Siguen las muertes de bebés indígenas

Un nuevo informe del Centro de Estudios e Investigación Social Nelson Mandela conocido ayer revela la muerte de dos bebés aborígenes sucedidas en los últimos días.
El informe expresa que “Continua y sistemáticamente mueren los indígenas recién nacidos en la zona roja de El Impenetrable. A las muertes de los bebés de las madres tobas Estefanía Flores y Cinthia Cabrera, que se produjeron a mediados de diciembre pasado en Villa Río Bermejito, en lo que va de enero se sumaron dos nuevos fallecimientos.

Bermejito se ha consolidado como un territorio de exterminio sistemático de las comunidades indígenas, tal cual lo señaló el Defensor del Pueblo en el juicio que inició contra los gobiernos de Argentina y de Chaco ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Es probable que sea una de las zonas de mayores riesgos sociosanitarios de la Argentina. Allí se enclava el puesto sanitario que peor funciona en todo El Impenetrable, que bajo la dirección de la doctora Miriam Benítez se transformó en una fábrica de mala praxis médica, que permanentemente cobra vidas, que en la mayoría de los casos son bebés, niños y madres jóvenes. Este es el fatídico signo del puesto sanitario de Villa Río Bermejito, cuya cobertura es absolutamente precaria. Todo el mundo sabe que este puesto es un desastre y que los desenlaces fatales se vienen produciendo desde hace muchos años con la misma matriz que ha impuesto la dirección.

Los últimos fallecimientos demuestran que el sistema de salud pública del Chaco ha llegado al extremo de articular enfermedades, seguidas de muertes prematuras, evitables o altamente evitables. Y como no se puede tapar el sol con la mano, la psicología del engaño sólo confunde a quienes inescrupulosamente salen a refutar con argumentos engañosos difundidos en conferencias y boletines de prensa, y a través de algunos representantes comunitarios que actúan como voceros que no son, a quiénes se los instruye para que destaquen atenciones sanitarias que no se brindan, compartiendo tribuna con los responsables del genocidio en marcha. Los hacen cómplices locales, traicionando a sus pueblos, por unos pocos conchavos.

Una muerte que se provocó

Luis Cuéllar duró en este mundo 22 meses. A comienzo de enero fue atendido por la doctora Benítez en el puesto sanitario de Bermejito. Estaba gravemente deshidratado. No lo compensaron “por falta de vía”; esta cerril expresión médica significó que no fue hidratado porque, en última instancia, no existe en el puesto sanitario nadie que realice prácticas endovenosas, de manera que no le brindaron hidratación parenteral intensiva. En el caso de este bebé, no le realizaron los procedimientos normatizados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), de hidratación con sales o en su defecto agua por vía oral (prueba de tolerancia), para posteriormente -si se fracasara- colocar sonda nasogástrica. Estamos ante un típico caso de impericia médica, además de la notable indolencia y el abandono sanitario al que se sometió al bebé.

Desde el puesto sanitario del Bermejito, el 5 de enero derivaron al bebé al hospital Güemes de Castelli, que es el centro hospitalario de referencia regional para todo El Impenetrable, que se encuentra desbordado y colapsado como consecuencia de la falta de políticas sanitarias de las últimas décadas y de la fuerte desinversión en instalaciones, tecnología y recursos humanos. Para describir el presente de este hospital, basta con señalar que ninguno de sus servicios especializados funciona aceptablemente bien. Un ejemplo del desastre de funcionamiento queda en evidencia por la falta de médicos; se necesitan, por lo menos, seis profesionales en las especialidades básicas, para señalar uno de los déficit de mayor importancia, que frustra la mínima eficiencia que se espera y que se debe exigir a un hospital de referencia regional. Le sigue en importancia, la insuficiencia de insumos básicos y medicamentos, aunque todo se disimula porque más del 80% de los pacientes son indígenas, que como población sobrante no reclaman y permanecen invisibilizados en la tragedia colectiva que acarrean y que los coloca en situación de genocidio.

Retomando el relato de la historia de Luis Cuellar, vale resaltar que por falta de insumos en el hospital de Castelli no le efectuaron los estudios de su medio interno para determinar el estado electrolítico que presentaba; a esta altura del avance de la ciencia médica, a este bebé no se le realizaron determinaciones seriadas de ionograma y gases en sangre, que son procedimientos elementales y básicos para dirimir la relación vida/muerte. Como consecuencia de esta falencia sanitaria, y por la gravedad del cuadro clínico del bebé, se lo mandó a morir en el Pediátrico de Resistencia. Este fue el penoso y trágico final del paso del infante Luis durante veintidós meses en este mundo.

Otra muerte que se debió evitar

Carina Sosa tenía dos meses de vida. También fue atendida en el puesto sanitario de Río Bermejito. Presentaba signos, claros y evidentes, de anemia grave. A este síndrome, se le agregó la sospecha de haber contraído coqueluche (tos convulsa), una patología superada en el siglo pasado. La posible asociación mórbida complicaba el caso médico y generaba un mayor riesgo de vida para la beba, que desembocó en su fallecimiento por una patología respiratoria grave.

La anemia grave, que finalmente determinó el fallecimiento de Carina, fue la consecuencia directa de la pobreza extrema, rodea a la familia Sosa desde hace muchos años, con muy pocos períodos de bienestar. El síndrome de coqueluche es la evidencia de las fallas del sistema de vacunación, en este caso de la madre de la beba, quien evidentemente no tenía cobertura real.

Con muy pocas chances, la beba fue derivada el 16 de enero al hospital de Castelli, lo que pone en evidencia que se la demoró irresponsablemente en su estadía y atención en Bermejito, precipitándose de ese modo el desenlace fatal. Fueron 11 días de agonía en el desastroso puesto sanitario dirigido por la doctora Benítez. Producto del agudo nivel de descompensación que la beba registraba al ingreso al hospital Güemes, el nivel de resolución de este establecimiento fue insuficiente, a los que se sumaba la falta de insumos y elementos básicos para abordar, con plenitud, la complejidad de la atención de este caso. Siquiera se cuenta con una terapia básica para asistir a estos pacientes que presentan síndromes anémicos graves, con patologías sociales vinculadas, muy repetidos en el Impenetrable.

Como consecuencia de la baja capacidad de resolución del hospital de Castelli, el 18 de enero se derivó a la beba a Resistencia para que terminara falleciendo en el Hospital Pediátrico de esta ciudad.

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