"Me sobra actitud aunque no me tire a los pies..."

HURACAN: El Flaco saca pecho y no frío, justamente. Con su vuelta al gol y la gran actuación ante Lanús, calló a los detractores de su estilo: "Ahora no dicen nada".
Pocas veces se lo va a ver eufórico o tremendamente expresivo. La paz que rodea a Javier Pastore pertenece más a San Roque, el pueblo cordobés donde pasó buena parte de su adolescencia, que al ritmo vertiginoso y atolondrado de la Capital Federal donde vivió sus últimos años. Aunque la quietud de sus movimientos y su tono de voz suave quedan atrás apenas susurran en sus oídos la hiriente definición de "pecho frío". "En la semana hubo personas que me dijeron eso, je. Y por suerte pude demostrarles que no es así. Me acordé de muchos que me decían en la calle que era un pecho frío por lo goles que me erré o porque no me tiro al piso... Por eso el festejo", explica el volante-delantero de 19 años, refiriéndose al gestito que hizo luego del primer gol, donde además de besar a su mamá Patricia, se frotó el pecho ante la platea Alcorta.

-Fue raro ver cómo desafiaste a los plateístas...

-Pasa que el murmullo se escucha y a veces molesta. Que en las divididas no vaya como van algunos otros, no quiere decir que no meta. Me sobra actitud aunque no me tire a los pies. Igual, ahora corro más cuando hay que recuperar la pelota, soy más solidario con el equipo.

-¿La llegada de Angel Cappa fue clave en esa mejora que marcás?

-Sí, por supuesto. Cuando asumió me dijo que le habían llegado comentarios sobre mi, que yo era bueno pero que no corría y que no servía para el equipo porque "me iba del partido". Me contó eso para ver qué pensaba yo; me pinchó un poquito para ver qué sentía. Y ahí como que me quise demostrar a mí mismo que podía jugar mucho mejor y también ayudar a recuperar la pelota.

Ni más ni menos que un toque al orgullo del cordobés. Así lo tomó él: con más de un año en Huracán, el banco fue lo habitual en aquellas épocas de Ubeda y Martínez. Por eso, desde ahí Javier le hizo cruz diablo al puesto de suplente: "Con Claudio casi no jugué y en el tiempo que estuvo Jesús, prefirió darle la responsabilidad a los grandes para salir de un mal momento. Los más chicos no lo compartíamos porque queríamos jugar", rememora Pastore, cauteloso, para no faltarle al respeto a sus técnicos anteriores. Pero el presente es distinto y él siente que "hice de todo para poder crecer como jugador".

-Agregaste un complemento a lo que traías desde el potrero: marcar, intentar recuperar...

-Puede ser, pero del potrero me quedó algo muy importante: soportar las patadas. En los partidos del barrio me pegaban mucho más que acá y más duro. Eran duelos ásperos.

-¿Y en qué puesto jugabas en ese tiempo?

-Desde que arranqué jugaba de delantero. Después, cuando fui a Talleres, en la Sexta, empecé de enganche y ahora creo soy una mezcla de todo eso, je.

-¿Sentís como un desgaste muy fuerte jugar un rato en cada posición?

-Sí, más bien. No es fácil jugar de todo. Pero me ayudó mucho la pretemporada y también los entrenamientos diarios. Pensar que nos criticaron la forma de trabajar en la pretemporada, con mucho fútbol reducido y ejercicios con pelota.

-Una preparación diferente a las habituales, pero ¿igual de cansadora?

-Más bien, terminábamos muertos. Que no se trabajó es mentira. De hecho, ahí agarré el funcionamiento que Cappa quería. Hicimos mucho fútbol y definimos nuestro estilo de juego que hoy nos hace ilusionar.

-Aquello de mantener los pies sobre la tierra no parece ser para vos.

-Es que ahora estamos ahí arriba. Y si logramos seguir así, ojo con Huracán...

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