Simplificaciones y conflictos

Por: Ricardo Kirschbaum

Las simplificaciones groseras llevan a conclusiones peligrosas: es lo que está ocurriendo con la ley de medios, votada por el oficialismo y algunos aliados, atolondrados por el apuro de la Casa Rosada. Es que cuando la argumentación aparente y sus adornos no logran ocultar el nervio motor de la ley, se acude a las consignas descalificadoras para presentar las objeciones y a los objetores como productos y actores de oscuras confabulaciones políticas. Como decía Voltaire, "los tontos llegan a veces muy lejos, sobre todo cuando el fanatismo se une a la inepcia y la inepcia al espíritu de venganza".

Este clima de tensión es contrario a lo que el tratamiento de esta ley necesita: un debate amplio, animado por una genuina necesidad de una normativa surgida de una realidad y una práctica concreta, enriquecida con los aportes académicos y profesionales más serios. Si se abandonara la agitación y se terminara con la intimidación a los críticos, se podrían hallar respuestas inteligentes a los desafíos y corregir los errores que seguramente han cometido -y cometen- los medios.

Reclamarlo es una ingenuidad. El conflicto constituye la pieza central de la estrategia de Néstor Kirchner y, a esta altura, hay muchos ejemplos del modo binario de plantear su política. En todos, el conflicto fue un punto de ruptura y acumulación.

Kirchner ha decidido avanzar sin tener en cuenta la mala recepción que tienen sus acciones en la opinión pública. No es, como lo era, un factor que lo condicione en esta etapa de su expedición hacia el 2011. Ha dejado de preocuparlo aunque sus pasos no estén dictados sólo por la necesidad de sobrevivir sino por la voluntad de permanecer en el poder.

El inquietante interrogante es cómo puede armonizar esa ambición con el grueso rechazo social como el que hoy tiene.

Comentá la nota