El sismo en los bloques

El final del año legislativo mostró un kirchnerismo triunfante, convirtiendo en leyes los proyectos que el Gobierno envió al Congreso.
Pero tras el conflicto con los ruralistas, el oficialismo perdió la cómoda mayoría que ostentaba a comienzos de 2008 en la Cámara de Diputados, con una sangría de su propia tropa y de la Concertación que había construido para ungir a Cristina Fernández de Kirchner como presidenta. Una decena de diputados abandonaron el bloque K para emigrar hacia otros horizontes políticos y hay otros tantos que, aun dentro de sus filas, se han rebelado a la hora de acompañar ciertas iniciativas del Ejecutivo. Las deserciones también alcanzaron a los aliados parlamentarios, donde los radicales K se partieron y casi la mitad de ellos se alineó con Julio César Cleto Cobos; mientras los legisladores “transversales” se alejaron cada vez más del oficialismo. Ya sin quórum ni mayoría calificada propia, el kirchnerismo termina el año obligado a recurrir a sus socios más fieles y a tejer alianzas puntuales para hacer prevalecer sus proyectos.

La imagen del efusivo festejo del bloque K tras cada trabajoso triunfo en una votación dividida pasó de ser una situación excepcional a una postal casi cotidiana en la Cámara baja. La renovación parlamentaria que acompañó el triunfo de CFK a fines de 2007 mostraba a un poderoso kirchnerismo parlamentario que alcanzaba quórum propio para abrir cualquier debate y una cómoda mayoría para imponerse ante cada votación. Incluso, en ambas cámaras, con aliados incluidos se acercaba a los dos tercios de los legisladores. Pero el conflicto con los ruralistas cambió la correlación de fuerzas.

Felipe Solá logró plasmar lo que comenzó a diseñar durante la puja con las entidades agropecuarias: transformarse en el líder de los oficialistas díscolos y encabezar el tantas veces anunciado cisma en la bancada K. El bonaerense sumó a su flamante bloque Unión Peronista a otros siete ex kirchneristas rebelados contra la resolución 125 y presentó un interbloque de peronistas anti K con más de una veintena de legisladores. Allí se mezclan los felipistas, los puntanos alineados con los hermanos Rodríguez Saá, los duhaldistas Jorge Sarghini y Jorge Villaverde –cada uno con su bloque unipersonal– y los peronistas asociados con el macrismo, como Juan José Alvarez y el matancero Julio Ledesma.

Con otras deserciones –como la de la santiagueña Marta Velarde, ahora aliada de Elisa Carrió en la Coalición Cívica–, el kirchnerismo pasó de 132 diputados propios a 118. Pero las desdichas para las principales espadas parlamentarias K no terminaron ahí. Aún conservan dentro de sus filas a un grupo de díscolos difíciles de domesticar. Una lista que incluye desde los entrerrianos que se opusieron a las retenciones hasta la tríada de santafesinos encabezados por el ex gobernador Jorge Obeid, pasando por el siempre líbero Luis Barrionuevo y su esposa Graciela Camaño.

En ese contexto, los jefes del bloque K deben negociar no sólo hacia afuera, sino también hacia adentro de sus filas. Los santafesinos Obeid, el ex presidente de la Comisión de Presupuesto Walter Agosto y Ariel Dalla Fontana no se alinearon con el paquete anticrisis que CFK envió al Congreso y el oficialismo negoció su ausencia para poder hacer frente a la votación con menos riesgos. No sólo no votarían en contra, sino que su faltazo bajaría el número de diputados presentes y por lo tanto la cantidad necesaria para lograr la mayoría.

La votación de Cobos en el Senado también fracturó a los radicales K en Diputados. De los diez representantes de la Concertación Plural, sólo quedaron seis, a su vez divididos. Los otros cuatro, encabezados por el ex intendente marplatense Daniel Katz, saltaron al cobista Consenso Federal y se enfrentaron al kirchnerismo en la Cámara baja.

Otros cuatro aliados que habían resultado electos en las listas K decidieron aglutinarse en un ámbito propio. Así, el socialista K Ariel Basteiro, la porteña Vilma Ibarra y las referentes de Libres del Sur, Cecilia Merchán y Victoria Donda Pérez, formaron el bloque Encuentro Popular y Social. El bloque “transversal” se mantuvo firme junto al kirchnerismo en medio de la pulseada con los ruralistas y lo acompañó en la reestatización de Aerolíneas y las AFJP. Pero empezó a distanciarse por otros motivos: la decisión de Kirchner de privilegiar la alianza con el PJ. Iniciativas como el blanqueo de capitales, los tuvo (salvo a Basteiro) en la vereda contraria del oficialismo.

La votación –impulsada por otro ex aliado K, Miguel Bonasso– para volver a dar tratamiento parlamentario a la ley de Protección de Glaciares –vetada por la Presidenta– encendió una alarma: el oficialismo perdió la votación, aunque la oposición no logró los dos tercios para alcanzar su objetivo. Por eso, el bloque K puso todo el esfuerzo en la sanción de las leyes generadas desde el Gobierno para enfrentar los coletazos de la crisis internacional y postergó otras iniciativas del Ejecutivo que podrían trastrabillar, como la designación del nuevo procurador penitenciario y la emergencia agropecuaria. Dos proyectos con fuerte resistencia en la oposición y dentro del bloque.

En el Senado, el balance anual tampoco resultó alentador para el oficialismo. Allí se perdió la votación por las retenciones móviles y el bloque k no alcanzó a disciplinar a los rebeldes. Los salteños Juan Carlos Romero y Sonia Escudero aparecen cada día más alejados del Gobierno. Otros díscolos parecen no acatar todas las decisiones K: una lista que, entre otros, incluye a los santafesinos Carlos Reutemann y Roxana Latorre, el cordobés Carlos Urquía y el impredecible pampeano Rubén Marín. El rionegrino Pablo Verani encabezó el éxodo de los radicales K y el peronista chubutense Marcelo Guinle habría anticipado su intención de manejarse con mayor independencia.

Por ahora, nada anticipa que esta situación vaya a mejorar en 2009, un año electoral donde el kirchnerismo será la fuerza política que más bancas pondrá en juego en las elecciones legislativas.

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