El silencio de Cobos

Por: Susana Viau.

El Gobierno dijo que el vicepresidente había dado la mayoría al dictamen que aconsejaba la remoción de Martín Redrado. Ocultó que el mendocino se pronunció en contra de la expulsión y en favor de aceptarle la renuncia. El ex radical K prefirió las críticas a la verdad: sabe que no tiene margen para más "votos no positivos".

La luna de Julio Cobos parece haber entrado en cuarto menguante. En Mendoza, sus hombres fueron desterrados de las listas de candidatos a concejales de la capital provincial."Es la venganza de Fayad –justificó un veterano militante radical– porque lo dejaron fuera del pacto de Cleto con el partido". "Cobos ya no es candidato para el radicalismo", arriesgó un ex ministro de Raúl Alfonsín, conciente de que si hace un par de semanas la imagen del vicepresidente había tocado un piso del 51 por ciento (un descenso de casi 30 puntos), luego de su aparente consentimiento a la remoción de Martín Redrado a esa cifra habrá que restarle todavía entre siete y diez puntos más. Una frase hermosa y remanida asegura que los individuos son esclavos de sus palabras y dueños de sus silencios. En el caso de Cobos quien se ha adueñado de su silencio es la Presidente, empeñada en presentar el voto del vice rebelde como un alineamiento puro y duro con la decisión oficial. Un trompe d’oeil del que los Kirchner extraen un doble beneficio: dibujan un triunfo ilusorio con el que creen equilibrar el reciente rosario de derrotas y desgastan a quien se ha convertido en una bestia parda a causa de sus desmarques independentistas. Lo cierto es que "la mayoría" que el Poder Ejecutivo reclama haber logrado en la Bicameral es una versión interesada de los hechos, un premio consuelo amparado en el secreto que impuso la propia dinámica parlamentaria al definir el reglamento bajo el que debía sesionar. De ese modo, sus recomendaciones finales no sólo no eran vinculantes: el tribunal se había condenado a una esterilidad extrema al resolver que tanto ellas como las actuaciones que les darían fundamento quedaban protegidas por una inexplicable forma de omertà. La destinataria única de las conclusiones fue la Presidente que pretendió ignorarla y prescindir de su consejo.

Al anunciarse el veredicto, desde las trincheras de la Coalición Cívica y la UCR un vendaval de reproches se descargó contra el vicepresidente. La cobista Laura Montero asumió la defensa de su referente y acusó de incongruencia a quienes lo censuraban para, en cambio, respaldar a un funcionario que había tolerado sin chistar la manipulación del INDEC e incumplido sus obligaciones. Según susurran en el propio oficialismo, la argumentación repite, punto por punto, uno de los apartados del "informe Cobos". El documento, sostienen, detalla con prolijidad la secuencia de hechos ocurridos desde el inicio del conflicto desatado por el DNU 18/2010, que dispuso la remoción de Redrado. Sin individualizar al destinatario de la crítica, Cobos afirma que la tramitación del incidente no respetó el orden ni los criterios institucionales previstos para dirimir esa cuestión. En resguardo de la democracia, sostuvo, la consulta al legislativo debió ser el primer paso en el camino de la destitución.

De acuerdo a esas mismas fuentes, las casi 30 páginas del dictamen se internan en la actitud connivente del titular del BCRA con los desaguisados producidos por Guillermo Moreno en el Instituto de Estadísticas y Censos. Redrado, y con él el conjunto del directorio, sabían del divorcio entre esos números y los que provenían de las provincias y de sectores privados y duplicaban los guarismos del INDEC. El documento hace hincapié, asimismo, en las notables dificultades que se observan para identificar los pasivos en divisas y establecer el stock de reservas netas. Esa opacidad haría necesaria, a criterio de Cobos, la intervención de la Auditoria General de la Nación a fin de aclarar los criterios de la contabilidad llevada a cabo por el ex jefe de la autoridad monetaria.

Hasta allí, casi todo historia antigua. Lo que sorprendió al oficialismo es que al avanzar sobre las imputaciones de mala conducta e incumplimiento de deberes que el DNU 18/2010 imputa a Redrado, Cobos asegura que no existen constancias de que el ex titular del Central se haya negado a cumplir la orden impartida por Cristina Fernández en el DNU 2010, que dispuso la creación del Fondo del Bicentenario. Con el tono neutro hasta el aburrimiento que había empleado para enumerar las aristas reprobables de la administración de Redrado, Cobos expresó que nadie había escuchado al titular del Banco anunciar su estado de insubordinación. Ni siquiera su enemigo y fugaz reemplazante en el directorio, Miguel Pesce, recordaba que lo hubiera hecho. Lo del ex procurador del Tesoro Osvaldo Guglielmino fue aún más descorazonante para las expectativas del matrimonio de Santa Cruz: entre titubeos habría aceptado no tener prueba alguna de esa negativa pero se justificó en que creía que esas manifestaciones de rebeldía eran "públicas". De acuerdo a los testimonios colectados por el triunvirato que, además de Cobos, integraron Alfonso Prat Gay (Coalición Cívica) y Gustavo Marconato (Frente para la Victoria), apenas una semana transcurrió entre las objeciones de Redrado y la firma del DNU que anunció el cese fulminante del conductor del BCRA.

En su despacho climatizado a rigurosos 24 grados, el funcionario K que tuvo acceso al dictamen sonrió al contar que la comisión había preguntado a Pesce si siete días se consideraban demasiado tiempo para una discusión de esa envergadura. La contestación del director habría sido de una imprecisión asombrosa: ni mucho ni poco.

Luego, el funcionario K hurgó en su memoria y extrajo de ella las conclusiones del "informe Cobos". A regañadientes admitió el funcionario que, de acuerdo a lo que allí consta, la Comisión no encontró evidencias de la desobediencia de Redrado. La opinión de Cobos fue, en consecuencia, que tampoco existían razones para apoyar su destitución por las causales expuestas en el Decreto de Necesidad y Urgencia 18/2010. El ingeniero cuyano matizó su consejo al conceder que, quizás, el apartamiento del ex "golden boy" se hubiera justificado por un sinnúmero de otros buenos motivos. Ninguno de ellos había sido mencionado en el DNU de la discordia pero quedaron reseñados en el fallo del vicepresidente. En sintonía con Prat Gay, Cobos consideró que esas faltas no era atribuibles a la exclusiva responsabilidad de Redrado. El elegante economista no era un cazador solitario: las imputaciones respecto del INDEC, así como las referidas a la escasa precisión que se advierte en los montos y condiciones en que se tomaron ciertas deudas, involucran al resto de los directores, nueve nombres entre los que se verifica una aplastante mayoría oficialista. El funcionario K remolonea para hablar del último tramo del dictamen. Por fin, se decide. El vicepresidente ha argumentado que, con el objeto de poner fin a un proceso de enorme tensión y desgaste institucional, sugiere a la Presidente aceptar la renuncia presentada in extremis por Redrado. Tibio, timorato, escasamente enfático, el voto de Julio Cobos volvía a ser "no positivo". Claro que ahora quedó como una confidencia entre él y Cristina Fernández. Nadie resiste más de una vez el "si has de hacerlo hazlo pronto". Ese es el dilema que tendrá que volver a afrontar en cada oportunidad en que la política lo obligue al desempate.

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