Por una sociedad de las Américas

Por Joseph R. Biden

El mes próximo, el presidente Obama viajará a Trinidad y Tobago para reunirse con colegas del hemisferio occidental en la Cumbre de las Américas. Antes de esa histórica reunión, iré a América Central y América del Sur para consultar a los líderes latinoamericanos reunidos en Chile y Costa Rica sobre los desafíos que enfrentan sus pueblos.

Estas reuniones son un primer e importante paso hacia un nuevo día en las relaciones entre los países del hemisferio.

El presidente y yo comprendemos que sólo al trabajar juntos nuestros países pueden superar los desafíos que enfrentan. Ya no sólo somos naciones independientes que están en un mismo sector del planeta. En el actual mundo, interconectado, todos los vecinos enfrentamos muchas inquietudes comunes.

La crisis económica mundial nos ha afectado prácticamente a todos. Los ciudadanos de todos los países buscan respuestas, buscan esperanza, y para ello recurren a sus líderes. Es nuestro deber, como socios, escuchar su llamado y forjar juntos la solución a un problema común.

Nuestra administración está tomando medidas para hacer que esto suceda. Nuestro Congreso ha aprobado la ley para la recuperación y reinversión en Estados Unidos, que tiene como propósito promover la generación de empleo y fijar el curso para el crecimiento durante la próxima generación. Con su presupuesto, el presidente se propone sentar las bases de la economía del futuro, con considerable inversión en cuidado de salud, educación y energía. Y estamos trabajando con nuestros socios en el G-20, que se reunirá la próxima semana en Londres, en un plan concertado para asegurar la recuperación y reanudación del crecimiento y para reformar el sistema normativo y de supervisión internacional, con el fin de asegurar que una crisis de este tipo no vuelva a suceder.

Para el continente americano, reactivar la economía de Estados Unidos y asegurarse de que las instituciones financieras internacionales atiendan los intereses del pueblo es de particular importancia. La solidez económica de Estados Unidos es beneficiosa para el hemisferio y puede convertirse en el motor que impulse el crecimiento económico de abajo hacia arriba y la igualdad en toda la región.

La economía no es el único desafío que requiere nuestra cooperación. También enfrentamos un doble desafío de seguridad: nuestras naciones están agobiadas por la violencia de pandillas y el tráfico ilegal de armas y narcóticos.

En Estados Unidos, necesitamos hacer más para reducir la demanda de drogas ilícitas y detener el tráfico de armas y grandes cantidades de efectivo a través de nuestra frontera sur. Aplaudimos la valiente posición de México contra los carteles de drogas, como también los esfuerzos de Colombia por combatir las drogas, pero sabemos que tendrán el efecto secundario de empujar a los traficantes hacia América Central. Nos basaremos en la Iniciativa de Mérida, lanzada el año pasado por el presidente Bush, para ayudar a México y a los países centroamericanos. El narcotráfico es un problema de todos, y debemos encontrar una solución juntos.

También debemos concentrarnos en forjar y fomentar democracias sólidas, en las que la justicia, la igualdad social, el profundo respeto de los derechos humanos y el imperio de la ley sean los principios que guíen todo lo que hacemos. La democracia va más allá de las elecciones: requiere buen gobierno, transparencia y una sociedad civil próspera. También acometer los desafíos de la pobreza, la exclusión y desigualdad en la sociedad.

Reconocemos que Estados Unidos aún se esfuerza por cumplir con su objetivo constitucional de crear una unión más perfecta y que en el pasado no hemos alcanzado nuestros ideales. Pero juramos que honraremos los valores que inspiran a nuestra democracia. Es por eso que, en su tercer día en el cargo, Obama dispuso que se cerrara el centro de detención en la bahía de Guantánamo.

Finalmente, todos enfrentamos la amenaza del cambio climático y, por lo tanto, compartimos la necesidad de crear fuentes de energía limpia para combatir este peligro. El presidente y yo nos hemos comprometido a dar una respuesta urgente y concertada a este problema. Al colaborar como socios, podemos aprovechar el potencial de la energía verde de manera que proteja el planeta que recibirán nuestras futuras generaciones y, a la vez, catalice el crecimiento económico para las actuales generaciones. Al encarar estas amenazas y hacerle frente a la seria crisis económica, los países del hemisferio debemos fijar la vista hacia el futuro. Y debemos trabajar juntos, como aliados, para trasmitirles a nuestros ciudadanos la esperanza de que el futuro nos ofrecerá días mejores.

El autor es el actual vicepresidente de los Estados Unidos.

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