Siguen los éxitos de la línea dura frente a los reclamos del campo

Por: Julio Blanck

Sucedió hace muy pocos días. "Es un llamado de la Presidenta", le dijeron a Daniel Scioli. Cuando atendió la línea, en el mismo tono cordial que siempre tienen sus intercambios con el gobernador, Cristina fue amablemente inflexible: le pidió a Scioli que siguiera la línea del Gobierno y no declare la emergencia agropecuaria en la Provincia, eximiendo del pago de impuestos a los productores del campo, como paliativo a la tremenda sequía que afecta de lleno la producción.

"Esperame un poco, Daniel, que por ahí llueve en estos días y la situación mejora", cuentan fuentes oficiales que le dijo Cristina a Scioli. Respetuoso de la jerarquía y siempre comprensivo con las necesidades políticas de la Casa Rosada, Scioli disolvió su decisión original y no declaró la emergencia para el campo.

Llover, lo que se dice llover, todavía no llovió. El Servicio Meteorológico, hace menos de una semana, confirmó que los niveles de agua caída esta temporada en la pampa húmeda son los más bajos en 47 años. Pero Cristina y Néstor Kirchner tenían un plan político respecto de qué medidas anunciarían para el campo, y de ahí no se movieron. Las medidas que Cristina anunció ayer desde la residencia de Olivos así lo demuestran.

En cambio el gobernador de Entre Ríos, Sergio Urribarri, ordenó poner en marcha la declaración de emergencia en todo el territorio de la provincia. Entrará en vigencia el próximo lunes. Bastante jaleo ya tiene en su territorio con la escalada de tensión por los cortes de ruta contra la papelera, tensión que preanuncia un cambio fuerte de la situación a corto plazo, como para encima comprarse otra vez un problema mayor con el campo. Urribarri no es menos kirchnerista ni menos disciplinado que Scioli, pero esta vez los Kirchner supieron entender las necesidades del otro.

Los dos ejemplos resultan útiles para aproximarse a una nueva y confirmatoria mirada acerca de cómo se manejan las decisiones, en este caso respecto del campo, sector al cual el Gobierno percibe como un enemigo político, sentimiento retribuido con creces por los productores y sus entidades. Este enemigo ya les propinó la más formidable derrota el año pasado, en la batalla por las retenciones móviles, y desde entonces los Kirchner quedaron escaldados sin remedio.

Scioli sufre, quizás más que nadie, la notoria disposición kirchnerista a tomar revancha de sus vencedores. La orden disfrazada de pedido que le dio Cristina para no declarar la emergencia que reclaman los productores fue apenas un eslabón en esa cadena. Poco antes el ministro provincial de Asuntos Agrarios, Emilio Monzó, tuvo que volver con las manos vacías de General Villegas, nudo fuerte de la producción agropecuaria bonaerense, porque no hubo quórum entre los productores de la zona para reunirse con él. El intendente de Villegas, Gilberto Alegre, de probada buena relación con los ruralistas, no consiguió juntar la gente suficiente para una visita de jerarquía ministerial al pueblo.

La relación Gobierno-campo está otra vez a punto de ebullición. Aunque la mejora en los precios internacionales, cierto hastío social con el conflicto y los reclamos, y el margen de placidez que siempre trae el verano, hayan pateado para adelante nuevas jornadas agropecuarias de protesta, en principio hasta marzo.

Los hombres del oficialismo, aún los muy empinados, que trataron de abogar por las necesidades de los productores del campo ante los funcionarios del área, recibieron respuestas descorazonadoras. Uno de esos kirchneristas importantes asegura que el secretario de Agricultura, Ricardo Cheppi, y hasta el influyente Ricardo Echegaray, flamante jefe de la AFIP y antes titular de la ONCCA, organismo estratégico que regula el flujo de exportaciones y compensaciones al campo, le dijeron que para tratar todas las medidas que reclama el campo, o aun sólo las que verdaderamente necesita, "mejor hablalo con Kirchner, y si no con Moreno".

Guillermo Moreno, consagrado por sus propios compañeros de Gobierno como un funcionario con superpoderes delegados y amplísimo margen de ejecución, estuvo ayer sin falta en la residencia de Olivos, cuando la Presidenta reapareció en público después de su malestar de la semana anterior.

Desde ya, la confrontación latente entre el Gobierno y el campo está lejos de ser un duelo entre perversos y angélicos. Cada cual calza sus puntos, y los calza con notable energía. En el editorial de su último número, la revista de la Sociedad Rural recuerda que "2009 es un año electoral, en octubre tendremos una nueva oportunidad para corregir el rumbo". En la misma publicación el director ejecutivo de la Rural, Marcelo Fielder, señala que "es deseable que los afiliados a las entidades y sus dirigentes comiencen a ocupar lugares de peso en la política de sus pueblos, provincias y a nivel nacional".

Los Kirchner buscan ahora abrir algún canal estable de diálogo con el campo. Intentan descomprimir el conflicto y evitar nuevas escaladas, de resultado incierto, en pleno año electoral. Hay interlocutores formales e informales, que establecieron contacto con los jefes de las entidades agropecuarias. Por ahora son sólo palabras. A la hora de los hechos, como se vio ayer en Olivos, hay que hablar con Moreno.

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