Sobrevuela el fantasma del desempleo

Despidos, suspensiones y reducción de jornadas llegan con la crisis; sólo hay estrategias limitadas para buscar un alivio; a fin de año, la desocupación podría pasar el 10%
El mundo de las relaciones laborales está cada vez más lastimado por la crisis de la actividad económica. Varios datos dan cuenta por estos días de que las esquirlas están bastante expandidas. Eso se traduce en un incremento de la cantidad de personas que sufren la falta de trabajo, ya sea porque fueron despedidas, porque no logran encontrar su primer empleo, o porque, aunque conservan sus puestos, deben resignar parte de los ingresos que hasta hace unos meses llevaban a sus hogares, como efecto de la reducción de horas en las que cumplen sus tareas.

Existen algunas acciones en las que intervienen diferentes actores sociales (Estado, empresas y sindicatos) para intentar que las heridas sean más leves. Se reemplazan despidos por suspensiones (el tiempo dirá si ese reemplazo es tal o si la estrategia habrá valido sólo para demorar cesantías); se rediseñan las jornadas y los turnos laborales para repartir las diezmadas horas de actividad, o se recurre a fondos públicos para afrontar parte del salario de empleados del sector privado.

Pero las estrategias, claro, tienen fuertes límites. Uno es que su instrumentación depende en muchos casos de las espaldas financieras de las empresas. Otro, por demás evidente, es que no llegan a la economía informal, en la que se desempeñan casi cuatro de cada diez asalariados y en la que la alta vulnerabilidad es innegable. Quizá con mayor impacto justamente en este segmento, lo cierto es que todo lleva a pensar en un alza del índice de desocupación.

Los economistas estiman que a fin de año la tasa podría llegar a niveles de entre el 10 y el 12% de la población activa. Eso significaría que el país tendría entre 300.000 y 650.000 nuevos desocupados.

La construcción, la industria automotriz, la metalurgia, el turismo, el comercio y las confecciones textiles figuran entre los sectores económicos a los que la crisis les pegó de manera más temprana y con mayor intensidad.

En la construcción, el sector que más movimientos muestra en su fuerza laboral -tanto en épocas de crecimiento como de retracción económica-, la cantidad de puestos cayó un 13,1% en el primer bimestre del año respecto de igual período de 2008, según datos del Instituto de Estadística y Registro de la Industria de la Construcción (Ieric). El informe destaca que en febrero último no varió el nivel de ocupación respecto de enero, después de varios meses con caída.

La expectativa del sector, según recordó Raúl Massarini, gerente ejecutivo del Ieric, está puesta en la obra pública. Antes de finalizar 2008, el Gobierno había anunciado un megaplán de infraestructura, pero hasta ahora no se concretaron proyectos que permitieran una recuperación, aunque más no sea parcial, de los puestos perdidos. Ni se transfirieron grandes sumas de los fondos previsionales privatizados -tal como se había anunciado- para financiar los trabajos. Según el Ieric, en febrero el sector tenía 324.490 empleos en blanco, unos 50.000 menos que un año atrás. La baja no fue más pronunciada, según Massarini, "porque en 2008 triplicamos las inspecciones y eso hizo que mejorara el registro". En cuanto al aumento efectivo de los planteles, lo que se espera no es alentador: según la encuesta a constructores hecha por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), casi el 27% cree que su dotación caerá y menos de un 10% espera un alza.

Dadas las particularidades de su sistema laboral, la construcción no está entre los sectores que más recurren a planes como el de Recuperación Productiva (Repro), administrado por el Ministerio de Trabajo y orientado a subsidiar parte de los salarios. Según datos de la cartera laboral, el sueldo de 64.739 empleados de 1203 empresas depende en parte de esta ayuda de $ 600 mensuales. Las industrias autopartista, del cuero, de la carne, la textil y la metalúrgica, son las más alcanzadas por el plan (ver recuadro). También hay más de 1000 casos en la industria automotriz, que lleva ya varios meses afectada por medidas como el anticipo de vacaciones, las suspensiones o la reasignación de turnos de trabajo.

En la industria en general y según la encuesta del Indec, sólo el 1,8% de los empresarios cree que durante este trimestre contratará trabajadores. Un año atrás, el 16,8% era optimista.

Para el abogado asesor de la Unión Industrial Argentina (UIA), Daniel Funes de Rioja, el Repro es útil para atenuar el impacto de la crisis, aunque debería revisarse su mecánica para establecer que quienes queden temporariamente fuera del mundo del trabajo cobren el seguro de desempleo, que debería incluir componentes de capacitación y recalificación laboral.

El seguro de desempleo es una prestación de la seguridad social que ha quedado desfasada frente a la inflación y a las recomposiciones salariales. El monto de la asignación tiene un tope de $ 400, con lo cual pierde toda relación razonable con el ingreso que la persona cesanteada tenía en su actividad.

