Sobre lo privado y lo público

Por: Osvaldo Pepe

La Federación Argentina de Clubes de Campo, que agrupa a unas 70.000 casas de countries top, admite que éstas ya no son "paraísos de seguridad". La estadística dice que sólo en 2008 hubo más de la mitad de denuncias de robos que en los cuatro años anteriores juntos. El tema vuelve a disparar el debate en torno a los espacios vacíos que deja el Estado en asuntos que constituyen la esencia de la potestad pública: seguridad, salud, educación. En la suma y articulación de ellos se resume el concepto de igualdad de oportunidades, el piso desde el cual deberíamos partir todos en la grilla de la vida.

El propio ministro de Seguridad bonaerense, Carlos Stornelli, le dijo a este diario que "hay mucha gente a la que no le conviene que mejore la seguridad". Y no recurrió a eufemismos: "Gente que tiene que vender más armas, rejas, alarmas, seguridad privada".

Esa seguridad privada tiene hoy casi tantos agentes como la propia Bonaerense. Son dos ejércitos paralelos, con fuertes vasos comunicantes. Algunos de quienes han sido expulsados de la fuerza por delinquir nutren los ejércitos privados y muchos de quienes integran la Bonaerense, se sabe, andan en asuntos non sanctos. No son policías ladrones: son ladrones y secuestradores disfrazados de policías.

En consonancia con la desarticulación del Estado de Bienestar, los sectores más pudientes protagonizan desde hace al menos tres décadas una migración continua. Primero fueron los colegios privados, luego las prepagas, hasta llegar a la seguridad privada. Y aunque no siempre el mercado les brinda respuestas, de última saben que siempre pueden recurrir al hospital y la escuela públicos, y a la buena Policía. A las instituciones que sostienen la vida en común.

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