La sociedad argentina a la espera del divorcio

Por Ari Paluch

Tiempo atrás, un periodista supo definir la innecesaria costumbre de los Kirchner a la hora de generar enemigos. El colega mencionó que el matrimonio presidencial tiene cada vez más enemigos "fiorentinos", aquellos que esperan para clavar el estilete, pero que a la hora de realizar la estocada no se conforman con penetrar el puñal a fondo, sino que prefieren introducirlo y sacarlo pausadamente y de forma reiterada

Revisando el pasado no se hace dificultoso dar con una lista abundante de hombres idóneos que el Kirchnerismo supo tener entre sus filas y a los que fue echando sin más. En la mayoría de los casos, porque se negaron a aceptar caprichos y despropósitos "santacruceños". Fue así que figuras, que engalanarían cualquier gabinete de la región y que en algún caso lo engalanarán desde a partir del 2011, dieron paso a oscuros obsecuentes bien entrenados para defender la causa pingüina, que no es precisamente la causa nacional.

Entre los pocos funcionarios capacitados técnicamente que al gobierno le fueron quedando indudablemente se destaca Martín Redrado, el todavía presidente del Banco Central, que viene haciendo malabares en los últimos tres años para llegar al fin de su período decorosamente y no sucumbir a las sugerencias casi cotidianas del "super ministro de economía" Néstor Kirchner.

Redrado suele ser un hombre muy desconfiado, de los que le pondrían un detective a la novia y recelaría de su sombra en la pared, sin embargo siempre confío en que más allá de las discrepancias con su jefe, quedaría en la historia como el primer presidente del Banco Central de la República Argentina en muchos años que pudo completar su período, pero no como el primer presidente de la institución en autorizar el uso de reservas para pagar la deuda externa.

La vida suele traer paradojas: los kirchneristas más acérrimos nunca terminaron de aceptar el pasado supuestamente neoliberal del baby-face Redrado y ahora casi que lo quieren meter preso por no soltar las reservas para pagar compromisos con la banca internacional.

También es curiosa la situación que Redrado atraviesa por estas horas. En su "barrio", el de las finanzas y los bancos, muchos parecen regodearse con su desgracia, pero en el mundo de la política, este supuesto outsider, ha recibido muchos más apoyos y afectos de los que jamás hubiera imaginado.

Es que la Argentina atraviesa por una circunstancia semejante a la de una mujer que se casó engañada con un manipulador. Al principio la manipulación hizo las veces de seducción, con el tiempo la manipulación sirvió para hacerle creer a la mujer que si la pareja no andaba bien el problema era ella. Pero después, cuando tomó conciencia de que el problema principal recaía sobre el manipulador, este recurrió a la manipulación para atemorizarla y hacerle ver las consecuencias que para ella traería separarse de él.

Así y todo, la pobre mujer decidió separarse y bancarse lo que venga. Hoy celebra la decisión tomada, aunque padece los embates cada vez más descarnados del manipulador. Ella no ve la hora de que le salga el divorcio.

La historia que acabamos de compartir no es otra que la de la sociedad Argentina y la Néstor Kirchner. Alguna vez, el notable pensador Bertrand Russell sostuvo que tal vez la mayor muestra de ego la otorgan aquellos padres que no trepidan en perjudicar gravemente a sus hijos a la hora de pelearse entre ellos.

Igual diagnóstico podría aplicarse para aquellos políticos que se empecinan sin medir el daño que sus caprichos y maldades le hacen a las sociedades toda y a los países que les toca gobernar.

La sociedad Argentina ya se separó de los Kirchner en el 2008 y en este momento no ve la hora de que le llegue la sentencia del divorcio. Pero, un abogado de confianza le ha asegurado que eso recién sucederá en diciembre del año que viene y le aconsejó que, mientras tanto, trate de soportar los malos tragos y que procure no engancharse en nuevas manipulaciones.

Será cuestión de soportar y esperar, ya lo decía David Lebon "el tiempo es veloz".

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