Siguen las complicaciones para el esquema político de los Kirchner

Por: Eduardo van der Kooy

No pasa un día sin que aparezca una novedad electoral ingrata para Cristina y Néstor Kirchner. Las malas novedades surgen siempre de los mismos territorios donde el matrimonio, desde su llegada al poder, nunca han logrado hacer pie. Son los distritos principales, allí donde se congregan los mayores volúmenes para los comicios legislativos del 28 de junio.

Santa Fe presenta desde el conflicto con el campo una ruptura irreparable entre los Kirchner, Carlos Reutemann y el PJ provincial. La postulación en Capital permanece vacante con excepción de la voluntad participativa que, en nombre del oficialismo, ha hecho Carlos Heller. Desde Córdoba voló ayer mismo otra piedra de la discordia aunque la profundidad del problema viene de antes. También desde el momento en que creció la confrontación entre el Gobierno y el campo.

Esa descripción rápida de la realidad tiene un correlato en los números. ¿Qué números? La cantidad de bancas que estarán en juego en aquellas tres provincias y que podrían sellar la suerte del kirchnerismo en el Congreso. Veamos: entre Capital, Santa Fe y Córdoba estarán en juego 35 diputados que podrían ayudar a conservar o quebrar la preeminencia que el oficialismo dispone en esa Cámara. Habrá en disputa, además, seis senadores aunque ese recambio no asoma tan significativo como el anterior.

Aunque la punta del escandalete detonado en Córdoba tenga que ver con eso y no con los diputados. La decisión del gobernador Juan Schiaretti de apoyar la candidatura del ex defensor del Pueblo, Eduardo Mondino, para senador oculta una razón más profunda: el mandatario resolvió seguir un sendero político en estos meses que lo aparte del matrimonio presidencial. Sencillamente porque cualquier acercamiento podría vaciarlo de votos, de tal manera, que colocaría en riesgo la salud de su gestión en el par de años largos que le quedan.

Le sucedería a Schiaretti algo similar a aquello que le pasa a Reutemann en Santa Fe. El ex gobernador tiene un problema político y personal con el jefe del bloque de diputados del PJ, Agustín Rossi, con quien no quiere compartir ninguna lista. Pero el dilema más grande lo tiene con los Kirchner: cualquier proximidad política con ellos podría distanciarlo de la posibilidad de renovar su banca. En Capital se advierte casi un espejo de aquellas situaciones: casi no existen soldados dispuestos a inmolarse por el matrimonio en un territorio bien adverso.

Las estadísticas en Córdoba están mostrando un paisaje político que, en trazos generales, se asemeja bastante al de Capital o Santa Fe. De acuerdo con un trabajo de la empresa Managment & Fit sólo el 15,4% de los cordobeses aprueba ahora la gestión de Cristina. Apenas el 18,4% valoró positiva la decisión de la coparticipación sobre las retenciones de la soja. Llevado el cuestionario al terreno electoral muestra reacciones que provocarían escozor en el Gobierno. Los potenciales candidatos que representarían a Schiaretti, al ex intendente Luis Juez o a los radicales, divididos en esa provincia, reciben un apoyo que oscila entre un 17% y un 22%. Hay todavía una enorme masa de indecisos. Pero cualquier hipotético representante de los Kirchner, en el mismo trabajo, cosecha sólo un 5,8% de respaldos.

¿Quién podría ser aquel representante? Kirchner pone su acento en Eduardo Acastello, ex ministro de Gobierno de José Manuel de la Sota y actual intendente de Villa María. Acastello fue, en algún tiempo, un hombre cortejado por Schiaretti, pero también el conflicto con el campo los fue divorciando. Habrá que ver si, al final, esa candidatura se formaliza y cómo podría encajar en la diáspora de ofertas de muestra ahora la escena cordobesa.

La cuestión no pasaría, únicamente, por la pelea entre los Kirchner y Schiaretti. El gobernador siempre dio un apoyo tibio al matrimonio. La cuestión sería cómo esas confrontaciones recurrentes podrían impactar en el peronismo, convertido en casi todo el país en el principal sostén del kirchnerismo.

La línea divisoria no se advierte sólo con Schiaretti en Córdoba. El corrimiento de Reutemann refleja otra crisis en Santa Fe. Y la partida de Felipe Solá y su sociedad con Francisco De Narvaez, un llamado de atención en Buenos Aires. Allí se juega el éxito o la frustración de los Kirchner.

El ex presidente estuvo en esas tierras cinco veces en las dos últimas semanas. Cristina participó ayer mismo en un acto de gobierno en La Matanza. El matrimonio piensa reemplazar allí algunas de sus debilidades recurriendo a la figura de Daniel Scioli. El gobernador mantiene en su provincia niveles razonables de aceptación pese a los golpes de la inseguridad y el malestar que persiste en el interior por el pleito con el campo.

Scioli no tendrá más remedio que poner el pecho. Porque los Kirchner se lo demandan, porque necesita el auxilio financiero de la Nación y porque, en definitiva, una buena elección en junio garantizará el tiempo futuro de su administración y mantendrá viva la llama de su proyecto para el 2011.

Se trata de necesidades mutuas que deberán contemplarse con delicadeza y equilibrio. Al menor paso en falso podría sobrevenir, quizás, una catástrofe.

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