Sobre llovido, mojado

La llegada de boletas con aumentos ha desatado la queja de los consumidores, que amenazan incluso con una rebelión de no pago. Los estados salen a sincerar números en el peor momento.
Las embestidas por las subas de tarifas y de impuestos se multiplican. El defensor del Pueblo de la Nación, Eduardo Mondino, se puso al frente de la negativa a que se apliquen los aumentos de luz y de gas mientras que los consumidores realizan asambleas para dejar en clara su oposición. En la ciudad de Córdoba, los centros vecinales protestan por el revalúo municipal, mientras el intendente Daniel Giacomino defiende el alza planteando que los recursos volverán en servicios; una actitud similar a la asumida por las autoridades de la Epec cuando ajustaron la tarifa. Puestos contra la pared por la caída de la actividad, los gobiernos aprietan a los ciudadanos en el peor momento, cuando por la crisis global la economía interna recae y hay temor a la pérdida del empleo y a cómo serán los ingresos este año.

Con diferentes matices el argumento se repite: se le cobra más a los ciudadanos para darle más prestaciones. En la Argentina al planteo no lo cree nadie. La costumbre indica que más impuestos o tarifas más altas no redundan en mejores servicios. Y no hay porqué pensar que esta vez será diferente.

Desde la salida de la convertibilidad, la Nación y la mayoría de las provincias y municipios decidieron congelar impuestos y, además, frenar ajustes tarifarios en muchos casos cubriendo con subsidios -es decir, plata de los consumidores- los baches que se producían en los presupuestos empresarios. Este año, cuando el huracán internacional pega a la Argentina y reina la incertidumbre, se decidieron a “sincerar”. Lo que no hicieron cuando la economía marchaba a buen ritmo y el humor social era mejor lo hacen en época de vacas flacas.

Su lógica -la de la mayoría de los gobiernos- es clara: si baja la recaudación por un lado (por caso, impuestos sobre la actividad) deberá subir por otro. El esquema de pensamiento de los consumidores es otro: a la hora de recortar gastos y hacer rendir la plata se paga el servicio que se corta. La luz, el agua y el gas son prioritarios. El inmobiliario y el automotor pueden esperar. Ni la Municipalidad ni la Provincia quitarán el auto o la casa y, en unos años, seguramente instrumentarán una moratoria y, si las cosas mejoraron, se pondrán al día.

En un contexto de recesión -y las experiencias así lo muestran- la suba de la presión impositiva termina con más morosidad.

Niveles récord

La presión tributaria (que mide la relación entre la recaudación y el PIB) en Argentina es similar a la de economías más avanzadas. Según la Ocde, la presión tributaria en los países desarrollados se ubica en promedio en torno al 38 por ciento del PIB. En la Unión Europea, en algunos casos, supera incluso el 40 por ciento.

En Argentina la presión tributaria creció durante 2008 hasta ubicarse en 26 por ciento, un punto porcentual más que en 2007. Eso es a nivel nacional. Según datos de la consultora Abeceb.com el aumento recayó en mayor medida sobre los consumidores, ya que el IVA explica más del 25 por ciento del aporte al crecimiento de la recaudación, a la vez que también subió el peso para los exportadores por las retenciones. Sin retenciones el superávit fiscal no hubiera existido.

Ya en el último bimestre de 2008 y en enero la recaudación comenzó a sentir la desaceleración de la actividad económica y se ha sostenido gracias a la seguridad social (estatización de las AFJP). Desde el Instituto Argentino de Análisis Fiscal, dirigido por Nadín Argañaraz, se advierte que la presión tributaria está tocando techo y no hay más margen para seguir subiendo los impuestos.

“Subir los impuestos es disminuir los ingresos disponibles de la población en un momento en que la economía entra en una fase descendente”, apunta Argañaraz. Lo que va al Estado no va al consumo privado.

Provincias y municipios buscan compensar con el bolsillo del ciudadano lo que no recibirán desde la Nación y ésta recorta subsidios a las empresas -como es el caso de las eléctricas- para disponer de más dinero para otros gastos. El círculo está armado. Y no es virtuoso

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