Sobre los locos y las locuras

Por: Osvaldo Pepe

Si llamo a una sesión para tratar esto, el Loco me echa". La frase, del presidente de la Cámara de Diputados, el kirchnerista Eduardo Fellner, se refiere a Néstor Kirchner y a su frontal rechazo a explorar en el Congreso una salida política para destrabar la crisis en el Banco Central

La publicó Clarín el jueves y hasta el momento de escribir estas líneas no fue desmentida. Y no sólo porque fue cierta, sino porque a Kirchner le reconforta que todos sepan que él es quien manda, más allá de las instituciones y de misma ley. El "Loco" nunca propone. Sólo dispone.

La frase, en verdad, no revela nada nuevo, ya que en el peronismo y en la oposición es cada vez más extendido el uso de ese apelativo para definir el estilo político iracundo del ex presidente, el hombre siempre dispuesto a patear la mesa de cualquier acuerdo que provea racionalidad. Más allá de todo, la frase es patética en sí misma porque pone al desnudo una enfermiza personalidad autoritaria, y aún lo es más en el marco de un sistema político republicano y democrático, donde se presume a la negociación como el punto de partida para la construcción de consensos.

Lo que Kirchner, es decir el Gobierno, no tuvo ni tiene en cuenta es que su todavía no desmentida "locura" es la que originó la crisis a través de los dos DNU firmados por la Presidenta, en lugar de tramitar el uso de reservas y el despido de Redrado a través del Congreso. Bastaba con un llamado a sesiones extraordinarias y con procurar un acuerdo parlamentario con la oposición.

El escándalo institucional ya dejó secuelas que pueden ser un obstáculo para el canje de deuda en marcha. Nadie gana políticamente: sólo pierde el país. Aún así, parece más sencillo denunciar "confabulaciones" de la oposición, la Justicia y los medios, que admitir los errores y corregirlos. A los "locos" es algo que les cuesta mucho, justamente por eso: porque la locura los ciega.

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