Siguen llegando bolivianos, pero falta trabajo

El freno del “boom” de la construcción en Río Cuarto impactó sobre la industria del ladrillo y sobre centenares de inmigrantes.
Río Cuarto. La caída en el ritmo de la construcción ya se tradujo en una menor actividad en los hornos de ladrillos. Y eso está afectando a muchos riocuartenses, incluidos inmigrantes bolivianos que siguen llegando a la ciudad, aunque se encuentra sin tantas chances de trabajo como antes. De los más de 300 edificios que se iniciaron en la ciudad, sólo quedarían 80 en obra. Algunos se terminaron, pero muchos parecen en suspenso. Los ladrilleros bien lo saben y cuentan que, a esta crisis de la actividad, se le suma los más de 60 días de trabajo perdidos por lluvia en los últimos tres meses.

Petrona es de Sucre, arribó hace un año a la ciudad, junto a su marido y dos hijos. Ahora tiene un niño más, de tres meses. En las fiestas, pensó en volverse a su tierra. "Yo extraño mucho, no tengo a nadie aquí. En Bolivia mi marido trabajaba de albañil. Acá está en los hornos", explica. Señala que el año pasado logró ahorrar los 1.500 pesos que necesitaba para retornar a su patria después de las fiestas, pero a los 15 días ya estaba de regreso en Río Cuarto. Trajo consigo dos familias más. "Acá no sabemos qué va a pasar, pero allá no hay para comer, nos vinimos con mis primos", cuenta.

Se estima que más de un tercio de la población de Bolivia ha emigrado por falta de empleo. "No hay trabajo en mi país, así nomás estábamos, nos vinimos en autobús, con mi hijito de 3 años y mi esposo", da fe Virginia, de 20 años.

Cuando a los bolivianos que viven en Río Cuarto se les pregunta cómo están, casi siempre responden, sin levantar la mirada: "Bien nomás". Pero cada vez son más los que se acercan al comedor Hogar María Madre de Dios a buscar comida para sus hijos. Pese a que muchos tienen que caminar cuatro horas, desde las afueras de la ciudad hasta barrio San José de Calasanz, por un plato de alimento, se aferran a este centro creado por Marcelo y Norma Estefanía, quien fue candidata a cordobesa del año de La Voz del Interior.

María se radicó en 1999 con su familia. Su marido ha llegado a ser capataz de un horno, al que atrajo a numerosos compatriotas. La mujer lleva en la espalda a uno de sus gemelos, de un año y medio, y se lamenta: "Tengo otro nene de 8 años, somos cinco en total. Ahora no se vende nada de ladrillo. A veces, cuando llueve, no tenés nada para hacer, hacés de vago nomás. Se paran las obras y no tenemos más para comer. Queremos trabajar, pero trabajo no hay nada".

La Cámara de la Construcción en Río Cuarto estimó que mientras que a principios del año pasado no se conseguían albañiles, en los últimos meses se habrían quedado sin empleo unos 400 obreros en la ciudad.

Cada vez más. Norma y Marcelo Estefanía cuentan que, en setiembre, 16 familias de bolivianos concurrían en busca de ayuda. Ahora son medio centenar. Todos viven en ranchos construidos en los mismos hornos de ladrillos, asediados por la vinchuca y otras alimañas.

"Hoy les hice arroz con carne y todas las verduritas, y se lo devoraron: dos y tres platos cada uno. Tienen muchas necesidades. Ahora estamos buscándoles bicicletas para que sus chicos puedan ir al colegio, pero vamos a reunirnos con la directora de la escuela Rivadavia y a pedirles la libreta a los chicos, para asegurarnos que los mandan a estudiar", revela Norma.

A principios de enero, los inmigrantes recibieron ropa y juguetes para sus hijos, en su comedor. Discutían entre ellos por las prendas. Es que desde Bolivia muchos llegan con lo puesto. A cambio de la ayuda, igual que a todos los que retiran la vianda y a quienes duermen en el hogar, tienen que trabajar dos horas por semana en la huerta comunitaria que produce hierbas aromáticas para restaurantes y escuelas de cocina de la ciudad.

Carencias y ayuda. "Viene de mal en peor esta gente. Llegaron por el boom de la construcción, muchos fueron traídos por otros bolivianos que hace años tienen hornos acá y que ahora también los explotan. Viven hacinados, no tienen muebles, ni cubiertos, vasos, o platos, llegan sin nada. Duermen sobre los mismos tablones sobre los que comen. Muchos hacen trabajar a los chicos y el agua que consumen no es potable", enumera Marcelo Estefanía.

La situación de las familias bolivianas es muy dura y tiende a agravarse. Los obreros ganan entre 35 y 40 pesos por su trabajo diario de sol a sol. Cuando llueve, no tienen ni para la comida.

"Tengo nueve hijos pero algunos no están conmigo, hace cinco años que estoy acá y siempre estábamos trabajando pero ahora no. Nos pagan por día y antes ganábamos pero no tienen trabajos los hornos ahora, nada, nada", testimonia Felipa. "Yo soy Germena, tengo 24 años y dos chicos. Hace un mes que vinimos a Río Cuarto y estamos más o menos, estamos ahí", agrega una recién llegada de Potosí.

Además de las campañas para reunir desde fuentones hasta bicicletas, Norma y Marcelo y un grupo de voluntarios prevén ayudar a las familias bolivianas a blanquear sus ranchos. Se proponen brindarles conocimientos prácticos que les puedan ayudar a vivir con más salud y dignidad.

Para ayudar: (0358) 463-9701.

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