El sinuoso regreso al Fondo

Por: Maximiliano Montenegro.

El plan BB (Boudou-Blejer) para volver al FMI. El ministro de Economía iniciará las gestiones para solicitar al organismo una auditoría anual, como aceptan Bolivia, China y hasta Estados Unidos. Con esa credencial pretende acceder a los mercados de crédito en enero. Cómo convenció a Kirchner de la necesidad de emprender el camino del regreso. Los riesgos.

"Yo aspiro algún día a ser candidato en Chile y (Dominique) Strauss-Kahn quiere ser candidato a presidente de Francia. Lo último que vamos a hacer es presionar a la Argentina para comprarnos problemas. Si quieren ser keynesianos nos parece bárbaro, es lo que se está haciendo en todo el mundo. Sólo les pedimos que sean consistentes. Si van a mantener o a aumentar los niveles de gasto público, tienen que encontrar cómo financiarlo". El chileno Nicolás Eyzaguirre, director del Departamento del Hemisferio Occidental del Fondo Monetario, transmitió ese mensaje a un funcionario del área económica.

El martes próximo, Eyzaguirre desembarcará en Buenos Aires para participar de un seminario organizado por el Consejo de las Américas. Será la excusa para entablar el primer encuentro formal con el ministro de Economía, Amado Boudou, quien empezará a recorrer así el sinuoso camino de regreso al FMI. "Nos vamos a tomar un café o una cerveza", dice el ministro, buscando moderar las expectativas alrededor de la reunión.

Como anticipó este diario, la intención de Boudou es solicitar al Fondo la llamada revisión del Artículo IV, una auditoría anual que efectúan los técnicos de la entidad en los 186 países miembros.

La última vez que se discutió el caso argentino en el directorio del FMI fue el 28 de julio de 2006, meses después del pago de casi u$s 10 mil millones al organismo, cuando se aprobó el último informe del Artículo IV para el país. Desde entonces, la administración K rechazó cualquier examen por parte de los burócratas de Washington. Y hasta obligó a mudar la representación local del Fondo, que hasta ese momento contaba con un par de oficinas en el propio edificio del Banco Central.

"Todavía hay algunos prejuicios ideológicos en Olivos", admiten en Economía. Sin embargo, Boudou cree haber convencido a Kirchner con dos argumentos de peso. Primero, no se reeditará el vínculo de los noventa con el Fondo. El Gobierno no gestionará préstamos, que aún en sus variantes más flexibles exigirían una serie de condicionalidades. Segundo, la evaluación del Artículo IV no denota debilidad política, ni sometimiento ideológico. Evo Morales la acepta en Bolivia (la última revisión fue publicada en enero) y hasta las potencias, como Estados Unidos y China, acceden a ese monitoreo. Venezuela es la excepción. Pero, a diferencia de Argentina, Hugo Chávez puede permitirse ciertos lujos: es acreedor neto del mundo, ya que sus reservas superan el monto de su deuda.

En las últimas semanas, Mario Blejer defendió, en diversos foros de economistas, la estrategia de Boudou de acercarse al FMI en la búsqueda de credenciales. Con ese aval, explicó, quedaría despejada la renegociación de la deuda con el Club de París y se franquearía también el camino para que el Estado argentino vuelva a emitir deuda en los mercados de capitales en enero de 2010.

El ministro de Economía pretende iniciar los trámites para contar con un Artículo IV en 2009. El primer paso podría darse esta misma semana, durante la reunión con Eyzaguirre. Las negociaciones continuarían el mes próximo, durante la cumbre del G-20. Y se completarían en octubre, durante la asamblea anual del Fondo en Estambul.

El plan BB (Boudou-Blejer) es respaldado, con entusiasmo, por Martín Redrado. El titular del Banco Central considera, incluso, que Argentina podría acceder a crédito barato en la ventanilla de Washington, que cuenta con un gran excedente de recursos tras la ampliación de capital aprobada por los países desarrollados en abril. A fin de este mes –el 28 de agosto– el Fondo distribuirá u$s 250.000 millones en DEG (derechos especiales de giro), según la cuota de cada país, los que servirán para fortalecer las reservas en divisas de sus miembros. En el caso de Argentina recibirá unos u$s 2.500 millones, que compensarían la caída de reservas ocasionada por el pago del Boden 2012 a principios de mes.