Personal calificado

Según Funes de Rioja, el efecto de la crisis en el empleo aún se ve más en la falta de generación de nuevos puestos que en la destrucción de los existentes. Una de las razones es la necesidad de preservar las dotaciones de mano de obra calificada, sobre todo tras la experiencia que hubo en los primeros tiempos de la reactivación que asomó allá por 2002, cuando muchas empresas se quejaban por no encontrar personal con la preparación adecuada para desarrollar algún oficio.

Recordando aquellas dificultades, Ricardo Güell, gerente general de la Asociación de Industriales Metalúrgicos (Adimra), advirtió: "Este sector no quiere perder a su gente". El directivo sostuvo que los problemas para la metalurgia no llegaron con la explosión de la situación financiera internacional, sino antes. El conflicto con el campo y la caída de la competitividad durante 2008 ya habían hecho lo suyo contra la curva ascendente de la producción.

Con más de 7000 trabajadores alcanzados por el Repro, en el sector metalúrgico sostienen que el monto actual del programa, de $ 600 por trabajador, no alcanza para sostener al personal suspendido, porque los salarios rondan los $ 2500. Según Güell, de los 230.000 empleados metalúrgicos, el 40% sufre riesgo de ser suspendido.

"Todos los estados hoy se preocupan para actuar en defensa del empleo y Estados Unidos está dando la referencia", analizó el economista Marcelo Lascano, quien agregó que no debería mantenerse una política para mantener ocupaciones que no aporten valor agregado. "Acá falta un enfoque sistémico, que implicaría revisar el gasto público" para que las políticas de subsidio no generen problemas, advirtió. Para Lescano, el índice de desempleo va en un camino ascendente, mientras que la Argentina no se corre de un lugar inconveniente: "nadie va a invertir en un país que no sabe qué busca", sentenció.

¿Y a cuánto subiría el desempleo? "Creemos que vamos a llegar a una tasa de entre el 9,5 y el 10%", respondió Mariano Lamothe, economista de la consultora Abeceb.com.

"Proyectamos que será del 11% a fin de año", afirmó Fausto Spotorno, de Ferreres & Asociados. El economista recordó que la política de suspensiones tiene sus limitaciones tanto en las empresas como en el plano fiscal. Pero además, agregó, hay hechos como las decisiones de multinacionales que cierran plantas, que no dejan mucho espacio para negociar la continuidad de puestos.

Según el relevamiento de la consultora Tendencias, en marzo hubo 20.362 despidos, y el promedio mensual de casos en lo que va del año se elevó en más de un 300% respecto de 2009.

De acuerdo con estimaciones de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL), en el primer trimestre el empleo formal habría caído un 1,5%, y el desempleo estaría rondando el 11%, en tanto que para fin de año se ubicaría en el 12,3 por ciento. Juan Luis Bour, economista jefe de FIEL, advirtió que "no se puede frenar la rotura del dique poniendo la mano delante", aunque consideró razonables los subsidios estatales.

Para el director de la Sociedad de Estudios Laborales, Ernesto Kritz, debería ampliarse el alcance de los planes de ayuda, derivando más recursos de las contribuciones actuales a la seguridad social. Kritz recordó que la creación de puestos está frenada desde el tercer trimestre de 2008 y afirmó que, si bien no se vio aún una destrucción masiva de empleos, hay que tener en cuenta que existe un rezago en el comportamiento del nivel de ocupación laboral respecto del de actividad.

Kritz apuntó también a un tema muy sensible por estos días: la relación que puede existir entre el número de empleos y la suba de salarios, en un escenario que entraña una caída de la productividad en varios sectores.

La puja por los ingresos se da en algunos sectores por capítulos, con acuerdos que contemplan en lo inmediato alguna asignación no remunerativa, y que retrasan los reclamos por alzas de los salarios de convenio.

Más allá de la intensidad de las demandas, lo cierto es que la crisis ya es una excusa para volver a extender el pago de montos libres de todo aporte al sistema jubilatorio, que así, y una vez más, resulta desestimado.

160.000

Personas

* Según estimaciones privadas, es el número de nuevos desocupados que dejaría cada punto de aumento del desempleo

Panorama de la crisis laboral

* La construcción. Es la actividad en la que el empleo muestra mayor sensibilidad a la marcha de la economía. En el primer bimestre del año la ocupación cayó un 13,1% interanual.

* La industria. En varias ramas hay estrategias para evitar o demorar despidos, con suspensiones y reducción de jornadas. Sólo el 1,8% de las empresas cree que tomará personal.

* Comercio y servicios. Si bien no hay despidos masivos, en muchas empresas reducen de a poco las dotaciones. No se renuevan las vacantes de los trabajadores que dejan sus tareas.

* Proyecciones. Los economistas estiman que hacia fin de año la tasa de desempleo podría ser de entre el 10 y el 12%; se sumarían entre 300.000 y 650.000 nuevos desempleados.

* Negociaciones. Los acuerdos salariales, protagonistas de los últimos años, cedieron algo de su espacio a los acuerdos de crisis, en los que se discuten suspensiones o despidos.

* Subsidios. Como parte de una estrategia para intentar que no se produzcan despidos, el Estado paga una parte de los salarios de casi 65.000 trabajadores del sector privado.

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