Síntomas de un poder desesperado e intimidatorio

Por Fernando Laborda

La abierta hostilidad hacia ciertos medios de comunicación es uno de los mayores ejemplos de la degradación de nuestra calidad institucional. Tanto como el uso de organismos oficiales como dispositivo de persecución política. Al igual que se hizo con otros sectores de la vida económica, el Gobierno se lanzó a acorralar a los propietarios de algunos medios periodísticos para conseguir su pase a manos más confiables para el poder.

Néstor Kirchner siempre hizo gala de su capacidad de coacción. Pero en momentos en que su autoridad es discutida y en que el gobierno de su esposa se encuentra debilitado tras la debacle electoral del 28 de junio, surge la necesidad de sobreactuar y de demostrar al mundo que el kirchnerismo conserva intacta la facultad de sojuzgar a quienes se le sitúen en la vereda de enfrente.

El dantesco operativo montado ayer en el diario Clarín , con la presencia de 200 inspectores de la AFIP, fue otro intento del kirchnerismo de eliminar del imaginario colectivo la idea de un poder político débil. Pretendió ser un acto intimidatorio contra un medio de comunicación en momentos en que se debate un controvertido proyecto de radiodifusión y pretendió ser una señal para los grandes contribuyentes en tiempos de cuentas fiscales flacas. Pero lo que, en los papeles oficiales, debía convertirse en una acción ejemplarizadora que exhibiera la capacidad de disciplinamiento del Gobierno concluyó en un fiasco.

Todo terminó en una torpeza parecida a la recordada detención de Alfredo De Angeli en pleno conflicto con el campo o a la embestida judicial contra Francisco de Narváez pocas semanas antes de los comicios. Lo grotesco del procedimiento, desmesurado por donde se lo mire y efectuado el mismo día en que el matutino publicó una información que vinculaba al titular de la AFIP, Ricardo Echegaray, con la entrega de un millonario subsidio a una empresa agrícola que no tenía habilitación, quedó al descubierto por las propias cámaras de televisión.

Echegaray desmintió haber ordenado el procedimiento. ¿Puede ser creíble que Echegaray desconociera un procedimiento semejante, que además incluyó unas 10 casas de directivos del grupo Clarín?

El recaudador impositivo, como Guillermo Moreno, es un soldado de Kirchner, forjado a su imagen y semejanza, que no se avergüenza al admitir que la AFIP es, para él, un engranaje del poder político, y no un órgano aséptico e independiente del Poder Ejecutivo.

Alguna vez, Echegaray confesó que se veía a sí mismo como el general de una legión romana integrada por más de 25.000 soldados, en referencia a la AFIP. También dijo ser consciente de que si quien conduce ese enorme grupo carece de objetivos claros, los legionarios podrían desatar el caos, como cuando los romanos saqueaban ciudades y violaban a sus mujeres.

Si Echegaray no dispuso el operativo contra Clarín ni conocía las acciones de 200 integrantes de su legión, como él ha dicho, podría concluirse que ha perdido el control sobre su ejército de inspectores. Queda por dilucidar si éste podrá cometer más excesos que los impulsos facciosos de un gobierno resuelto a perseguir a aquellos sectores con los que se siente molesto.

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