"Ese síndrome llamado Reutemann que los intelectuales no entienden"

Es cierto que, difícilmente Reutemann pueda ser catalogado como un intelectual, según los patéticos parámetros de los seudos intelectuales vernáculos. Ellos creen que por haber accedido a un estudio universitario, haber leído unos cuántos libros y solapados otros cuántos son por "naturaleza política" superiores al resto de los comunes.
Ellos no entienden ni entenderán jamás lo que es la "piel" entre los seres humanos, el valor de la presencia y el de simplemente escuchar, el del saludo a un desconocido y el reconocimiento por el simple hecho de mirarlos.

No por tratar de enseñarles a vivir y votar, sino por conocerlos y aprender también de ellos. La enseñanza verdadera de los verdaderos intelectuales es la duda permanente y la humildad, que el conocimiento es una herramienta más para entender no para imponer.

Que los seres humanos tenemos errores, miserias y virtudes que somos capaces de soportar sin la necesidad de erigirnos como semidioses intocables desde el limbo adónde sólo tienen cabida quienes nos rinden pleitesía progresista.

El humanismo derivado del mundo de las ideas no cree en descalificaciones, cree profundamente en el pluralismo. Cree que el poder debe ser asumido con austeridad, humildad y respeto por el prójimo así no piense ni actúe como uno. Talvez ese hombre no nombre ni conozca a Bobbio o a Grasnshhhi (Cómo lo nombran los jóvenes universitarios demodee) pero sí a un montón de José, Ramona, y miles de nombres de pila que conoció militando la provincia "cara a cara" adónde encontró historias de vidas comunes, excepcionales, que a uno le permiten desarrollar una sensibilidad especial, porque es uno más nada más.

Un tipo más, nada más. Ese es el síndrome de pequeñas urbes y buenos modales que el socialismo no logra entender y que hoy padece.

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