El siniestro, según los peritos, fue premeditado.

Todo comenzó cuando alrededor de las 10, una columna de empleados municipales ingresó a la sede del entonces Concejo Deliberante. Arrojaron piedras, que rompieron los vidrios de las ventanas.
Después encendieron una fogata, que se propagó por el interior del edificio.

“La gente está sin cobrar desde hace cuatro meses”, argumentó el dirigente municipal, Luis Prina cuando se le pidió una explicación sobre los hechos. Esas declaraciones publicadas en edición del 24 de setiembre en LA GACETA, revelaron la furia de los manifestantes. Mientras tanto, la fiscala Teresita Marnero, que investigó el hecho, evaluó que el incendio había sido premeditado y no producto de un desborde espontáneo. Esa hipótesis surgió al hallarse varios botellones con combustible, según el peritaje realizado tras el siniestro. En aquel momento, la fiscala pidió al entonces jefe de Policía, Roberto Véliz, el refuerzo de custodias en los edificios municipales y en los domicilios de los funcionarios.

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