habla, en la espera, de LA NACION. "El último verano me mandé una bárbara. Les dije en una entrevista que el Gobierno necesitaba más diálogo. ¡Todavía me lo están facturando!", se ríe, sin culpa. "Así que háganse responsables. LA NACION es parte de las razones por las que me echaron."

Ya pasó un año de aquella charla. Expulsado luego por no querer ser candidato testimonial, ahora Montoya pasea sonriente fuera de la función pública, quejándose del calor del verano. Ya no se contiene para cuestionar al Gobierno, reclama "cambios de estilo" para salir de la crisis institucional y hasta confiesa que, algún día, le gustaría ser intendente de San Isidro. "No estoy seguro de que el Gobierno haya recogido el mensaje de la derrota", dice, para empezar, al pasar, como si fuera una obviedad.

-¿Cuál fue el mensaje?

-Primero, la gente pide más diálogo. No quiere más confrontación, quiere acuerdos. Segundo, límites. La sociedad pide límites para el peronismo y sus estrategias. Y lo tercero es la inserción internacional. La Argentina siempre da movimientos erráticos y genera desconfianza a sus socios.

Montoya habla rápido, acumula tópicos, cambia de tema, vuelve a hablar. De repente se refiere a la ley de medios. "El problema es el contexto. Parece que ordenando los medios resolvemos la política. ¡Y es al revés!", se queja, enojado: "Si mi respuesta es ordenar los medios en un país con crisis, pobreza, exclusión y aislamiento, tengo algún problema. Es como ir al médico porque estoy descompuesto, y que te dé una crema porque tenés paspada la mejilla".

-En este contexto, ¿cómo ve la escalada con el Banco Central?

-La crisis es grave. Una complicación absurda. Todo por no entender que el 28 de junio cambió el mapa político y que la gente pide más institucionalidad. Pero, si instrumenta un cambio de estilo, Cristina Kirchner tiene una bala de plata. Le diría a la Presidenta: "Cambie. Hable con los medios. Intente abrirse ante la gente". Y pediría también cambios de gestión. Abandonar la estrategia de imponer y derrotar por la de discutir y consensuar. Un ejemplo: cerró el Congreso y a los cuatro días salió un decreto que dispuso de las reservas. Fue un hecho de gestión, pero un problema de estilo político. La Presidenta puede aprovechar esta crisis para cambiar.

El ex funcionario entonces vuelve a otros temas. Y responde sobre sus proyectos: "Hace siete años que vivo en San Isidro. Me gustaría, algún día, ser intendente. Pero no lanzo una candidatura, es un sueño. Ahora me puedo dar ese lujo". Eso sí: Montoya no quiere decir cuál sería su partido. Sólo habla del "espacio justicialista". Y adelanta que hay "un montón de propuestas que faltan explicitarse" y en las que podría participar. Elogia por igual a Felipe Solá, a Francisco de Narváez y a Alberto Fernández, con quien acaba de crear un espacio propio. Da pistas sobre el futuro: "Queremos formar un grupo de 15, 20 dirigentes que aporten experiencia y equipos técnicos".

-¿Volvería a ser funcionario?

[Silencio] -Todo depende del contexto. No estoy buscando trabajo. Yo no quise irme. Me echaron ellos.

-¿Por qué rechazó la propuesta de Scioli?

-A Daniel lo quiero, pero no veo cambios relevantes después de las elecciones. Cambios efectivos en los temas que le interesan a la gente. Igual confío en que pueda reaccionar.

Mientras tanto, Montoya pasa la mitad de su tiempo haciendo estudios para universidades y seguimientos tributarios para municipios. La otra mitad la usa para acomodar a su familia después de casarse por segunda vez. Y desvelarse restaurando un Impala 67. Sigue siendo un fanático de la mecánica. Tanto que, en las vacaciones, pretende leer un libro sobre las aletas de cola como elemento de diseño automotriz. Se ríe de esas obsesiones hasta que suena el celular. Del otro lado llama el presidente del Banco Central, Martín Redrado. Montoya se excusa, da por terminada la entrevista y se va, hablando por teléfono, otra vez, de "empezar a poner límites".

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