La situación económica, más que una oportunidad electoral, un desafío

La situación económica, más que una oportunidad electoral, un desafío
Por Hugo Haime Analista político

Mientras oficialistas y opositores se han lanzado de lleno a la campaña pensando estrategias y estructurando alianzas, la población comienza a intuir que no será un año fácil para sus vidas

El mundo nos muestra que las cosas no serán sencillas para nadie. Mucho menos para aquellos que pueden quedarse sin trabajo tal como predicen algunos organismos internacionales. Las consecuencias sociales de la actual crisis no serán menores. Lo vemos en Rusia, en Francia, en España, en EE.UU. El presidente Obama como emergente de la demanda de cambio en el país que generó la crisis tiene el mandato de evitar su profundización y reiniciar el crecimiento y mientas los republicanos le siguen poniendo palos en la rueda especulando con que fracase y ellos vuelven en 2012, 65% de la opinión pública le brinda apoyo. Pero Obama ya ha dicho que resolver las cosa le demandará años. Y sería bueno que la dirigencia de nuestro país lo escuche con atención y no simplifique las cosas tornándolas en mera especulación electoral. De hecho sus potenciales electores ya han tomado nota de la situación. Y entonces mientras oficialistas y opositores se han lanzado de lleno a la campaña electoral pensando estrategias y estructurando alianzas mas pensado en 2011 que en 2009 la población comienzan a intuir que no será este un año fácil para sus vidas. Veamos algunos datos de estudios nacionales: pocos son quienes tienen expectativas de que al país las cosas le vayan mejor que en 2008, considerando el 49% que en dicho año al país las cosas le fueron peor que en 2007. Para 2009 teniendo en cuenta el contexto de la crisis internacional solo 30% piensa que el país seguirá creciendo mientras, el resto se divide entre quienes creen que dejara de crecer o que se puede volver a tiempos de crisis. Y si bien la expectativas personales son algo mejores, cerca del 35% de los hogares en el nivel nacional tienen temor de que alguno de sus miembros pierda el trabajo y o que se le reduzcan los ingresos. Como vemos, un panorama de angustias e incertidumbre.

Hay desde la oposición quienes piensan que cuanto más crisis mejores oportunidades para golpear el oficialismo y hay quienes desde el oficialismo piensan que el temor a la crisis los beneficiará electoralmente. Sabemos que cuando hay crisis en general lo que se pide es rumbo, certidumbre, protección y orden y al primero que se mira es al Gobierno. Si este puede generar confianza y certidumbre de que sabe hacia dónde es la salida, recrea expectativas y genera acciones eficaces puede pensarse que la situación puede favorecerlo. En 1995 el temor a la crisis económica, la vuelta a la inflación y a la posible perdida de la convertibilidad favoreció al oficialismo. Pero si el plan de obra pública no se implementa adecuadamente con fondos que lleguen a tiempo, los planes de reactivación de consumo para los sectores medios quedan a medio camino, y no hay cambios en el estilo político, el recuerdo de los últimos años de crecimiento puede quedar solo en añoranzas y la miradas se podrán depositar con más firmezas en la oposición. Pero el desafío para los dirigentes opositores no es cómo armar el mejor frente electoral para acumular votos, sino básicamente darle a la población la seguridad de que si el Gobierno llega a perder las elecciones legislativas las cosas no solo no se pondrán peores sino que la oposición es garantía de mejor futuro. Si el Gobierno no logra recrear las expectativas y la oposición las esperanzas, lo que primará será el descreimiento y de allí a que veamos crecer la abstención electoral y la crítica a la dirigencia política hay un paso. Muy probablemente tendremos entonces un año electoral en donde lo que menos le importará a los electores son las boletas de los candidatos y lo que más importará son las soluciones y las certidumbres.

La crisis entonces más que una oportunidad electoral es un enorme desafío para todos los actores políticos.

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