Sobre llovido, mojado: ahora a la industria le pega la incertidumbre

Por: Alcadio Oña

La desaceleración de la economía venía de antes y ya era un dato de la realidad, pero en octubre el factor incertidumbre hizo que la tendencia tomara color oscuro. Y tanto, que le pegó al sector automotriz, el único que aún conservaba el dinamismo de tiempos mejores.

El mes pasado, las ventas totales de las fábricas a los concesionarios cayeron 3,9% respecto de octubre del año pasado. Fue el primer bajón interanual desde 2003, cuando el país recién estaba emergiendo de la crisis. La producción aumentó 5,1%, lejos de los elevados números recientes, pero retrocedió 7% en relación a setiembre.

Claramente, el sector automotriz encubría hasta ahora el repliegue generalizado de la actividad industrial. Según el INDEC, la producción fabril creció 6,3% en el tercer trimestre de 2008, pero si se le saca autos la suba se reduce a un exiguo 2,8%, o sea, a menos de la mitad.

Esto significa que hay actividades que ya marchan al 4% o menos del 4%. Y otras que directamente caen y mucho, como el 14,5% de la producción textil en setiembre.

El sector automotriz siempre pisó fuerte en los datos industriales, sólo que últimamente eso resultó muchísimo más notorio. Y no hace falta retroceder demasiado para comprobarlo: en el tercer trimestre de 2007, la misma estadística del INDEC daba 6,8% sin autos y 7,1% con autos. La enorme brecha de este año se explica, pues, en la contracción de otras actividades.

Existe ahora un dato extendido, que gravita bastante más que la crisis internacional en los planes empresarios y en las decisiones de los consumidores: la incertidumbre interna. Cuenta un consultor que durante los primeros días de octubre los contratos en las concesionarias habían caído 10% y que se desplomaron a cero cuando el Gobierno anunció la reestatización previsional. Y esto que pasa con los 0 km se repite con los electrodomésticos, la electrónica y en cualquier otro negocio donde pesen las expectativas.

Es ya evidente que con los fondos acumulados en las AFJP y la recaudación extra, el Gobierno busca apuntalar la caja fiscal y pretendió, también, dar certezas sobre el pago de la deuda. El punto es que, por lo mismo, se destruyeron otras señales, se instaló la impresión de que "podían ir por más" y se generó un ancho espacio de dudas.

Aun cuando también haya maniobras especulativas, este factor juega en la presión sobre el dólar, la salida de capitales, en los esfuerzos y los métodos oficiales por contener el temblor cambiario. También, en la reaparición a tambor batiente de Guillermo Moreno, que opera sobre empresas y bancos para que no compren dólares o directamente vendan los adquiridos en las últimas semanas.

En el mismo baile del apriete habrían entrado otros funcionarios y directivos de entes supuestamente autónomos del área energética. Comentario de este ámbito es que también están pidiéndoles a los ejecutivos de las compañías que salgan a vender posiciones en divisas.

Hay algunas medidas del Banco Central para aliviar la presión cambiaria. Pero es mucho, muchísimo, el bloqueo y el activismo que desde despachos oficiales despliegan sobre el mercado. Fuera de la efectividad misma del método, una cuestión es cuánto tiempo puede sostenerse este operativo. Otras: qué ocurriría si se levantan los controles o cuáles serían las probables fases siguientes.

Ruido interno es lo que hay, y bastante más sonoro que el que viene de afuera. Por cosas de la incertidumbre y del fulgor cambiario, empresas de primera línea no consiguen financiamiento o deben pagar 35% anual y automotrices multinacionales que se endeudan a cerca del 30%. Escasea el crédito más básico, cuando se sabe que ninguna economía puede funcionar sin crédito. Y esto es parte de la misma encerrona.

Con los efectos de su movida ya instalados, el Gobierno apura la aprobación de la reforma previsional. Eventualmente, en la creencia de que sacándolo de la escena el tema desaparecerá.

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