Siguen los atentados en Pakistán: 13 muertos

Es el sexto ataque talibán en 12 días. La ola de violencia ya mató a 170 personas.
Los traumatizados paquistaníes de Peshawar sufrieron ayer su sexto ataque terrorista en doce días. Trece nuevos muertos, mayoritariamente civiles, y docenas de heridos dejó el ataque de tres suicidas y demostró que el talibán ya no sólo apunta a objetivos militares.

Ahora los civiles y los militares no son diferentes para ellos a la hora de elegirlos como blancos cuando una ola de antinorteamericana por la guerra en Afganistán y el miedo a una iraquización del país -como consecuencia de ella- sumerge a esta población en profundas contradicciones. Pakistán, un país musulmán con armas nucleares, vecino de Afganistán y aliado clave de EE.UU.en la lucha contra el extremismo islámico global, atraviesa desde hace 12 días una feroz ola de violencia talibán que ya dejó más de 170 muertos.

Un día después de los ataques simultáneos del grupo talibán -que aterrorizaron Lahore y dejaron al menos 40 muertos- otra explosión se produjo ayer en una oficina de la Policía de investigaciones en Swati Pathak, cerca de la base militar y de las oficinas de la CIA, muy activa en el área de Peshawar. Apenas un día antes, la ciudad había sufrido otro atentado, donde murió un chico. El viernes pasado, un autobomba explotó en el popular bazar Khyber y mató a otras 49 personas en la capital de la Northwest Frontier, a una hora de la frontera con Afganistán.

Peshawar es una ciudad estratégica, cuya población temía caer en manos de los talibán el año pasado. Pero en la actual ofensiva militante se ha transformado en el blanco y donde ellos prueban toda su ira para forzar a los pobladores al sometimiento y al temor. Ya nadie quiere salir a la calle o ir a los mercados por miedo a las bombas en la fascinante Peshawar, que se ha vuelto poco a poco una ciudad inaccessible para los extranjeros. El gobierno no da visa a los periodistas extranjeros para visitarla hace más de un año debido a los peligrosos atentados y secuestros.

Por Peshawar pasa el camino hacia el área tribal, que es vista como el nido de Al Qaeda y de los diferentes grupos islamistas que los apoyan en sus combates en Afganistán. Los refugiados afganos llegaron a la ciudad con la invasión soviética, se instalaron en los inmensos campos y la realidad de Peshawar se transformó para siempre debido a la violencia. En el 2001, la ciudad volvió a recibir a miles de refugiados y las bombas se convirtieron en moneda corriente, con un conflicto que les era ajeno, pero por el que pagaban duras consecuencias.

La operación militar en Swat contra el talibán en junio llenó nuevamente a Peshawar de desplazados de la guerra y, ahora, la ofensiva inminente contra los militantes en Waziristan repite el fenómeno. Miles de personas han comenzado a llegar huyendo de los bombardeos aéreos de los militares paquistaníes, que están preparando el terreno para una ofensiva terrestre y donde se espera la misma ferocidad de combates.

Más de 90.000 personas han abandonado Waziristan del sur en las últimas dos semanas y 200.000 desde agosto, en una región poblada sólo con medio millón de personas. El ejército ha enviado 28.000 hombres a la ofensiva y ya han comenzado a bloquear todas las rutas regionales. El éxodo aumenta, con el mismo ritmo que los bombardeos y los ataques de los aviones sin piloto de EE.UU.

Los inesperados y coordinados ataques Talibán en las grandes ciudades e instalaciones de las fuerzas de seguridad paquistaníes han generado terror en la población y una enorme tensión entre el gobierno civil y el ejército, que prometió no volver al poder ni intervenir en política después de la experiencia del dictador Parvez Musharraf. Las especulaciones sobre las intenciones de los militares crecen, cuando el ejército forzó al gobierno a dar un paso atrás ante una nueva ley de EE.UU. que da a Pakistán millones de dólares para combatir a los rebeldes Talibán y a Al Qaeda. El jefe del ejército, general Kayani consideró a esta ley un insulto, que desmerece sus fuerzas y condiciona la soberanía paquistaní frente a su histórico enemigo, India.

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