Siguen volando molotovs en Grecia

a muerte del joven Alexandros Grigoropulos ya es un arma arrojadiza en manos de las principales fuerzas políticas griegas. El partido conservador en el poder, Nueva Democracia, acusó a los socialistas de “instrumentar la muerte” del joven en beneficio propio. La oposición, a su vez, instó nuevamente al gobierno a oír la voz de la calle, la misma que, según las encuestas, sitúa al Pasok (socialdemocracia) como primero en intención de voto en caso de elecciones anticipadas.
Durante la mañana, media docena de comisarías de policía de Atenas fueron atacadas con piedras y con cócteles molotov, lo que obligó a intervenir a los antidisturbios. Ante sus puertas se concentraban cientos de estudiantes para protestar por el “asesinato a quemarropa” del adolescente, el sábado pasado, por el disparo de un policía. Durante todo el día se produjeron también sentadas en calles y plazas y ocupaciones pacíficas de aulas. Según datos del Ministerio de Educación, 120 colegios e institutos permanecen bajo control de docentes y alumnos en todo el país. Estos centros se suman a las facultades que constituyen el núcleo duro de la protesta: el recinto de la Universidad Politécnica y las facultades de Derecho y Económicas, en Atenas, y el campus de la Universidad de Salónica.

Las ocupaciones, que se prolongarán hasta la semana que viene, son otro de los quebraderos de cabeza del gobierno, que se plantea desde hace días cómo acabar con esos focos de resistencia sin vulnerar las leyes. Según la legislación griega, escuelas, institutos y universidades son territorios donde las fuerzas del orden tienen prohibido entrar. Y es precisamente esta inviolabilidad lo que una parte del gobierno quiere suprimir. Las opciones que baraja el Ejecutivo oscilan entre la contundencia policial y la inercia, a la espera de que la violencia se extinga por sí misma. Pero la violencia rebrotó a última hora de la tarde de ayer en la Plaza de Sintagma y frente a la Facultad de Derecho de Atenas. Los antidisturbios, mientras, continuaban desplegados en torno de la Universidad Politécnica, el bastión de la protesta.

Una marea de estudiantes de secundaria, nuevos protagonistas de la crisis, recorrió ayer el barrio de Exarjia, donde se alza la Politécnica y donde el sábado se produjo el suceso que desató la violencia. A las cinco de la tarde, cientos de chicos realizaron una sentada alrededor del improvisado altar que se levanta en el paseo peatonal donde cayó abatido Alexandros, convertido en lugar de peregrinación de los jóvenes atenienses. Un montículo formado por ramos de flores, plantas, peluches y cartas rinde homenaje al adolescente muerto. Es la única faceta amable de un territorio impenetrable, de un gueto dominado por el tráfico de drogas, donde vecinos a la antigua usanza –en especial jubilados y ancianos– sobreviven en edificios muy deteriorados. Pero Exarjia es también, sobre todo, la cuna de las protestas sociales que desde la dictadura militar –1967-1974– han sacudido Atenas. La que hoy mantiene al país en pie de guerra no podía surgir de otro lado

Comentá la nota