Pero el regreso al Fondo no está exento de escollos y de riesgos políticos. Aún en su versión más "light".

Primero, por las nuevas normas de transparencia del FMI, los informes del Artículo IV deben ser publicados semanas después de aprobados, incluidas las discusiones en el directorio de la entidad, donde suelen deslizarse críticas u observaciones a las políticas domésticas. Por ejemplo, a fines de enero, tras convalidar el monitoreo de la economía boliviana, el Fondo informó que en el directorio de la entidad había quienes sugerían avanzar con "reformas estructurales para fortalecer la posición fiscal" y otros integrantes que recomendaban una "mayor flexibilidad cambiaria" para afrontar la crisis internacional. Eufemismos para referirse a un mayor ajuste fiscal y un tipo de cambio más alto.

¿Cuál sería la reacción de los Kirchner si el FMI vertiera en un documento sobre Argentina semejantes comentarios?

En segundo lugar, si se le abriera la puerta al Fondo recobrarían protagonismo los pronósticos del organismo. Para este año, por caso, contra la opinión oficial, proyecta una caída del PBI argentino de 1,5% y para el próximo estima un módico repunte de 0,7%, muy por debajo de la mayoría de los países de la región.

También ganaría espacio cualquier comentario del representante del Fondo para Argentina y Uruguay, Gastón Gelos, quien por estos días suele reunirse con inversores extranjeros y empresarios casi en secreto. En Uruguay, Gelos habla en los diarios sobre casi todos los aspectos de la economía. Pero, hasta ahora, siempre que fue consultado sobre Argentina, respondió, lacónico, que prefería no emitir opinión.

Finalmente, ¿el FMI aceptaría sin chistar las cuestionadas estadísticas del INDEC? Todo depende de los comentarios que formulen, a partir del jueves próximo, cuando se reúna por primera vez el Consejo Académico de evaluación del INDEC. Sin embargo, Guillermo Moreno jura, en el gabinete, que el Fondo ya dio el visto bueno a los "cambios metodológicos" que sus huestes introdujeron en los índices de precios. Y promete difundir los papeles en los próximos días.

Modelo. El meteórico ascenso de Boudou en el universo K se explica por su proyecto de estatización de las AFJP, que se convirtió en un verdadero salvavidas para la política económica en medio de la crisis internacional. Los Kirchner reconocieron siempre esa audaz jugada como una movida clave para sacar a flote el "modelo", cuando la recaudación empezó a flaquear y revoloteaba el fantasma del default.

Con ese carnet en la mano, Boudou ahora defiende, ante el matrimonio presidencial, la idea de que en 2009 se deben dar señales a los mercados, para recuperar la confianza perdida en la economía doméstica.

Dice que si se lograran abrir fuentes de financiamiento hacia fines de este año, en el 2010 se podría retomar la senda de crecimiento y mantener los niveles de gasto público para reposicionarse con fuerza con miras al 2011. A favor juegan el envión que aportará Brasil, la mejora de la próxima cosecha –después de la devastación que ocasionó la sequía– y el arrastre sobre sectores como la construcción si se lograra reducir a la mitad la fuga de capitales de los últimos dos años.

"El modelo necesita una inyección de capital. Nosotros no vamos a convalidar nunca un Estado que frene la obra pública o que aplique un ajuste presupuestario o cambiario. Hasta ahora, bancamos las inversiones con recursos corrientes. Pero para seguir haciendo keynesianismo en el futuro necesitamos una inyección de fondos frescos, para refinanciar los vencimientos de capital de la deuda y liberar fondos para la obra pública", es el argumento que se suele recitar en Olivos.

Para alcanzar ese objetivo es que propone transitar "el lento camino de reconstrucción del INDEC", una oferta para los holdouts (que se anunciaría en las próximas semanas) y recomponer la relación con el FMI. Sabe que es un sendero muy estrecho, que Moreno lo mira de reojo en el gabinete, y que los Kirchner todavía recelan del cambio de rumbo.

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