Un síntoma importante

Por: Daniel Fernández Canedo

La venta de alcoholímetros constituye uno de los signos distintivos de la temporada veraniega en Mar del Plata.

Tienen distintas formas, calidades y precios pero, todos, servirían para el mismo objetivo: medir el nivel de alcohol en sangre de quien tenga que manejar un vehículo.

Haberlo usado, tal vez, les habría evitado un mal momento a una de las hijas de Diego Maradona o al ex ministro de Economía Martín Lousteau que, por conducir con un nivel superior al 0,5% que se fijó como límite máximo permitido, debieron dejar el auto, pagar una multa y exponerse a alguna mella en su imagen pública.

Que ricos y famosos reciban sanciones por un mal comportamiento, en un país donde burlar las normas es motivo de alarde, genera alguna esperanza que se mantenga un esquema que intenta evitar accidentes muchas veces fatales.

Que quien haya tomado tenga conciencia de la necesidad de medir su nivel de alcohol antes de manejar, constituye un gran paso adelante para él mismo, para su familia y para sus semejantes.

Seguramente el proceso de toma de conciencia llevará tiempo y requerirá no sólo de la acción de los funcionarios que controlan.

Una de las pocas normas que se cumple con alto acatamiento es la prohibición de fumar en los lugares públicos en la Capital Federal. Y no ocurre porque exista un ejército de inspectores sino porque son los propios ciudadanos los que funcionan como controladores.

El humo del cigarrillo le hace mal al fumador y al no fumador y sobre eso hay conciencia plena.

Que idéntica conciencia del peligro se pueda ir trasladando a la conducta en el tránsito es realmente una buena noticia.

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